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miércoles, 9 de abril de 2014

Mundo Futuro III

Han tenido que pasar 7 años y una portada en Menéame para que me decida a publicar la 3ª parte de Mundo Futuro. Supongo que en su momento me pareció tan fantasioso lo que se contaba en aquella parte del suplemento especial de Muy Interesante de octubre 1992 que decidí dar por cerrada la serie. Ha pasado tanto tiempo que ni estoy seguro. Así que es un buen momento para terminar la trilogía todo gracias a la iniciativa de EvilGeniusFromHell (sic) y al interés de los meneantes. Dejar claro que todo lo que aquí se expone sale de los artículos que por 1992 publicaron Alejandro Sacristán, José Antonio Mayo y María Estalayo, entre otros. Resulta llamativo seguir hablando en futuro de aquellas ideas que se planteaban en unos artículos publicados hace ya la friolera de 22 años.

Img: Portada del espacial 'Los próximos 100 años' de Muy Interesante

Es esta tercera parte, que va de 2060 al 2092, la que la autora del artículo, María Estalayo, denominó LA SOCIEDAD DE LAS UTOPÍAS. Un momento en el que ser humano ya habría cubierto todas sus necesidades materiales e iría, ahora sí, en pos de la utopía. Teniendo la 'mente global' como objetivo, se desarrollará un proyecto espiritual que integre a la humanidad con el planeta y con el resto del universo. Veamos lo que proponía la autora entonces..

Vivir todas las experiencias de hombres y animales será la gran conquista tecnológica de finales del siglo XXI. Podremos repetir en la conciencia de un ser vivo la memoria y los sentimientos de un antepasado. Algo parecido a aquella fantástica película de 1983 llamada Proyecto Brainstorm. Ya en 1992 el físico Freeman J. Dyson aseguraba que llegaría el momento en que la distinción entre vivo o muerto, presente y pasado, sería algo confuso, debido a las 'máquinas de los recuerdos'. También defendía los implantes de recuerdos artificiales (tal y como se mostraba en la por entonces reciente Desafío Total). Freema Dyson también imaginaba un mundo en el que en lugar de admirar la belleza de la naturaleza desde fuera, se miraría directamente, a través de los ojos de los animales. Para entonces ya conoceríamos los códigos electroquímicos por los que las imágenes son convertidas en sensaciones. Podría devolverse por tanto la vista a los ciegos, incluso si carecen de ojos. Se podría ir más allá y bucear en la memoria genética de la célula hasta recomponer la historia de los seres vivos del planeta, algo que la autora del artículo relaciona con la, también por entonces reciente, teoría de Rupert Sheldrake sobre los campos morfogenéticos.

Img: Proyecto Brainstorm. MGM.

Una vez cubiertas todas las necesidades tanto materiales como energéticas, gracias entre otras cosas al control de la población, la conquista del espacio y el desarrollo tecnologías microscópicas, la autora planteaba que la humanidad tendería al dominio de la última frontera: la mente y  la muerte. La comunicación directa cerebro a cerebro y la telepatía, algo que ya planteaba Asimov en La mente errabunda (donde concebía un transductor implantado en el cuerpo capaz de convertir la información electrónica en un tipo de impresión que el cerebro puede interpretar), cambiará la relación entre las personas. Se llegaría a comprender al otro en su totalidad, por lo que devengaríamos en seres cuasi espirituales. Habríamos alcanzado la mente global. Estaría por resolver por tanto dónde quedaría la intimidad y la individualidad.

 Img: X-Men. 20th Century Fox

Pero también debemos considerar que ya para entonces la humanidad podría haber mutado, deshaciéndose de la carga corporal. La vejez y la enfermedad no serán por tanto un problema. En 1992 algunos expertos en robótica, como Hans Moraver, defendían que no había razones para que no fuéramos en un futuro inmortales. Moraver planteaba colocar el cerebro en un cuerpo de metal. Otros, como Dougal Dixon, proponían alteraciones genéticas para que el cuerpo durase eternamente. O Paul Segall, que defendía que la clonación crearía embriones que servirían como banco de células y tejidos.

Y llegaríamos así al último paso evolutivo, desde las estructuras de calcio a las ectoplasmáticas. El ya mencionado Freeman Dyson imaginaba seres humanos muy evolucionados, formando una nube desmaterializada que viviría en los espacios interplanetarios. Una conciencia única en forma de nube galáctica. Algo ya propuesto anteriormente por Fred Hoyle en La nube negra. El secreto estaría según autores como Arthur C. Clarke en la cuarta dimensión. Un objeto que se moviera en esa dimensión sería invisible en nuestro mundo tridimensional, defendía. Clarke aseguraba que esa cuarta dimensión se podría crear artificialmente.

Pero si a finales del siglo XXI no hemos alcanzado un grado tan evolucionado de desarrollo espiritual, de todas formas seguiríamos con la expansión tecnológica. Llegaremos a terreformar planetas hasta el momento inhabitables. Serán la biología molecular, las neurofisiología y la física espacial las áreas del conocimiento que dominarán el siglo XXI, aseguraba la autora del artículo. Dyson proponía el diseño de naves espaciales que pesasen sólo un kilo. Naves que no se construirían, sino que crecerían, pues estarían organizadas biológicamente y sus planos se escribirían en el lenguaje del ADN. Estas naves, dotadas de una evolucionada inteligencia artificial, podrían desarrollar alas, patas, o lo que necesitasen una vez llegadas a destino.


Img: Prototipo de insecto robot de la NASA. 1992.

En este avance por el espacio nos encontraremos inevitablemente con otras civilizaciones. La mayoría de los estudios de prospectiva ya entonces situaban en las últimas décadas del siglo XXI el encuentro con alienígenas, y lo que ello supondrá de transformación de nuestro planeta. Como defendía entonces María Estalayo, quizá antes logremos tomar contacto con otras especies no humanas terrestres, como los defines. Si a finales del siglo XXI llegamos a un estado de comunicación absoluta con animales e incluso plantas (y tal vez con el propio planeta), el ser humano habrá trascendido su condición de especie. La mayoría de nosotros no estará aquí para vivir semejante experiencia, pero tan solo el planteárselo es ya un fantástico viaje.

Img: Contact. Warner Bros Pictures.



Fuente:
Suplemento de la revista Muy Interesante nº 137, octubre 1992.


Entradas relacionadas:

Mundo Futuro I
Mundo Futuro II

miércoles, 8 de enero de 2014

Sorpresa: Al leer una novela mejora la conectividad cerebral

Estos días distintos medios se hacen eco de una investigación llevada a cabo por neurocientíficos de la Universidad de Emory (Atlanta) que afirma que cuando nos sumergimos en una novela se producen cambios en nuestro cerebro debido a un aumento de la conectividad neuronal. La verdad es que no entiendo la sorpresa por el descubrimiento. Ya sabíamos que los lectores realizan simulaciones mentales, que nuestro cerebro es un órgano adaptativo que cambia con cada experiencia (algo que parece que los autores del estudio no han tenido en cuenta, por no hablar del método empleado). En el estudio que se ha publicado estos días y al que podéis acceder aquí, se cuenta que al poner a un grupo de estudiantes a leer una novela durante varias noches seguidas se registraron cambios tanto en las zonas del cerebro vinculadas a la comprensión del lenguaje como en la región sensomotora, algo que podría relacionarse con neuronas espejo y que indicaría que la lectura de una novela "puede transportarnos al cuerpo del protagonista", según palabras del profesor Gregory Bens, autor del estudio. Algo que todo buen lector ya sabe.

'Don Quijote', Adolf Schrödter (1834)




sábado, 3 de septiembre de 2011

Beneficios de la meditación



Matthieu Ricard es un biólogo molecular que hace más de treinta años decidió convertirse en budista y actualmente es el asesor personal del Dalai Lama. Este hombre, de 65 años, que vive en una pequeña choza en Nepal con las mínimas comodidades, es considerado por los científicos de la Universidad de Wisconsin el hombre más feliz de la tierra. Las puntuaciones de "felicidad" que obtuvo tras someterse a los métodos más modernos de la neurociencia en sesiones continuas superaron todas las expectativas. En una calificación que iba de 0,3 (muy infeliz) a -0,3 (muy feliz), Matthieu Ricard logró un -0,45, una puntuación imposible de imaginar. Además, una valoración combinada de todas sus sensaciones mostró que las emociones positivas sobrepasaban plenamente las negativas.

El siguiente vídeo es un resumen que he encontrado en youtube del programa que Redes dedicó a los beneficios de la meditación donde participaba Ricard.







sábado, 22 de enero de 2011

tú, yo y el libre albedrío

La semana pasada traje aquí una conversación entre Tagore y Einstein que giraba fundamentalmente en torno a la idea del libre albedrío. El místico Tagore defendía el libre albedrío, ya fuera en el plano subatómico, donde se acogía al principio de incertidumbre para mostrar a Einstein que la existencia no está predeterminada, como en el plano de la existencia humana, al hablar de la libertad que expresa nuestra realidad poniendo como ejemplo a los músicos indios y su amor por la improvisación. Por su parte, el científico Einstein defendía la causalidad de forma universal, argumentando que incluso es positivo que creamos que esto no es así. Nuestra idea de libertad por tanto no dejaría de ser una ilusión creada por el cerebro.


Esta conversación entre los dos premios Nobel es una pequeña muestra del debate que lleva siglos produciéndose. El libre albedrío es uno de los temas centrales de la historia de la filosofía y la ciencia. ¿Realmente tenemos el control de nuestras propias acciones? ¿O somos autómatas que ejecutamos una secuencia de acciones propuestas de antemano por nuestro cerebro inconsciente? A todos nos gusta sentir la idea de libertad, creer que somos seres humanos libres, no robots ni esclavos.


Pero curiosamente, y según ha demostrado recientemente una serie de cuatro experimentos, la mayoría de nosotros pensamos que tenemos mucho más libre albedrío que los demás. Así lo afirman investigadores de la universidad de Princeton, en Estados unidos, que estudiaron las diferencias entre la forma de percibimos a nosotros mismos y cómo nos perciben los demás. En el experimento 1, los participantes veían su propio pasado y su futuro como menos predecible a priori que el de sus compañeros. En los experimentos 2 y 3, los participantes pensaron que había más caminos posibles (buenos y malos) en su propio futuro que en el futuro de sus compañeros. En el experimento 4, los participantes consideraron su comportamiento futuro, en comparación con el de sus compañeros, como más impulsado por intenciones y deseos (en lugar de la personalidad, las características aleatorias de la situación o la historia). Aquí se puede leer más información sobre los experimentos.


Así, mientras que nos vemos a nosotros mismos como seres autónomos con la capacidad de tomar decisiones entre diversas opciones disponibles, parece que no vemos lo mismo en los demás. Son los otros los que caminan por la vida dirigidos. Nuestras acciones se deben a una situación dada, y son las intenciones y los deseos los que nos movilizan, mientras que en la misma situación, las acciones del otro son producto de su personalidad o de las circunstancias. Y es que parece que solemos ver la personalidad como algo muy fijo en una persona, y por tanto vemos las acciones de los demás como más predecibles, no dejando lugar a su libre albedrío.


Descubrimientos como el funcionamiento de las neuronas espejo parecen indicarnos que evolucionamos hacia una mayor conexión entre nuestras mentes, hacia un mayor entendimiento del otro. Y sin embargo, investigaciones como esta ponen en duda esos argumentos: si no vemos al otro como igual, siempre será más difícil el encuentro.



Más información:


martes, 4 de enero de 2011

Cómo despertar el interés

"El problema con las personas jóvenes es que de algún modo se les hace pensar que ya todo se sabe y que por tanto, su única función en la vida es la de aprender lo que ya se sabe. Lo que habría que explicarles es que lo que no se sabe es más o menos el 99 % de todo lo que existe. Lo que sabemos es muy pequeño. Estamos hablando de explicarles a los niños que han llegado en un momento precioso de la evolución humana porque tienen a mano metodologías para apreciar, para entender, conocer..."



Rodolfo Llinás, considerado uno de los padres de la neurociencia


domingo, 27 de julio de 2008

ilusiones ópticas

Un reciente estudio realizado por Mark Changizi, del Rensselaer Polytechnic Institute de Nueva York, afirma que la mayoría de las ilusiones ópticas se producen por un mecanismo cerebral que intenta anticiparse al futuro para poder reaccionar a tiempo. Según el propio Changizi, la luz incide en la retina aproximadamente una décima de segundo por delante de la percepción visual que genera el cerebro. Los científicos ya conocían este retraso, y han discutido acerca de cómo se produce la compensación, generando una escuela de pensamiento que sostiene que nuestro sistema motor de algún modo modifica nuestros movimientos para compensar el retraso.

Changizi dice que nuestro sistema visual se ha desarrollado para compensar el retraso en el sistema nervioso, generando las imágenes que ocurrirán una décima de segundo después. Esa previsión mantiene nuestra visión del mundo en el presente. Es lo que permite que cojamos una pelota al vuelo (en vez de que nos golpee en la cara), así como movernos suavemente entre la muchedumbre.

Esa misma capacidad de vidente puede explicar una amplia gama de ilusiones ópticas: “Las ilusiones se producen cuando nuestro cerebro intenta percibir el futuro, y esa percepción no concuerda con la realidad".

Podéis comprobarlo con la siguiente imagen:


¿Son realmente paralelas? Si nos fijamos en el punto central las líneas verticales se curvan, o eso parece...

Visto en LiveScience

domingo, 22 de junio de 2008

¿google nos convierte en estúpidos?

Esta pregunta, que muchos comenzamos a hacernos, es el título del interesante artículo publicado en The Atlantic por Nicholas Carr, Is google making us stupid?. Os traigo, a modo de collage, algunos pasajes que he traducido (no literalmente), que plantean cuestiones muy interesantes. Nos dice Carr:


Ya no pienso de la manera que solía hacerlo. Antes me resultaba muy fácil recogerme en la lectura de un libro o un artículo. Mi mente quedaba atrapada durante horas en la narrativa y en los giros argumentales. Ahora rara vez ocurre. A partir de dos o tres páginas mi concentración comienza a ir a la deriva. Pierdo rápidamente el hilo y tengo que dejarlo. Lo que solía ser algo natural para mí, la lectura profunda, ahora se ha convertido en una lucha.


Creo saber lo que me está pasando. Desde hace más de una década, he estado pasando la mayor parte de mi tiempo conectado a la red, buscando y surfeando. La red ha sido un chollo para mí como escritor. La investigación que antes requería días y días entre pilas de periódicos en las salas de las bibliotecas, ahora la puedo realizar en pocos minutos desde casa. Unas pocas de búsquedas en Google, algunos clics en los enlaces, y tengo a mi alcance todo lo que necesito. A veces lo uso para buscar videos, potcast, entradas de blogs, o simplemente para ir saltando de enlace a enlace.



La red se está convirtiendo en el medio universal, el conducto para la mayoría de la información que circula. Pero la sensación que tengo es que el proceso de mi pensamiento está cambiando, mi mente comienza a esperar recibir la información de la manera que se distribuye en internet. Muchos de mis amigos dicen estar teniendo experiencias similares. Ya no acaban los libros. “Prácticamente tengo perdida mi capacidad de leer y de absorber un artículo”. “Ya no puedo leer Guerra y Paz”. Incluso una entrada en un blog de más de dos o tres párrafos es demasiado extensa para absorberla.



Según algunos expertos, nuestros pensamientos están adquiriendo la capacidad de escanear rápidamente breves pasajes de texto desde múltiples fuentes de internet. En poco tiempo aparecerán los primeros estudios psicológicos y neurológicos sobre cómo nos está afectando a nivel cognitivo. Algunos ya hablan de una actividad en continuo salto entre fuentes de información. No podemos leer más de una o dos páginas, cuando ya estamos saltando a otro sitio
.


Nuestro cerebro es casi infinitamente maleable. Todos solemos creer que esa malla de conexiones formada por 100 mil millones de neuronas queda fijada al llegar a la edad adulta. Pero recientes investigaciones han descubierto que no es así. Según expertos, incluso en los adultos la mente es muy ‘plástica’. El cerebro tiene una gran capacidad de reprogramarse sobre la marcha alterando algunas funciones.


Nietzsche ya experimentó algo parecido cuando comenzó a utilizar la máquina de escribir. Al parecer, el empleo de la máquina produjo un cambio en su estilo de escritura, convirtiéndose su prosa en algo más ‘telegráfica’, cambiando de argumentos a aforismos, de pensamientos a juegos de palabras, de la retórica al estilo telegrama. Nietzsche respondió a un amigo que destacó este hecho: “Usted tiene razón. Nuestro medio de escritura participa en la formación de nuestros pensamientos".

[...]

El artículo de Carr no es tanto contra el buscador de google, sino contra el hecho que cuanto más nos introducimos en la red, más nos cuesta centrarnos en los textos que profundicen sobre un tema. Lo que se lleva, sobretodo en el mundo de los blogs, son textos breves y concisos con enlaces para que el lector pueda ampliar la información. Buscamos la inmediatez. Y Carr no es el único que piensa que una herramienta como el buscador de google, en su intento por organizar la información de todo el planeta y hacerla universalmente accesible, nos está haciendo estúpidos. Como decía Gideon Haigh en su ensayo sobre el tema:


Nos hemos obsesionado con mirar todo el universo como información que tiene que estar enlazada y rankeada. Nos hemos concentrado en cantidad y conveniencia a cuestas de la riqueza de la experiencia en la biblioteca. Estamos cometiendo un error tremendo. Pero lo haremos de todas formas. Las condiciones están dadas y son ideales. Han pasado trece años desde que Neil Postman decidió que Estados Unidos y el Occidente se convertirían en una “tecnópolis”: un estado donde la cultura busca su fundamento en la tecnología, halla la satisfacción en la tecnología y acepta ordenes de la tecnología. Es difícil concebir eso sin pensar en algo llamado la Sociedad Google, convencida de que una red útopica enlazada por gigantes librerías virtuales con todo el conocimiento universal de nuestra civilización. Incluso si eso significa una reducción de la cultura a listados generados por maquina de lo que todo el resto del mundo está buscando. Tan estúpido, que nadie se entera lo estúpido que es.

Otros, sin embargo, son críticos a las teorías de Carr. Algunos afirman que se sienten más inteligentes gracias a google en particular y a internet en general, aunque reconocen alteraciones en su modo de pensar y de escribir. Hablan del desarrollo de la facultad de procesar la información más rápido y de recoger numerosas fuentes de información simultáneamente.

Sea como fuere, internet está cambiando nuestras vidas.


Y todo esto me hace plantear algunas preguntas:

¿Realmente pensáis que esto nos está ocurriendo? ¿Está internet cambiando nuestros cerebros?
¿Nos dirigimos hacia nuevas formas de conocimiento?
¿Nos estamos haciendo cada día más estúpidos usando buscadores, en vez de tomarnos un tiempo para investigar? ¿O esto nos está ayudando, permitiendo adquirir más información más rápidamente?

Y añadiría:

¿Si realmente google nos hace más estúpidos, se merece el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades?
¿Os habéis fijado en el estilo tan 'telegráfico' de este post? ¿O debería decir 'internetero'?


Por cierto, ¿habéis leído todo el post?

jueves, 13 de marzo de 2008

Ciencia y belleza

Benjamin Disraeli escribió: "La ciencia es para el mundo moderno lo que el arte fue para el antiguo". Y la Fundación Médica Británica Wellcome se ha propuesto demostrárnoslo, por lo menos estéticamente hablando, concediendo los premios a las mejores imágenes científicas del año, los Wellcome Image Awards 2008. En su mayoría están relacionadas con el campo de la biomedicina, siendo escogidas entre otras muchas por un jurado formado por neurocientíficos y expertos en percepción visual.


Células tumorales, cristales de vitamina C, una alfombra de glóbulos rojos, una mosca doméstica sobre cristales de azúcar, la imagen de un embrión de ratón visto con la nueva Tomografía de Proyección Óptica (OPT), la traquea de un gusano de seda, son algunos de los motivos más sorprendentes que encontramos en estas imágenes. Aquí os dejo algunas de las que más me han gustado. Os recomiendo que visitéis la Galería de Premiados de Wellcome





Células cancerígenas de mama



Alfombra de glóbulos rojos



Gestación de un embrión de ratón



Modelo molecular de un ribosoma


lunes, 12 de noviembre de 2007

Ejercitando la mente

Hace unos días se publicó un artículo en el New York Times sobre el ‘boom’ en la venta de los conocidos como ‘Brain Training’ (entrenamiento cerebral, en inglés), juegos y programas para ordenador, consola, teléfono móvil, etc, que supuestamente ayudan a mejorar el funcionamiento cerebral. En Estados Unidos se espera que se lleguen a gastar unos 80 millones de dólares en este tipo de productos, cuando en 2005 no se llegó a los 2 millones.


La publicidad usa como reclamo que estos juegos están diseñados por científicos de acuerdo con las más recientes investigaciones. Pero para hablar con exactitud debemos decir que aunque usen el nombre de la ciencia como reclamo, su beneficios no están demostrados científicamente. Las conclusiones de distintos estudios dicen que los beneficios tienden a ser específicos a la tarea entrenada. Podemos decir que la práctica llevará a hacer más rápido un sudoku, pero de ahí a afirmar que mejorará nuestra actividad mental en general hay un gran paso.


Todo el mundo tiende a conservar conocimientos y habilidades que se adquirieron a fondo cuando eran más jóvenes. Trabajar en un entorno estimulante, o desarrollar tareas que impliquen un mayor esfuerzo intelectual, como estudiar otra lengua, pueden ayudar a mantener el funcionamiento cognoscitivo. Otro factor importante que se conoce desde hace años para tener una buena salud mental es cultivar las relaciones personales.


Pero cada día se hace más fuerte la convicción de que una de las mejores formas para mantener y mejorar nuestra salud mental es el ejercicio físico. La realización de una actividad física regular mejora lo que los científicos llaman la "función ejecutiva”, que tiene que ver con la selección de la respuesta adecuada a una determinada situación, anticipación, establecimiento de metas, organización, así como capacidad de concentración. En esto intervienen factores como la velocidad de respuesta y un mejor empleo de la memoria.


La función ejecutiva comienza a disminuir cuando un adulto alcanza los 70 años. Pero aquellos ancianos que han sido físicamente activos durante toda su vida tienen una mejor función ejecutiva que aquellos que han sido sedentarios. Numerosos estudios demuestran que aquellas personas inactivas que comienzan a realizar un ejercicio, sin tener en cuenta su edad, en poco tiempo mejoran su función ejecutiva. Un programa de entrenamiento eficaz supone solamente de 30 a 60 minutos de paseo rápido varias veces por semana.


El siguiente estudio, que he extraído de la sección de salud del diario el Mundo, se realizó en 2006 y me ha parecido interesante relacionarlo con el publicado en el N.Y.T:


"La doctora Patricia McKinley, de la Universidad McGill (Canadá) reclutó a 30 personas mayores -entre 62 y 90 años- de ambos sexos que vivían solas y que en el año anterior al seguimiento habían sufrido alguna caída. La mitad de la muestra acudió a clases de tango y el resto siguió un programa de ejercicio físico basado en caminar, fundamentalmente. Después de asistir a las clases dos veces por semana durante casi dos meses, la investigadora comprobó que, tal y como esperaba, la funcionalidad, el equilibrio y la habilidad motriz de los ancianos había mejorado notablemente en ambos colectivos por el mero hecho de estar físicamente activos.


Sin embargo, también constató con sorpresa que los individuos que habían acudido a las clases de baile estaban más animados y obtenían mejores calificaciones en las pruebas denominadas 'multitarea' (por ejemplo, contestar al teléfono mientras se escribe un mensaje de correo electrónico).


Asimismo, la especialista expuso que los beneficios del baile se deben no sólo a que constituye una actividad física sencilla y divertida , además, requiere llevar un ritmo muy marcado, lo que obliga a memorizar muy bien los pasos y a combinarlos con la música. Así, al tiempo que se mueve el cuerpo, hay que poner en marcha el cerebro".


El ejercicio físico reduce el riesgo de demencias y puede llegar a reducir en un tercio el riesgo de padecer Alzheimer a los 70 años, cuando comienza a disminuir la función ejecutiva. Esto se debe a que el ejercicio reduce el encogimiento de la corteza cerebral que se produce con la edad, fundamental para la función ejecutiva. También podemos decir que el ejercicio reduce el riesgo cardiovascular, y por tanto, si hay un menor riesgo de infarto hay un menor riesgo de daño cerebral.


Por tanto, en vez de gastar el dinero en juegos y rompecabezas, deberíamos invertirlo en un gimnasio, apuntarnos a clases de baile... o simplemente apagando el ordenador y saliendo a dar un paseo a un buen ritmo... Seguro que el cerebro lo agradecerá.


Fuentes:
New York Times
Diario el Mundo.es


sábado, 27 de octubre de 2007

La genética de la política

Un reciente estudio publicado en Scientific American afirma que nuestra determinación a la hora de participar ejerciendo nuestro derecho al voto en unas elecciones estaría determinada por nuestros genes.

Este estudio realizado por James Fowler de la Universidad de California, serviría para hacer predicciones sobre el número de participantes en un proceso electoral. Hasta ahora los teóricos especulaban sobre factores como la edad, el sexo, la raza, el estado civil, la educación, los ingresos, ser propietario de una casa, el conocimiento político o la asistencia a la iglesia. Pero este estudio indica que cada uno de estos factores sólo ejerce un pequeño efecto a la hora de ir a votar.

Fowler se cuestionaba por qué los votantes seguían ejerciendo su derecho al voto incluso cuando sabían que su decisión no cambiaría el resultado de unas elecciones. “Es como si lo votantes hubieran sido programados para seguir votando, incluso cuando saben que su voto es probablemente inútil”, declara Fowler. “Al mismo tiempo, muchas personas nunca votan. Entonces me pregunté si habría algo más básico a nivel biológico”.

Para este estudio Fowler y sus colegas escogieron a un grupo de gemelos y a un grupo de hermanos mellizos. Si la decisión de votar está basada en los genes, los gemelos deberían comportarse de una forma más parecida que los mellizos.
Los investigadores compararon el registro de gemelos de California del Sur con el registro público de votantes electrónicamente accesible, y el registro de participación del condado de los Ángeles. Su análisis para 326 gemelos y 196 mellizos sugiere que la genética es la responsable de un 60% de diferencia en la participación en las elecciones, el resto sería responsabilidad de factores ambientales u otros.

También realizaron un estudio a escala nacional. En este nuevo estudio no sólo se cuestionaron la participación electoral, sino que también plantearon aspectos como la participación en otras actividades políticas como contribución en las campañas, asistencia a mítines y reuniones políticas o marchas de protesta. Los datos sobre 442 gemelos y 364 mellizos informan de 72% de diferencia en la participación electoral, y un 60% de diferencia en otras actividades políticas.

Fowler afirma que esto no determina quién votará a quién según la biología, sino si participará o no en unas elecciones. También afirma que esto no es determinante al 100%, y que se puede hacer mucho para desarrollar una conciencia política a pesar de nuestros genes. El científico declara que estos genes estarían relacionados con comportamientos más antiguos, como las disposiciones innatas a la cooperación.

Sin embargo en otros estudios estos porcentajes de participación según la genética no son del 60%, sino del 40%. Aún así todavía es mucho, y se sugiere que esto sería un rasgo de personalidad genéticamente influido.

Hay quien afirman que confiar estos estudios en base a gemelos como una evidencia de eslabones entre la genética y el comportamiento es un error. Según estos científicos dos terceras parte de los gemelos cuando son fetos comparten el mismo torrente sanguíneo, y estas semejanzas podrían también atribuirse no sólo a compartir genes, sino también a compartir niveles similares de hormonas y otros compuestos durante el desarrollo fetal. Esto supondría que ese modelo de semejanza no implicaría a la genética como única responsable.

Por otro lado la revista Nature Neuroscience publicó en septiembre un informe presentado por un grupo de psicólogos de la Universidad de Nueva York en el que se intentó probar si estamos predispuestos biológicamente o no a nuestras inclinaciones políticas. Según este estudio no afecta tanto el ambiente sino diferencias fundamentales en el procesamiento de la información en el cerebro. Para realizar el estudio se escaneó el cerebro de 43 sujetos cuando respondían a unas 500 preguntas escogidas, preguntando antes sobre sus inclinaciones políticas. Quienes se declararon liberales tuvieron una mayor actividad en una región del cerebro conocida como corteza cingulada anterior que sus colegas conservadores. “Quienes se declararon políticamente liberales son más sensibles a la necesidad de cambio y a la necesidad de cambiar su comportamiento”, declara David Amodio, profesor asistente de Psicología en la Universidad de Nueva York.

Estos estudios están causando gran controversia en la comunidad científica por lo arriesgado de sus afirmaciones. Si todo esto fuera así supondría que nuestra capacidad de decisión está claramente condicionada. Y quién sabe, a lo mejor los políticos a partir de ahora comienzan a tener más en cuenta a psicólogos, neurólogos y genetistas, al margen de las encuestas.

Fuentes:
Scientific American - octubre 2007
El espectador - octubre 2007

jueves, 15 de marzo de 2007

El juego de las 20 preguntas

Seguramente de pequeño has jugado alguna vez al juego de las 20 preguntas, ya sabes, uno piensa en un objeto y otro trata de adivinarlo haciendo preguntas a las que sólo se puede responder “sí” o “no”. Si lo adivinas con un máximo de 20 preguntas has ganado.

20Q es una versión web de este juego utilizando inteligencia artificial. En este caso, tu compañero de juegos es virtual, piensas en un objeto y será el ordenador quien debe adivinar el objeto mediante preguntas. Si el ordenador consigue adivinarlo con un máximo de 20 preguntas, ha ganado. Si necesita más de 20 preguntas, habrás vencido al ordenador. La dirección para jugar online es : http://www.20q.net/


Si has estado jugando con 20Q seguro que te estarás preguntando ¿Cómo es posible?. Puedo asegurarte que no es un truco de magia, es inteligencia artificial.


Habrás oído hablar muchas veces de inteligencia artificial, pero ¿Qué es inteligencia artificial? La inteligencia artificial no es algo nuevo. Este término tiene su origen en 1956 y podríamos definirlo como “la ciencia que se encarga del estudio de las facultades mentales mediante el uso de modelos computacionales”.


20Q es, en realidad, una aplicación basada en una red neuronal artificial, que es una de las ramas de estudio de la inteligencia artificial. Si comprendemos el funcionamiento de una red neuronal, comprenderemos el funcionamiento de 20Q.


Las redes neuronales son un modelo de aprendizaje y procesamiento de información automático inspirado en el sistema nervioso biológico.



Los cerebros humanos están compuestos por decenas de billones de neuronas conectadas mediante sinopsis, estas conexiones pueden intensificarse o atenuarse dependiendo de una serie de factores. La neurona, dependiendo del estado global de sus conexiones, toma un nivel de activación. Luego, propagará esta información a todas las neuronas con las que esté conectada.



En las redes neuronales artificiales las neuronas se modelan mediante unidades de proceso, que están unidas mediante conexiones ponderadas. Cada conexión tiene un peso asociado, que equivale a la fuerza de la conexión. La función de red es la encargada de calcular la entrada global, que generalmente se calcula mediante una suma ponderada de todas las entradas recibidas. La función de activación, generalmente más compleja que la función de red, se encarga de determinar el nivel de activación basándose en la entrada global. Este valor de activación será el que se transmitirá a todas las unidades con las que esté conectada.



Para diseñar una red neuronal artificial debemos establecer las conexiones entre unidades y los pesos de estas. Lo normal es tener
unidades en forma de capas: una capa de entrada, que actuará como buffer de entrada; una capa de salida, que actuará como buffer de salida y capas ocultas que serán las encargadas de extraer, procesar y memorizar la información.


Una de las características más importantes de las redes neuronales es el aprendizaje. El aprendizaje en las redes neuronales biológicas se produce mediante el ajuste de la efectividad de la sinopsis, de esta manera cambia la influencia que unas neuronas ejercen sobre otras. En las redes neuronales artificiales el aprendizaje consiste en el ajuste de los pesos en las conexiones.


Inicialmente, habremos establecido unos pesos para las conexiones de nuestra red neuronal artificial, pero a través de entrenamiento podemos conseguir que estos pesos cambien. En nuestro caso, entrenamos a 20Q cada vez que jugamos. Si para el mismo objeto repetidas veces obtiene la misma respuesta, esa conexión se irá reforzando y terminará reconociendo esa respuesta como válida. Por esta razón, cuando hemos acabado el juego nos dice las contradicciones que ha encontrado, mostrando para esa pregunta la respuesta que tiene más peso hasta el momento (que no coincide con lo que nosotros hemos contestado). Sin embargo, nuestra respuesta ha contribuido a aumentar el peso de esa respuesta.

miércoles, 28 de febrero de 2007

Emoción y razón

Las neurociencias sugieren que el razonamiento guiado por la emoción facilita el proceso de toma de decisiones. En otras palabras: las emociones influyen decisivamente en la toma de decisiones. Según investigaciones de los últimos años, el área órbitofrontal —íntimamente relacionada con las estructuras emocionales— es crítica para el proceso de tomar decisiones.

La emoción es el proceso fisiológico en el que el organismo reacciona a un estímulo. El sentimiento, el estado que se produce al captar el cerebro los cambios fisiológicos propios de la emoción. Es muy importante distinguir por tanto entre la fase de emoción y la de sentimiento. Cuando uno siente miedo, que es una emoción, se produce un estímulo que es capaz de desencadenar una reacción automática. Esta reacción comienza en el cerebro y se refleja en todo el cuerpo. Posteriormente se puede producir una proyección de esa reacción con ideas relacionadas con las propias reacciones y con el objeto causante. Esa percepción es el sentimiento. Por tanto podemos decir que la emoción pertenece al cuerpo y el sentimiento a la mente.

En la actualidad conocemos con gran precisión el recorrido que se produce desde que un fotón impacta en la retina hasta sus llegada a las neuronas determinadas por el cerebro. Pero desconocemos la mayor parte de lo que ocurre después. Las técnicas más modernas de resonancia magnética permiten identificar las zonas del cerebro que se activan por una percepción, una emoción o un sentimiento. Pero la velocidad casi inconmensurable a la que el cerebro opera impide rastrear el mecanismo creador.

Sabemos que la sede de las emociones está en el cerebro reptiliano (los humanos tenemos tres cerebros, el reptiliano, el paleomamífero y el de los primates sociales), constituido por el hipocampo, el cuerpo calloso, el tálamo y la amígdala. Y es esta última el principal intermediario de las emociones. Las lesiones de amígdala producen que la persona se quede sin capacidad emocional (es tan malo no saber controlar las emociones como no tener ninguna).

La neurociencia ha descubierto que hay dos canales de toma de decisiones: uno lento y preciso, y otro rápido y turbio. La manera lenta se basa principalmente en la lógica, y la forma rápida y turbia en la emociones. Son dos mecanismos del cerebro complementarios para la toma de decisiones, pero no antagónicos.

Antonio Damasio afirma, que “sin emoción no hay proyecto que valga”. Como Damasio argumenta, al principio todo empieza con una emoción. A continuación se lleva a cabo un proceso de cálculo racional el que se evalúa toda la información disponible. Esta es una etapa lenta y tediosa. El problema surge que en este proceso la lógica de la razón no acaba de imponerse debido a la gran cantidad de pros y contras. Y es aquí cuando vuelven a reaparecer las emociones. Los neurólogos están convencidos que, en última instancia, una emoción es la que inclina la balanza hacia un lado u otro. Si sólo contáramos con la razón, nunca decidiríamos nada, debido a la complejidad de evaluar todos los datos.

Como afirma Eduard Punset, la presencia de emociones es bipolar: están al inicio y final de todos los proyectos humanos.


Es por esto que muchos expertos en robótica e inteligencia artificial estén sopesando la posibilidad de incluir emociones en sus creaciones.