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lunes, 17 de marzo de 2014

Recorriendo Medina Azahara

"Dicen que la veneración de las ruinas es un sentimiento desconocido en el Islam, pero ninguna otra civilización ha sido más fértil en ellas ni ha levantado edificios y ciudades enteras más velozmente destinadas a la destrucción. Madinat al-Zahra, la ciudad blanca de Adb al-Rahman III, fue construida en 10 años y asolada para siempre al cabo de 50. Pero ya escribió Ibn Jaldún en el siglo XIV, cuando la gloria de Córdoba había perecido y Granada era la capital de un reino débil y asediado, que los árabes no saben culminar obras duraderas, tal vez por delicadeza o por humildad, porque los primeros musulmanes, nómadas del desierto de Arabia, habían dictaminado que la construcción de altivos edificios era un acto de soberbia desagradable a Dios.

Vista desde la parte superior

Portada de la vivienda de la Alberca

El año 936, cuando los astrólogos hubieron determinado el día y la hora exacta que serían propicios, se enterró la primera piedra en la primera zanja de la nueva ciudad. Apenas 6 años más tarde la corte ya se había trasladado a ella. La mezquita de Madinat al-Zahra se concluyó en 48 días, 'porque al-Nasir tuvo continuamente empleados en ella a 1000 hombres hábiles, de los que 300 eran albañiles, 200 carpinteros y los demás enladrilladores y mecánicos de varias fases'.

Mezquita Aljama. La primera mezquita de Córdoba bien orientada a la Meca.

Jardines y ruinas. Al fondo parte de la ciudad de Córdoba.

A una legua de Córdoba, en las estribaciones de la sierra que llamaron los árabes monte de la Desposada, se extendieron en pocos años las edificaciones en terrazas en la ciudad del azahar, pero era tan intenso el contraste entre el blanco de los palacios y la vegetación oscura que los rodeaba, que el califa ordenó talar todos los árboles y los ásperos matorrales silvestres y plantar en su lugar higueras y almendros que tintaran de un verde más suave el paisaje.

 Portada de la vivienda del visir Yafar.

Detalles de la decoración de las puertas.

Cuentan que durante el tiempo que Sancho I de Castilla permaneció en Madinat al-Zahra anduvo como perdido en el deslumbramiento y la extrañeza de un sueño. Vio jardines de árboles traídos en caravanas y en naves desde todos los confines del mundo, y estanques donde se agitaban los colores relucientes de los peces del Índico. Vio especies de fieras más amenazadoras que las que inventaban los miniaturistas en los códices del Apocalipsis, y autómatas de ojos de vidrio que se inclinaban mecánicamente ante él y que le daban miedo, porque por unos segundos los confundía con criaturas humanas, y pájaros de plumas verdes y rojas que hablaban imitando las voces de las mujeres.

Edificio Basilical superior.

Desde el interior del Edificio Basilical.

Sancho I también vio dos fuentes por las que manaba de día y de noche el agua llegada desde los veneros de la sierra por los canales de los acueductos. Una de ellas tenía forma de elefante, y la otra de león con las fauces abiertas. Vio el salón del trono, cuya traza imitaba la del palacio de Salomón, una gran traza de mármol en la que había esculpidas doce figuras de oro rojo, y tenía en su centro un surtidor no de agua, sino de mercurio, sobre el que pendía del techo una perla mayor y más pura que cualquier otra de la que se tuviera noticia..

Salón de Abderramán III. La imagen es de la wikipedia por no poder visitarse en la actualidad por reformas.

 Pórtico. Vista general.

 Detalle del Pórtico.

En marzo del año 961, el califa se expuso al viento frío de la sierra, que batía crudamente las explanadas de Madinat al-Zahra. El médico logró su curación, y a principios de verano, el califa, que ya había cumplido 70 años, volvió a conceder audiencias y a interesarse con el desasosiego de siempre por las obras de su ciudad, que no parecían que fueran a acabar nunca. A principios de otoño, cuando volvieron los fríos del norte, el califa empeoró. Murió el 16 de octubre. Faltaban 15 años para que su hijo, al-Hakam, diera por terminada la construcción de Madinat al-Zahra, y algo más de 40 para que todos sus palacios y sus jardines con lagos y animales salvajes fueran arrasados".

Recorriendo las calles de la ciudad.

 Vista general de la casa de Yafar. En las terrazas superiores se encontraba el Alcázar.


El texto es una recopilación de fragmentos de "La Córdoba de los Omeyas" de Antonio Muñoz Molina

lunes, 7 de octubre de 2013

Museo histórico de Montilla



Siguiendo con la ruta arqueoturística por el sur de Córdoba hoy nos detendremos en el Museo Histórico de Montilla, uno de esos espacios imperdibles para cualquier amante de la historia y la arqueología que esté interesado sobretodo en profundizar en la prehistoria, mundo íbero, romano, árabe y medieval de la Baetica, y más en concreto de lo que hoy conocemos como Campiña Sur Cordobesa. Conocida por ser tierra de vinos, Montilla destaca históricamente por ser la cuna de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. En el término de la localidad se han encontrado restos de ocupación humana desde el Paleolítico inferior, y todo parece indicar que hubo un núcleo íbero-romano en lo que hoy son los restos de su castillo. Algunos historiadores han querido ver en Montilla la antigua Munda de la que hablan las crónicas, lugar conocido por ser el escenario de la última batalla de la 2ª Guerra Civil Romana entre Julio César y los hijos de Pompeyo, pero sin embargo aún no se han encontrado pruebas convincentes. Montilla cuenta con numerosos lugares de interés tanto civiles como religiosos, como pueden ser los restos del castillo de los señores de Aguilar y marqueses de Priego, la Iglesia de Santiago o la Casa del Inca Garcilaso de la Vega, así como varios museos, como el del Vino, el Garnelo y el Museo Histórico Local, que se encuentra en la Casa de la Cultura de localidad y que es nuestro destino de hoy.

Es conocido el interés de mucha gente de esta parte de Andalucía por indagar en el pasado arqueológico. Así fue que en Montilla durante los años 70 varios vecinos aficionados a la arqueología decidieron crear un grupo para fomentar su afición, grupo que en los 90 acabó convirtiéndose en la Asociación de Arqueología Agrópolis. Poco después, y gracias al trabajo y empeño de la asociación, se acabó creando en Montilla el Museo Histórico Local con el objetivo de proteger, conservar, difundir e investigar el patrimonio arqueológico de la zona, siendo registrado como Museo de Andalucía en 1997. Con varias salas de exposición permanente, el museo resulta sumamente educativo y didáctico, ya que usan tanto textos explicativos como dibujos y maquetas con la intención de acercar la historia tanto a pequeños como mayores. Dispone de cuatro salas que de derecha a izquierda iremos recorriendo, y que  desde la prehistoria hasta la época moderna, nos permitirá contemplar toda la historia del lugar.


Sala principal del museo

Para empezar, nada más entrar, encontraremos una primera vitrina dedicada a material paleontológico, con fósiles vegetales, trilobites, ostras, vieiras, etc, destacando un conjunto de "bellotas de mar" fósiles, crustáceos conocidos como Megabalanus, de cuando estas tierras de Andalucía eran zona costera. No podemos encontrar sin embargo la que podría ser la pieza estrella del museo, los restos de una ballena fosilizada encontrada en 1957, y que fue entonces el primer cetáceo fósil español descubierto. Los restos de aquel increíble descubrimiento fueron trasladados para su estudio y catalogación, pero por desgracia nunca volvieron. Todo parece indicar que está acumulando polvo en alguno de los sótanos del Museo Nacional de Ciencias. Una verdadera pena.

Vitrina con material paleontológico

Una vez vista esta primera y sorprendente vitrina, cruzaremos la representación de un dolmen, para adentrarnos en la primera sala del museo: la prehistoria. Entre sonidos de animales y representaciones de pinturas rupestres tanto de Andalucía como de la zona cantábrica, podremos encontrar desde cantos rodados a flechas de sílex, raederas o raspadores del Paleotítico Inferior y periodo Musteriense, recipientes y utensilios del Neolítico, vasos y cuencos de cerámica, así como puntas de flecha del Calcolítico, o bien hachas y fragmentos cerámicos de la Edad de Bronce. Por espacio solo pondré algunas fotografías que tomé de las muchas piezas que hay.

Vista de la sala dedicada a la prehistoria






A continuación seguiremos por la sala central, dedicada al mundo ibérico, romano y árabe. Por orden cronológico en primer lugar podremos observar los restos arqueológicos del periodo orientalizante, de los misteriosos tartesios y de los íberos. Fragmentos cerámicos con dibujos geométricos, monedas turdetanas, representaciones de armas (como la mítica falcata), adornos.., destacando entre todas las piezas un exvoto ibérico de bronce del que hablaré posteriormente, pues es la colección de exvotos del museo lo que me pareció más interesante de la visita.






La parte dedicada al mundo romano es la más extensa. Por desgracia una de sus piezas más destacada no se encuentra aquí. Se trata de una estatua de Diana cazadora que actualmente está expuesta en el Museo Arqueológico de Córdoba. En su lugar se ha puesto una representación de la misma. De la época imperial romana, que incluye dos salas, se pueden encontrar adornos personales, cerámica, vidrios, instrumental médico, así como un reloj de sol romano, ajuares, molinos de piedra, monedas, lápidas, sepulturas, y un largo etcétera de piezas de la vida cotidiana que nos permitirán comprobar el paralelismo de esta época con la nuestra.

Diana cazadora








Me ha llamado la atención el poco material que hay tanto visigodo, como musulmán y medieval, justamente de lo que más esperaba encontrar. Esto vendría a demostrar lo poco poblada que estuvo esta zona durante ese periodo. Del periodo musulmán podemos ver monedas, cerámica, candiles, algún capitel, pero de todas las piezas me quedo con los relojes de sol. Aquí una muestra..

Reloj de sol árabe

La última sala del museo va desde la época medieval a la moderna. Como digo, llama mucho la atención el poco material que hay de esta época. Veremos un par de escudos de armas, una preciosa colección de campanas, una espada de ceremonias, así como algunos objetos religiosos.

Colección de campanas

Escudo de los Marqueses de Priego

Como he comentado, lo que considero más interesante es su conjunto de exvotos o pequeñas figuras de ofrenda tanto humanas como zoomorfas de la época íbera y romana, la mayoría realizadas en barro cocido, destacando entre todas una figura de un jinete ibérico realizada en bronce, pieza emblemática del museo. Suponemos que es la representación de un jefe de un poblado ibérico, quizá un héroe, prueba una vez más de la existencia de una aristocracia íbera.

Jinete ibérico

Extraños exvotos ibéricos


Exvotos romanos

Representación de la diosa Juno

Casi siempre que hago una visita a algún yacimiento o museo suelo ser algo crítico en esta parte de la publicación. La dejadez y el desinterés es lo que más me molesta y es de lo que suelo dejar constancia a la hora de hablar de mi impresión sobre un espacio. Sin embargo en esta ocasión no es así. Aunque quizá le vendría bien modernizarse algo, el museo tiene realmente mucho encanto. Desde el primer momento que entré me sentí muy bien atendido por su personal, con quien tuve oportunidad de comentar el panorama de la difusión de la historia entre los vecinos de la localidad. El museo está muy bien pensado desde un punto de vista didáctico, enfocado sobretodo a las visitas escolares. Desde sus vitrinas podemos hacer un gran recorrido por toda la historia de la zona; y en su conjunto presenta algunas piezas realmente fantásticas. Sin duda un espacio que vale la pena conocer. Aquí tenéis más datos:

Dirección: Casa de la Cultura. C/ Padre Miguel Molina, 2
Ciudad: Montilla, Córdoba
Teléfono: 957 655981 
Email: museohistorico@montilla.es
Asociación Agrópolis: asc.agropolis@hotmail.com

Horarios:

Sábados y domingos de 11 a 13:30 h
Martes a viernes de 10:30 a 14:00 h

Entrada gratuita