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lunes, 17 de marzo de 2014

Recorriendo Medina Azahara

"Dicen que la veneración de las ruinas es un sentimiento desconocido en el Islam, pero ninguna otra civilización ha sido más fértil en ellas ni ha levantado edificios y ciudades enteras más velozmente destinadas a la destrucción. Madinat al-Zahra, la ciudad blanca de Adb al-Rahman III, fue construida en 10 años y asolada para siempre al cabo de 50. Pero ya escribió Ibn Jaldún en el siglo XIV, cuando la gloria de Córdoba había perecido y Granada era la capital de un reino débil y asediado, que los árabes no saben culminar obras duraderas, tal vez por delicadeza o por humildad, porque los primeros musulmanes, nómadas del desierto de Arabia, habían dictaminado que la construcción de altivos edificios era un acto de soberbia desagradable a Dios.

Vista desde la parte superior

Portada de la vivienda de la Alberca

El año 936, cuando los astrólogos hubieron determinado el día y la hora exacta que serían propicios, se enterró la primera piedra en la primera zanja de la nueva ciudad. Apenas 6 años más tarde la corte ya se había trasladado a ella. La mezquita de Madinat al-Zahra se concluyó en 48 días, 'porque al-Nasir tuvo continuamente empleados en ella a 1000 hombres hábiles, de los que 300 eran albañiles, 200 carpinteros y los demás enladrilladores y mecánicos de varias fases'.

Mezquita Aljama. La primera mezquita de Córdoba bien orientada a la Meca.

Jardines y ruinas. Al fondo parte de la ciudad de Córdoba.

A una legua de Córdoba, en las estribaciones de la sierra que llamaron los árabes monte de la Desposada, se extendieron en pocos años las edificaciones en terrazas en la ciudad del azahar, pero era tan intenso el contraste entre el blanco de los palacios y la vegetación oscura que los rodeaba, que el califa ordenó talar todos los árboles y los ásperos matorrales silvestres y plantar en su lugar higueras y almendros que tintaran de un verde más suave el paisaje.

 Portada de la vivienda del visir Yafar.

Detalles de la decoración de las puertas.

Cuentan que durante el tiempo que Sancho I de Castilla permaneció en Madinat al-Zahra anduvo como perdido en el deslumbramiento y la extrañeza de un sueño. Vio jardines de árboles traídos en caravanas y en naves desde todos los confines del mundo, y estanques donde se agitaban los colores relucientes de los peces del Índico. Vio especies de fieras más amenazadoras que las que inventaban los miniaturistas en los códices del Apocalipsis, y autómatas de ojos de vidrio que se inclinaban mecánicamente ante él y que le daban miedo, porque por unos segundos los confundía con criaturas humanas, y pájaros de plumas verdes y rojas que hablaban imitando las voces de las mujeres.

Edificio Basilical superior.

Desde el interior del Edificio Basilical.

Sancho I también vio dos fuentes por las que manaba de día y de noche el agua llegada desde los veneros de la sierra por los canales de los acueductos. Una de ellas tenía forma de elefante, y la otra de león con las fauces abiertas. Vio el salón del trono, cuya traza imitaba la del palacio de Salomón, una gran traza de mármol en la que había esculpidas doce figuras de oro rojo, y tenía en su centro un surtidor no de agua, sino de mercurio, sobre el que pendía del techo una perla mayor y más pura que cualquier otra de la que se tuviera noticia..

Salón de Abderramán III. La imagen es de la wikipedia por no poder visitarse en la actualidad por reformas.

 Pórtico. Vista general.

 Detalle del Pórtico.

En marzo del año 961, el califa se expuso al viento frío de la sierra, que batía crudamente las explanadas de Madinat al-Zahra. El médico logró su curación, y a principios de verano, el califa, que ya había cumplido 70 años, volvió a conceder audiencias y a interesarse con el desasosiego de siempre por las obras de su ciudad, que no parecían que fueran a acabar nunca. A principios de otoño, cuando volvieron los fríos del norte, el califa empeoró. Murió el 16 de octubre. Faltaban 15 años para que su hijo, al-Hakam, diera por terminada la construcción de Madinat al-Zahra, y algo más de 40 para que todos sus palacios y sus jardines con lagos y animales salvajes fueran arrasados".

Recorriendo las calles de la ciudad.

 Vista general de la casa de Yafar. En las terrazas superiores se encontraba el Alcázar.


El texto es una recopilación de fragmentos de "La Córdoba de los Omeyas" de Antonio Muñoz Molina

sábado, 18 de enero de 2014

Poblado íbero del Cerro de la Cruz de Almedinilla

La última de las rutas arqueoturísticas del pasado 2013 me llevó hasta la entrañable localidad cordobesa de Almedinilla para conocer parte de los muchos tesoros que guarda en su término. Tal es así que dedicaré a Almedinilla dos entradas en el blog, esta primera, donde hablaré del poblado ibérico de "El Cerro de la Cruz" y sus piezas expuestas en la sala de la Cultura Ibérica del Museo Arqueológico de la localidad, y una próxima publicación, que la dedicaré a la Villa Romana de "El Ruedo" y su sala en el Museo. Así que de entrada ya podemos ver que el pueblo de Almedinilla posee una gran oferta cultural para el curioso, a la que podemos sumar un excelente patrimonio medioambiental, constituyendo ambos un medio sostenible de desarrollo para una localidad que hasta hace bien poco tenía casi como único sector económico el olivarero.  

 Almedinilla, en la ladera del Cerro de la Cruz

«El viaje es interesante. Se llega a Almedinilla con bastante dificultad, sea por Alcaudete (estación de la línea Puente Genil, Espeluy y Alcalá La Real), sea por Cabra y Priego. Y para llegar allí hay que tragar mucho polvo en penosas diligencias, pero el hospitalario pueblo está agradablemente situado en un repliegue de Sierra fecunda en bosques de olivares, regado por un torrente que no se seca jamás y que fertiliza una huerta fructífera; El agua fresca y sana corre abundantemente de sus claras fuentes en pleno verano y las noches son soportables allí en lo más fuerte de la canícula».

 Así hablaban de Almedinilla en 1906 los arqueólogos Pierre Paris y Arthur Engels, pioneros del estudio de la Cultura Íbera, cuando llegaron a la localidad para investigar el yacimiento de El Cerro de la Cruz. Aunque ha pasado más de un siglo de estas palabras, todavía hoy nos parecen válidas. Por supuesto que ahora hay mejores comunicaciones y un mayor desarrollo económico y social en la localidad que a principios de siglo XX, pero su hospitalidad y la belleza de su paisaje habrá variado poco desde entonces. Almedinilla sigue siendo un pequeño municipio, de apenas poco más de 2.500 habitantes, situado en el extremo suroriental de la provincia andaluza de Córdoba, en la comarca de la Subética Cordobesa, limitando con los municipios de Priego de Córdoba, Alcalá la Real (Jaén) y Montefrío (Granada). Cuesta por tanto entender como un lugar apartado relativamente de las principales vías de comunicación de la antigüedad disponga que tanto pasado. Quizás esto se explique si tenemos en cuenta que toda la Sierra Subética Cordobesa se encuentra en lo que podemos considerar el centro geográfico de Andalucía, y que tuvo que ser por tanto una zona de paso entre las tierras jienses, malagueñas, granadinas y cordobesas. La cuestión es que aunque no se dispone de mucha información sobre la prehistoria de la localidad (existen algunas evidencias, poco estudiadas, que se remontan al Paleolítico Medio), lo cierto que es en estas tierras se asentó una villa romana (de la que hablaré en otra ocasión como ya he comentado) y un pueblo prerromano en lo alto de lo que se conoce como El Cerro de la Cruz, perteneciente a la compleja y misteriosa cultura íbera. 

Está clara la situación estratégica del Cerro de la Cruz

 Cuando hablamos de los íberos lo hacemos de uno de los pueblos más sofisticados y relevantes del Mediterráneo de la antigüedad. Fue un pueblo de guerreros, artesanos, comerciantes y mercenarios, que habitaron el levante y sur de la Península Ibérica durante varios siglos hasta que cayeron bajo dominio romano. Es difícil definir una entidad cultural ibérica homogénea, pues fueron muchos los diferentes pueblos que constituyeron esta comunidad y jamás tuvieron unos rasgos culturales unitarios, ya sea lengua, historia, religión, etc. Por si esto fuera poco, por un lado tendríamos a los pueblos indígenas de las costas y valles del levante peninsular, y por otro lado a los pueblos del sur, fundamentalmente en el territorio del Valle del Guadalquivir (Turdetania) y el sureste peninsular (Bastetania). En el caso del poblado ibérico de El Cerro de la Cruz personalmente tengo mis dudas sobre si a sus habitantes los podemos catalogar como Turdetanos o Bastetanos (aunque en la propia localidad nos informan que pertenecieron a estos últimos). En todo caso este pueblo se encontraba en zona fronteriza, y llama por eso la atención que no se hayan encontrado murallas en lo que se ha excavado hasta ahora, algo muy corriente en las poblaciones íberas (aunque como veremos quizás no fueron necesarias).  

 Vistas del yacimiento


El poblado ibérico de El Cerro de la Cruz es uno de los pocos poblados de la Baja Época Ibérica (siglos II-III a.C.) que hemos encontrado hasta ahora en Andalucía. Al igual que otros muchos asentamientos dentro del mundo ibérico, se trata de un poblado en alto, construido en una ladera, aprovechando así las ventaja estratégica que ofrece su visibilidad y defensas naturales. De planta compleja, con terrazas escalonadas en la parte alta del cerro, parece que aunque no se han constatado murallas (como he comentado anteriormente), los propios muros del poblado pudieron servir como defensa. En sus calles podemos observar edificios con zócalos de piedra y paredes de ladrillos de adobe. Incluso existen pruebas de edificios de dos plantas. Se diferenciaban además los lugares de hábitat de los lugares de trabajo. Almacenes, talleres de artesanía, molinos, aljibes,.., todo esto y más se encuentran a lo largo de la extensión del yacimiento, lo que nos hace pensar en lo desarrollada que estaba la organización social del poblado. Para realizar todas estas obras es preciso que hubiera una autoridad que ordenara y coordinara el esfuerzo del grupo de personas necesarias para una obra así, con una planta urbanística tan homogénea. Y como suele ser habitual en la arqueología, esto lo podemos comprobar en las necrópolis. En el caso del Cerro de la Cruz éstas se excavaron durante los años 1866 (Maraver y Alfaro) y 1903 (Paris y Engels). Fueron 253 en total las que se encontraron, que incluían un impresionante ajuar bélico, siendo su colección de "falcatas" lo más destacado. Recordemos que la falcata es la arma típica de la aristocracia ibérica y que como pueblo guerrero que era los miembros más poderosos de esta sociedad se hacían enterrar con sus armas. La necrópolis íbera de Almedinilla presenta varios tipos de tumbas, desde la más monumental, perteneciente a la aristocracia del lugar, a la más sencilla, un simple hoyo, donde se enterrarían los vecinos más desfavorecidos. Y en el caso de los íberos siempre hablamos incineración, pues era el ritual funerario generalizado. 





 Queda mucho por descubrir todavía en el Cerro de la Cruz. Sabemos sin embargo como fue su final. Durante las excavaciones se documentó un gran incendio en el poblado y se cree que se debió a un ataque de los romanos que llegaron hasta allí. El poblado no fue posteriormente reconstruido, pasando al olvido. No sabemos prácticamente nada de su historia, tampoco su nombre. No fue hasta 1866 cuando Luis Maraver y Alfaro comenzó las excavaciones. Como suele ocurrir en estos casos, seguramente las historias de encuentros casuales por los vecinos del lugar tendrían la culpa de que llegasen noticias hasta los que sí que vieron aquí un lugar de interés. Después llegaron Pierre Paris y Arthur Engels y siguieron con las excavaciones en la necrópolis. Por desgracia por entonces el patrimonio arqueológico no estaba protegido por ninguna ley, por lo que buena parte del material de Almedinilla se encuentra hoy día disperso. Si os fijáis, quizás os lo encontréis en algún museo importante del mundo. Aún así, y gracias al empeño de los vecinos, este pequeño pueblo de la Subética cordobesa posee su propio Museo Arqueológico Local. Pequeño, pero con una colección fantástica, sencillo, pero con mucho encanto, entre sus vitrinas podemos contemplar algunas piezas espectaculares, como la colección de armas y cerámicas íberas, o la impresionante escultura del Dios Griego del Sueño, Hypnos.. Pero de esto hablaré en una próxima ocasión cuando trate la Villa Romana de El Ruedo. 



Parte de la colección de cerámica íbera del Museo Arqueológico

Para finalizar, os vuelvo a dejar con Engels:

«El Cerro de la Cruz domina Almedinilla con sus rocas enormes cuyo aspecto salvaje se suaviza bajo la cabellera de los olivos, y rudos senderos escalan las pendientes abruptas entre la más rica floración de plantas agrestes que nos hallan sido dado admirar. La ascensión que es larga es sin embargo encantadora por el dulce de los perfumes, la variedad de los puntos de vista y la extensión pintoresca de los panoramas».   




 Magnífica la colección de falcatas de Almedinilla

 Detalles de una falcata con empuñadura en forma de cabeza de caballo



Más información:

Almedinilla Turismo. Ctra. A- 339 km. 37, 14812 Almedinilla. 

Teléfono: 606 97 20 70
 Dirección de correo electrónico: info@almedinillaturismo.es
Fuentes:
Guía del Museo Municipal de Almedinilla


sábado, 4 de enero de 2014

Los negativos congelados de Shackleton

Uno de los temas que más me apasionan desde niño son las historias de los pioneros de la exploración, y más en concreto todo lo que rodea a la carrera hacia el Polo Sur. Recuerdo que cuando mis profesores mandaban trabajos escolares sobre algún tema que nos interesase para después exponerlo en voz alta delante de todos, los míos siempre iban sobre la exploración espacial o sobre las historias de Amudsen, Scott y Shackleton, los inmortales héroes de la exploración antártica a inicios del siglo XX. Aunque siempre que nos referimos a la conquista del Polo Sur acabamos hablando de ellos, del triunfo de Amudsen, de la muerte de Scott a su regreso y de la desastrosa expedición transantártica de Shackleton, no debemos olvidar que también hay otros que no son tan conocidos, como Richard E. Byrd, Otto Nordenskjold, Julián Irizar o Luis Pardo, que merecen ser conocidos. Ha pasado un siglo de todas estas aventuras y todavía nos fascina esa etapa heroica, llena de rivalidades que, pese a los años, siguen existiendo a día de hoy. Por eso cada vez que sale una noticia sobre algún hallazgo de la era heroica todos los medios fijan su interés en estos hombres, y también muchos (los británicos fundamentalmente) vuelven a ensalzar aquellas actitudes imperialistas que perviven entre otras cosas gracias al exclusivismo del Tratado Antártico. Lo podemos ver estos días con el revuelo que han causado el revelado de hasta 22 fotografías de la expedición imperial Transantártica de Ernest Shackleton, revelado realizado por la fundación Antartic Heritage Trust (Fundación del Patrimonio de la Antártida). Al parecer los negativos de estas fotografías se encontraban congelados en la cabaña del cabo Evans que en su día usó Robert Scott como campamento base en la carrera hacia el Polo Sur y que posteriormente también fue usada por Shackleton en su odisea. Entre las latas de galletas y botellas de licor, se encontraba una caja que guardaba un pequeño tesoro: 22 placas de nitrato de celulosa, congeladas y pegadas entre sí, que después de un año de trabajo nos permiten contemplar escenas del día a día de la expedición, así como paisajes que se iban encontrando.

Iceberg y tierra. Mirando hacia el sur a lo largo de la península Punta Hut (Hut Point) a la isla de Ross.
Foto:Antarctic Heritage Trust, nzaht.org

Isla de Ross, en la Antártida. Alexander Stevens, jefe científico y geólogo mira al sur desde el Aurora.
 La península Hut Point al fondo.
Foto:Antarctic Heritage Trust, nzaht.org

Alexander Stevens, a bordo del Aurora (segundo barco con equipo de apoyo).
Foto:Antarctic Heritage Trust, nzaht.org

En los últimos años Shackleton se ha convertido en protagonista de muchos manuales sobre liderazgo. La historia de la expedición transantártica (1914-1916) que se vio condenada al fracaso cuando su barco, el Endurance, quedó atrapado en el hielo, y como "el Jefe" Shackleton se las apañó para que tanto él como su tripulación regresasen a casa sanos y salvos tras casi dos años en el hielo, se estudia en numerosas escuelas de negocios para aprender a gestionar una crisis. A través de esta historia los alumnos descubren la importancia de la perseverancia, la resiliencia, la capacidad de adaptación o la perspectiva. Seguro que estas fotografías se sumarán al material que emplean las escuelas de los futuros líderes empresariales para motivarlos. Esperemos que del ejemplo de Shackleton los alumnos aprendan sobretodo la responsabilidad, el no lavarse las manos ante sus errores, algo que por desgracia parece que han olvidado muchos políticos y empresarios de hoy en día. Una lección fundamental que nunca debería olvidarse y que podemos aprender del ejemplo de estos grandes aventureros.

Más información:
Antartic Photo Gallery (Antartic Heritage Trust)

Fuentes:
Fundación Antartic Heritage Trust
Wikipedia
 

domingo, 22 de septiembre de 2013

La Villa romana de Fuente Álamo

Recuerdo que hace años un amigo me contó que un agricultor conocido suyo había encontrado en medio de su olivar lo que podía ser los restos de un mosaico romano, y su primera reacción al verlo fue volver a enterrarlo no fuera que alguien se enterase y aquello se empezase a llenar de curiosos, investigadores o políticos, que acabasen por arruinar su olivar o que llegasen incluso a expropiarle las tierras. No sé si la historia es verídica o no, aunque tampoco sería tan extraño viendo la cantidad de yacimientos arqueológicos que se pueden encontrar en tierras de Andalucía. En ocasiones los restos son tan evidentes que aunque se pretendan ocultar es imposible, siendo de conocimiento público su existencia, sin que eso implique su intervención. Según tengo entendido algo así ocurrió con la Villa romana de Fuente Álamo. Aunque era conocido por la sabiduría popular y por cronistas e historiadores, el yacimiento era un terreno de cultivo que también servía de basurero, y que acabó siendo recuperado en 1999 para convertirse en lo que hoy es, uno de los yacimientos más significativos de la arqueología rural romana de la península ibérica.


Podemos encontrar la Villa romana de Fuente Álamo aproximadamente a 3 km de la localidad cordobesa de Puente Genil, cerca de la aldea de Los Arenales, en el paraje de Fuente Álamo, por donde pasa un arroyo del mismo nombre. Como ocurre con la mayoría de las Villas romanas la presencia de agua en las proximidades fue determinante para su poblamiento. Aunque seguramente no solo eso. En este caso también pudo ser decisivo el hecho de encontrarse cerca de una desviación de la Vía Augusta hacia Málaga, lugar próximo por tanto a las principales redes de comunicación de la época. Sea como fuere en este paraje de Fuente Álamo se han encontrado pruebas de presencia íbera en la zona, pero no es hasta el siglo I. d.C. cuando podemos hablar de una Villa romana como tal, Villa que alcanzó su máximo esplendor entre finales del siglo IV y principios del siglo V d.C. Posteriormente sería abandonada (siglo VI d.C.) para ser recuperada en parte en época Califal, pasando a usarse como lugar de almacenamiento e incluso como necrópolis. A partir de ahí el enclave se abandona a uso agrícola, llegando incluso a verse en riesgo a mediados el siglo XX por la actuación de agricultores de la zona. Aunque por otro lado, quizás sea este abandono el que permitió ocultar sus increíbles mosaicos, llegando así a salvo hasta nuestros días y permitiendo ahora su contemplación y disfrute. Hoy haremos un recorrido desde este blog por este impresionante yacimiento.

Parte del folleto de Fuente Álamo donde se indican los distintos sitios de interés

Si nos decidimos a visitar el lugar, lo primero que encontraremos al entrar en el recinto será su Centro de Visitantes, de reciente construcción, donde muy amablemente nos informarán sobre la situación de la Villa romana así como el tipo de visita que podemos realizar, bien sea por nuestra cuenta, con audio-guía o en determinados días con la compañía de un guía. Una vez que salgamos hacia el yacimiento, y con el folleto en mano, comenzaremos nuestra visita por el mirador, desde donde podremos contemplar tanto el recinto como el bello paisaje de fondo: un mar de campos de olivos que rodean a las localidades de Puente Genil y Estepa.


Entrada al centro de visitantes

 Vista desde el mirador del yacimiento. Al fondo el castillo árabe de Anzur.

Desde el mirador bajaremos por la ruta indicada hacia el yacimiento, donde en primer lugar conoceremos las termas romanas, del siglo I. d.C., unas piscinas que se abastecían del agua del arroyo que pasaba por ambos lados de la edificación. En su interior encontraremos lo que fue un balneario de planta curva que presenta el primer mosaico del recorrido: un conjunto de formas geométricas entre las que podemos observar una especie de laberinto. 

 Parte del balneario de planta curva.

Mosaico de motivos geométricos en el balneario

Si seguimos el recorrido marcado a continuación podremos contemplar lo que fue la Villa romana en sí, con sus distintas dependencias dedicadas tanto a la vida familiar como al culto, al ocio, al almacenamiento o a los negocios, con numerosas salas llenas de mosaicos que muestran de una manera ostentosa el poder de sus habitantes.






Pero si en algo destaca la Villa romana de Fuente Álamo es en su conjunto de mosaicos. Debido a los trabajos de restauración e investigación que se están realizando actualmente, en mi visita apenas pude contemplar desde la distancia la recreación del que es el mosaico más famoso de todos: un mosaico nilótico de inspiración egipcia que representa a dos ibis enfrentados, así como un dios río, un cocodrilo y un hipopótamo, junto a unas escenas que recrean una lucha entre pigmeos y grullas, y que actualmente podemos ver en su versión original en el Museo Arqueológico de Córdoba.

Mosaico nilótico procedente de Fuente Álamo. Museo arqueológico de Córdoba. Fotografía: Rafael del Pino.

Realmente en esta Villa tuvo que vivir gente importante en su época. Sólo hay que mirar los mosaicos que hay en todas las habitaciones. El primero de ellos lo encontraremos en una antesala y representa distintas escenas mitológicas. Así veremos a las Tres Gracias (Áglae, Eufrosine y Talía; belleza, hechizo y alegría) a punto de comenzar su baile, a un Pegaso bebiendo agua de las manos de una ninfa o a un sátiro persiguiendo a otra.

 Los tres mosaicos:

 Pegaso y ninfa

 Las tres Gracias


 Sátiro y ninfa

Por encima podemos encontrar otra serie de mosaicos espectaculares en el interior de una habitación semicircular dedicada a actos sociales, habitación que se conoce como oecus. Aquí veremos dos escenas del dios Baco, donde por un lado se representa la conquista de la India y por otro el triunfo del dios del vino. En las escenas representadas veremos entre otros a oscuros indios, tigres, ménades, a Sileno, Ariadna, a varios sátiros o al mismísimo dios Pan. La estancia se encuentra coronada por un precioso mosaico en forma de abanico con flores de lis.



 Mosaicos con motivos del dios Baco





Quizá el lugar que más me llamó la atención fue el Mitreo, un pequeño templo en el interior de la vivienda donde se rendía culto a Mitra, dios védico de origen indio o iraní que representa al dios solar. Este templo de pequeñas dimensiones no tendría iluminación natural, estando a oscuras para imitar a una cueva y se encontraría en una zona muy discreta de la vivienda, casi oculto a la vista, depositándose en el espacio más elevado de la estancia una representación del propio dios Mitra. Los testimonios arqueológicos de este culto son muy escasos y según estudiosos esta misteriosa práctica religiosa se realizaba entre el estamento militar, por lo que se cree que el señor de la Villa fue un militar de alta graduación que se retiró a estas tierras trayendo el culto al dios indio.

Mitreo

Después de terminar de contemplar todas estas maravillas, algo que nos puede llevar más de una hora, abandonaremos el recinto por un camino por el que pasaremos por al lado de una necrópolis de la época Califal, para volver a continuación al Centro de recepción, donde finalizará la visita.

 Vista exterior del yacimiento

 Necrópolis

Durante este verano se han llevado a cabo distintas actividades en la Villa, desde prácticas arqueológicas a visitas teatralizadas o conferencias, destacando sobretodo la visita nocturna al recinto, lo que se conoció como "Noches en la Villa", actividad que ha sido todo un éxito en cuanto a su asistencia. En una conversación con los trabajadores del yacimiento estuve comentando la falta de información y de publicidad que hay sobre este lugar; yo mismo supe del yacimiento por casualidad mientras buscaba información en internet. "No hay dinero", me comentaban, algo que uno está acostumbrado a escuchar en estos tiempos. Podemos ver que tanto las instalaciones como algunos medios de los que se disponen, como la audio-guía, son fantásticos, y sin embargo es triste ver la poca afluencia que tiene actualmente. Sigo pensando que no es una cuestión de dinero, sino de interés, y que todos somos un poco culpables, tanto políticos, como ciudadanos o los propios trabajadores. No es una cuestión de dinero el que no haya un horario puesto en la entrada, informando por ejemplo si están de vacaciones. O que no haya indicaciones visuales (aunque sea unos simples folios imprimidos) en el recorrido para que los visitantes no se desorienten mientras escuchan el audio. Sé que existe una página de facebook donde se informa de las actividades, pero aún así la difusión me parece escasa. No se potencia suficientemente la visita de colegios y tampoco se da a conocer a otras localidades cercanas. Al menos por lo que he podido ver. Está claro que no lleva tanto tiempo abierto al público como para que se haya podido dar conocer suficientemente, pero como digo hay que informar más y mejor sobre este espacio. Es posible que no se recupere nunca la inversión realizada, pero si consideramos que seguramente se ha descubierto tan solo un 40% de lo que se esconde en Fuente Álamo, vale la pena hacer un esfuerzo por sacar a la luz este tesoro. Por mi parte pongo mi granito de arena dándolo a conocer desde este rincón. Espero que aquellos que no conozcan la Villa romana de Fuente Álamo se animen a visitarla. Vale la pena.


 Fuentes:

Puente-Genil.es: Villa romana de Fuente Álamo en Puente Genil  
Cordobapedia: Villa romana de Fuente Álamo
Ayuntamiento de Puente Genil
 
Más información:
Oficina de turismo de Puente Genil
C/ Susana Benítez, 46 – 14500 Puente Genil (Córdoba)
e-mail: turismo@imsc.aytopuentegenil.es
http://www.turismopuentegenil.es/