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miércoles, 9 de abril de 2014

Mundo Futuro III

Han tenido que pasar 7 años y una portada en Menéame para que me decida a publicar la 3ª parte de Mundo Futuro. Supongo que en su momento me pareció tan fantasioso lo que se contaba en aquella parte del suplemento especial de Muy Interesante de octubre 1992 que decidí dar por cerrada la serie. Ha pasado tanto tiempo que ni estoy seguro. Así que es un buen momento para terminar la trilogía todo gracias a la iniciativa de EvilGeniusFromHell (sic) y al interés de los meneantes. Dejar claro que todo lo que aquí se expone sale de los artículos que por 1992 publicaron Alejandro Sacristán, José Antonio Mayo y María Estalayo, entre otros. Resulta llamativo seguir hablando en futuro de aquellas ideas que se planteaban en unos artículos publicados hace ya la friolera de 22 años.

Img: Portada del espacial 'Los próximos 100 años' de Muy Interesante

Es esta tercera parte, que va de 2060 al 2092, la que la autora del artículo, María Estalayo, denominó LA SOCIEDAD DE LAS UTOPÍAS. Un momento en el que ser humano ya habría cubierto todas sus necesidades materiales e iría, ahora sí, en pos de la utopía. Teniendo la 'mente global' como objetivo, se desarrollará un proyecto espiritual que integre a la humanidad con el planeta y con el resto del universo. Veamos lo que proponía la autora entonces..

Vivir todas las experiencias de hombres y animales será la gran conquista tecnológica de finales del siglo XXI. Podremos repetir en la conciencia de un ser vivo la memoria y los sentimientos de un antepasado. Algo parecido a aquella fantástica película de 1983 llamada Proyecto Brainstorm. Ya en 1992 el físico Freeman J. Dyson aseguraba que llegaría el momento en que la distinción entre vivo o muerto, presente y pasado, sería algo confuso, debido a las 'máquinas de los recuerdos'. También defendía los implantes de recuerdos artificiales (tal y como se mostraba en la por entonces reciente Desafío Total). Freema Dyson también imaginaba un mundo en el que en lugar de admirar la belleza de la naturaleza desde fuera, se miraría directamente, a través de los ojos de los animales. Para entonces ya conoceríamos los códigos electroquímicos por los que las imágenes son convertidas en sensaciones. Podría devolverse por tanto la vista a los ciegos, incluso si carecen de ojos. Se podría ir más allá y bucear en la memoria genética de la célula hasta recomponer la historia de los seres vivos del planeta, algo que la autora del artículo relaciona con la, también por entonces reciente, teoría de Rupert Sheldrake sobre los campos morfogenéticos.

Img: Proyecto Brainstorm. MGM.

Una vez cubiertas todas las necesidades tanto materiales como energéticas, gracias entre otras cosas al control de la población, la conquista del espacio y el desarrollo tecnologías microscópicas, la autora planteaba que la humanidad tendería al dominio de la última frontera: la mente y  la muerte. La comunicación directa cerebro a cerebro y la telepatía, algo que ya planteaba Asimov en La mente errabunda (donde concebía un transductor implantado en el cuerpo capaz de convertir la información electrónica en un tipo de impresión que el cerebro puede interpretar), cambiará la relación entre las personas. Se llegaría a comprender al otro en su totalidad, por lo que devengaríamos en seres cuasi espirituales. Habríamos alcanzado la mente global. Estaría por resolver por tanto dónde quedaría la intimidad y la individualidad.

 Img: X-Men. 20th Century Fox

Pero también debemos considerar que ya para entonces la humanidad podría haber mutado, deshaciéndose de la carga corporal. La vejez y la enfermedad no serán por tanto un problema. En 1992 algunos expertos en robótica, como Hans Moraver, defendían que no había razones para que no fuéramos en un futuro inmortales. Moraver planteaba colocar el cerebro en un cuerpo de metal. Otros, como Dougal Dixon, proponían alteraciones genéticas para que el cuerpo durase eternamente. O Paul Segall, que defendía que la clonación crearía embriones que servirían como banco de células y tejidos.

Y llegaríamos así al último paso evolutivo, desde las estructuras de calcio a las ectoplasmáticas. El ya mencionado Freeman Dyson imaginaba seres humanos muy evolucionados, formando una nube desmaterializada que viviría en los espacios interplanetarios. Una conciencia única en forma de nube galáctica. Algo ya propuesto anteriormente por Fred Hoyle en La nube negra. El secreto estaría según autores como Arthur C. Clarke en la cuarta dimensión. Un objeto que se moviera en esa dimensión sería invisible en nuestro mundo tridimensional, defendía. Clarke aseguraba que esa cuarta dimensión se podría crear artificialmente.

Pero si a finales del siglo XXI no hemos alcanzado un grado tan evolucionado de desarrollo espiritual, de todas formas seguiríamos con la expansión tecnológica. Llegaremos a terreformar planetas hasta el momento inhabitables. Serán la biología molecular, las neurofisiología y la física espacial las áreas del conocimiento que dominarán el siglo XXI, aseguraba la autora del artículo. Dyson proponía el diseño de naves espaciales que pesasen sólo un kilo. Naves que no se construirían, sino que crecerían, pues estarían organizadas biológicamente y sus planos se escribirían en el lenguaje del ADN. Estas naves, dotadas de una evolucionada inteligencia artificial, podrían desarrollar alas, patas, o lo que necesitasen una vez llegadas a destino.


Img: Prototipo de insecto robot de la NASA. 1992.

En este avance por el espacio nos encontraremos inevitablemente con otras civilizaciones. La mayoría de los estudios de prospectiva ya entonces situaban en las últimas décadas del siglo XXI el encuentro con alienígenas, y lo que ello supondrá de transformación de nuestro planeta. Como defendía entonces María Estalayo, quizá antes logremos tomar contacto con otras especies no humanas terrestres, como los defines. Si a finales del siglo XXI llegamos a un estado de comunicación absoluta con animales e incluso plantas (y tal vez con el propio planeta), el ser humano habrá trascendido su condición de especie. La mayoría de nosotros no estará aquí para vivir semejante experiencia, pero tan solo el planteárselo es ya un fantástico viaje.

Img: Contact. Warner Bros Pictures.



Fuente:
Suplemento de la revista Muy Interesante nº 137, octubre 1992.


Entradas relacionadas:

Mundo Futuro I
Mundo Futuro II

miércoles, 12 de febrero de 2014

Aborto y descenso de la delincuencia

En estos días, en los que en España estamos retrocediendo en derechos por la política ultraconservadora que está desarrollando el actual gobierno con su mayoría parlamentaria, imponiéndonos a todos su hipócrita moral, su miseria material y su pretendida superioridad espiritual, muchos no podemos dejar sentir rabia e impotencia por tardes como la de ayer, en la que se volvieron a pisotear los derechos de las mujeres a la vez que se acababa con la Justicia Universal, decidiendo no perseguir internacionalmente a torturadores, asesinos, genocidas, dictadores y fascistas, llevándonos por tanto a todos a un retroceso absoluto en Derechos Humanos. Todos los días nos escandalizamos ante las noticias de abusos que se están produciendo por la falta de separación de poderes, vemos como se indulta a delincuentes, se hace la vista gorda ante la corrupción, se realizan amnistías fiscales para que los defraudadores no paguen por sus delitos, se carga todo el peso de la crisis económica en las clases bajas mientras se protege con todos los instrumentos a los más poderosos, se muestran fuertes con los débiles y cobardes con los fuertes, muestran una absoluta falta de compasión por los más desfavorecidos, alardean de datos macroeconómicos (ilusos ellos) mientras desprecian las alarmantes cifras de cierre de empresas, paro y pobreza. Esta derecha, carca y antigua, heredera ideológica de la dictadura, que se proclama liberal pero que no renuncia a seguir mamando de lo público, es un hazmerreír en toda Europa y está arrastrando a la tan proclamada por ellos "marca España" al mayor de los ridículos. 

No me extenderé más con la crítica. Resultan tan vergonzosas las declaraciones que se están produciendo estos días en todos los ámbitos por dirigentes y representantes del Partido Popular que se califican por sí mismas.

Pero volvamos a lo que nos traía aquí, al tema del aborto, que durante estos días vuelve a la palestra por la reforma que pretende imponer el actual gobierno. Sé que el aborto es un tema delicado. Para los que se califican de pro vida es en el momento de la concepción cuando comienza una vida, equiparando el valor de un feto al de un recién nacido. Para los pro elección, el derecho de la mujer a abortar supera a cualquier otro factor.. Podemos considerar también un tercer grupo, que no cree que el feto sea totalmente equivalente a un recién nacido, aunque considera que debería tener ciertos derechos. ¿Dónde quedaría la línea? Realmente es un tema complicado con muchas sensibilidades de por medio y que se debe debatir desde muchos puntos de vista. Y lo digo bien claro, se debe debatir, y no dejar a un lado la opinión de expertos y afectados.



Hace unos años ya traje aquí un lúcido artículo de Carl Sagan sobre el tema: entre la vida y la elección.

Hoy traeré otra reflexión, la que Steve D. Levitt y Stephen J. Dubner plantearon en su best-séller internacional Freakonomics. En un capítulo del libro los autores se propusieron demostrar que existía una relación entre el aborto y el descenso de la delincuencia. Os dejo con su reflexiones.

El perjuicio que el Estado ocasionaría a la mujer embarazada al denegar su elección resulta evidente... La maternidad, o el aumento de la descendencia, pueden imponer a la mujer una vida y un futuro angustioso. El daño psicológico puede ser inminente. El cuidado de un hijo puede poner a prueba la salud mental y física. También la angustia, para todos los involucrados, asociada al niño no deseado, y el problema de criar a un hijo en una familia que ya es incapaz, psicológicamente o de otra forma, de cuidad de él.

En Estados Unidos, a finales de los 70, varios estados comenzaron a permitir el aborto en circunstancias extremas, como violación, incesto o peligro para la madre. El 22 de enero de 1973, la legalización del aborto se extendió a todo el país gracias al fallo del Tribunal Supremo en el caso "Roe contra Wade". Como se ha podido ver en el párrafo anterior, el veredicto se basaba especialmente en las dificultades de la madre potencial. El Tribunal dio voz a lo que muchas madres sabían desde mucho tiempo atrás, a saber, que cuando una mujer no desea tener un hijo, generalmente cuenta con buenas razones para ello. Existen mil razones para que sienta que no puede proporcionar un ambiente familiar adecuado en ese momento.

El primer año después del caso "Roe contra Wade", en Estados Unidos abortaron cerca de 750.000 mujeres (un aborto por cada cuatro nacimientos). En 1980, el número de abortos alcanzó la cifra de 1,6 millones (uno por cada 2,5 nacimientos), momento en que la cifra se estabilizó. 

Antes de "Roe contra Wade", las mujeres que podían concertar y permitirse un aborto ilegal eran mujeres de clase media y alta. Ahora, en lugar de un procedimiento ilícito que podía costar quinientos dólares, cualquier mujer estaba en situación de abortar con facilidad, a menudo por cien dólares.

¿Qué tipo de mujer tenía más probabilidades de beneficiarse del precedente creado por "Rose contra Wade"? Con frecuencia se trataba de mujeres solteras, adolescentes o pobres, y en ocasiones, las tres cosas al mismo tiempo. ¿Qué tipo de futuro podría haber tenido su hijo? Según un estudio el hijo típico que no nació en los primeros años tras la legalización del aborto habría tenido un 50% más de probabilidades de vivir en la pobreza que la media; también un 60% más de crecer con un solo progenitor. Estos dos factores se encuentran entre los principales que permiten predecir que un niño tendrá un futuro criminal. Crecer en una familia monoparental aproximadamente duplica la propensión de un niño a cometer un delito. Al igual que tener una madre adolescente. Otro estudio ha demostrado que entre los factores que conducen a la criminalidad, el más determinante es el bajo nivel educativo materno.

No cabe duda de que la legalización del aborto en Estados Unidos tuvo miles de consecuencias. El infanticidio disminuyó de manera radical. También lo hicieron los matrimonios "de penalti" y el número de niños entregados en adopción (lo que condujo al auge de adopciones de niños extranjeros). Las concepciones aumentaron casi un 30%, pero los nacimiento descendieron un 6%, lo cual indica que muchas mujeres utilizaban el aborto como método radical de control de la natalidad. 

No obstante, tal vez el efecto más drástico de la legalización del aborto, y que tardaría años en salir a la luz, fue su impacto en la criminalidad. A principios de los 90, cuando la primera generación de niños que nacieron tras "Roe contra Wade" dejaba atrás la adolescencia -la edad en que los hombres jóvenes se introducen en el mundo de la delincuencia- el índice de criminalidad comenzó a descender. Lo que faltaba en esta generación, por supuesto, eran los niños con mayores probabilidades de convertirse en delincuentes. Y el índice de criminalidad continuó descendiendo cuando toda una generación alcanzaba la mayoría de edad sin aquellos niños cuyas madres no habían querido traer un nuevo ser al mundo. La legalización del aborto supuso menos hijos no deseados, los hijos no deseados suponen un alto índice de criminalidad; por consiguiente, la legalización del aborto supone menos crímenes.

  

 Fuente: Freakonomics. S.D Levitt y S. J. Dubner. Ediciones B.


martes, 28 de enero de 2014

La necesidad de cambiar de gafas ante las señales de insostenibilidad

La necesidad de cambiar de gafas

  
 Hasta hace bien poco, cuando se les preguntaba a las personas mayores de los países desarrollados si creían que sus hijos e hijas vivirían mejor que ellas, la gran mayoría respondía que sí. Desde hace poco, cuando se le pregunta a la gente no tan mayor si cree que sus hijos e hijas vivirán mejor que ellos casi nadie se atreve a decir que sí. Quizá porque empiezan a intuir los daños que la civilización está causando al planeta. A pesar de las constantes alabanzas a la tecnología y al progreso, realizadas sobre todo en los medios de comunicación, existe la sospecha, cada vez más extendida, de que no se puede continuar con este modelo de producción y consumo por mucho tiempo. Comienza a atisbarse la idea de que se están superando límites que nunca tendrían que haberse ignorado ni traspasado.

Las percepciones básicas sobre el deterioro de los ríos, los valles, los pozos, los suelos, las costas, el aire, los bosques, los animales, los ecosistemas, chocan con la celebración de la tecnología y el desarrollo, creando un sombra de inquietud en los países enriquecidos y un desgarro en los empobrecidos.

Las soluciones que se proponen suelen ser siempre las mismas: construir más infraestructuras, desarrollar tecnologías complejas, aumentar la producción, estimular el crecimiento... Con ello tal vez se podrán resolver, según se dice, algunos de los daños. El resultado, sin embargo, es que el deterioro ecológico crece a una velocidad cada vez mayor.

Quien ha tenido que caminar sobre el barro cada vez que llovía está encantado con el asfalto y verá siempre bien nuevas ampliaciones de la superficie asfaltada, porque hasta hace poco lo que sobraba era tierra. Quien ha tenido que acarrear a sus espaldas leña desde lejos todos los días, está encantado con su camión y verá con complicidad que haya cada vez más camiones acarreando objetos de acá para allá. Quien ha lavado pañales en un lavadero con temperaturas próximas a la congelación estará encantada con la caldera de gas, y no le parecerá mal que esté todo el día encendida.

Las mejoras vividas o percibidas han afianzado los esquemas (las gafas) con las que miramos la realidad. Si algo es bueno, pensamos, entonces más de lo mismo será mejor. Desde esta lógica es posible ver con buenos ojos la movilidad creciente, la producción creciente, el consumo creciente, el comercio internacional creciente, y por supuesto el crecimiento continuado.

Pero la Tierra no es creciente sino dinámicamente estable. Y ya ha enseñado sus límites. Las dificultades para extraer petróleo en las mismas cantidades que en el pasado, la fuerte reducción de la biodiversidad, el cambio climático generado por el ser humano, la contaminación de los océanos, la cementación y desertificación de una parte creciente del territorio son signos de los límites de la biosfera.



Lo que quizá era bueno en pequeñas cantidades puede no serlo si las cantidades son grandes. Casi nada sigue la regla del cuanto más mejor. Hay un momento en que el exceso de lo bueno se convierte en malo. En la naturaleza muy pocas funciones son lineales. Asfaltar un poco quizá sea bueno, pero asfaltar mucho se convierte en un problema. Moverse un poco está bien, pero moverse mucho está resultando letal para la supervivencia de los ecosistemas. Cortar leña es útil para calentarse, pero si se corta demasiada tal vez desaparezca el bosque del que se sacaba la leña. Hoy la movilidad, la extracción de materiales, el exceso de producción y buena parte de la agricultura industrial están incapacitando progresivamente a la biosfera para que pueda seguir dando cobijo al ser humano.

Lo que era bueno en un mundo abundante puede convertirse en malo en un mundo esquilmado y escaso. Lo que era insignificante o indiferente en un planeta sano puede ser muy perjudicial para un planeta enfermo. El cáncer es el crecimiento en exceso de determinadas células. Tal vez el llamado desarrollo sea un crecimiento en exceso.

Estamos presos de nuestra propia cultura, de nuestra manera de entender el mundo, de las categorías mentales con las que organizamos la percepción. Somos hijos e hijas de los supuestos que aprendimos heredados de la primera industrialización.

Al igual que el elefante adulto del circo permanece atado a un minúscula estaca porque aprendió de pequeño que no se podía mover, así permanecemos atados a las categorías culturales y mentales que aprendimos cuando la industrialización era pequeña en magnitud y todavía no era suficientemente destructora. Cuando una categoría cultural o esquema mental funciona tiende a reforzarse. Sin embargo una vez que se ha reforzado resulta muy difícil desprenderse de ella aunque en la práctica resulte incorrecta o contraproducente. Si se desprendiera de su mirada aprendida de pequeño el elefante podría darle una patada a la estaca. Nosotros y nosotras también.

Se denomina efecto borde al fenómeno que nos hace incapaces de ver un cambio sustancial debido a que se ha alcanzado mediante pequeños incrementos. La rana se muere incapaz de apreciar los cambios cuando se calienta poco a poco el caldero en el que se encuentra. Una persona entra en un concesionario de coches con la idea de comprarse un modelo que, aún con esfuerzo, se ajuste a sus ingresos económicos. El vendedor, conocedor de este efecto, le va proponiendo pequeñas mejoras (llantas, climatizador, tapicería, etc.) y cuando ya la tiene convencida le dice: “claro que por un poco más puede usted llevarse un modelo superior, que ya es un verdadero coche”. “Un pequeño esfuerzo más y tengo un verdadero coche”, piensa la persona compradora. Finalmente sale del concesionario un poco preocupada, pero satisfecha. Acaba de comprar algo que no había previsto y que sin embargo no podrá pagar o le mantendrá atado durante los próximos cinco años. “Por un poco más”. Los pequeños incrementos han impedido ver la modificación en términos absolutos. Es posible que tenga que vender el coche para comprar la gasolina.

Poco a poco, pero cada vez a mayor velocidad, se ha ido destruyendo la base biológica sobre la que poder vivir. La capacidad de carga de la Tierra ha sido traspasada, pues hemos pasado de vivir del interés a esquilmar el capital natural.





Los pequeños incrementos han hecho posible que cambios enormes pasaran casi desapercibidos. El efecto borde ha dificultado ver el balance global en muchas de las variables imprescindibles para la vida.

A menudo las categorías culturales y mentales alcanzan un campo de visión pequeño y nos impiden ver la totalidad. Cuentan de un borracho que buscaba desesperado las llaves perdidas alrededor de una farola. Un pareja que pasaba por allí le animó a que buscara más lejos, por ejemplo debajo de los coches aparcados o entre los contenedores y él contestó que no, pues allí no había bastante luz. En ocasiones las categorías culturales se quedan cortas. Sólo dejan ver la parte de la realidad que enfoca la farola. Se mira sólo en el campo que queda delimitado por la categoría. Por eso muchas personas piensan que las ciudades de la India son más sucias que las europeas. Simplemente contabilizan la suciedad que se ve. La basura generada en las urbes europeas, aunque es muy superior, se ve menos.

Mancha y contamina más lejos, más abajo o más arriba. Lo mismo pasa con la higiene compulsiva: mientras limpias tu cuerpo ensucias el planeta con productos químicos, pero esta segunda parte no queda iluminada por la farola. En buena medida esto le pasa a la economía convencional. Sólo permite ver aquello que es comercializado y contabilizado en dinero. Lo que cae fuera de sus cuentas son externalidades: la calidad del suelo, la diversidad biológica, el orden radiactivo, el afecto, la identidad de una comunidad, la vida de quienes tienen poca renta, la de las siguientes generaciones o el trabajo de muchas mujeres, no son aspectos iluminados por la luz de la economía. Y sin embargo desde este estrecho campo de visión, materializado en el PIB o en los indicadores de la bolsa, se elaboran las políticas y se toman las decisiones más importantes de los gobiernos y las empresas.


Muchas de estas categorías mentales operan como supuestos no discutibles. Configuran nuestra cultura sin ser puestas en tela de juicio. Parece fuera de toda duda que la historia siempre va de peor a mejor, que la gente común maneja cada vez más información, que el progreso tecnológico nos va a hacer vivir mejor, que es deseable aumentar la producción, que el desarrollo de los países ricos es bueno para todos los países, que el crecimiento económico nos hará tener menos dificultades. Muchos supuestos fueron instalados en la base de la cultura bastantes años atrás: “creced y multiplicaos”. Otros son más recientes: “lo más importante es la economía” o “el crecimiento económico es un bien”.

Muchas de estas categorías mentales permanecen en nuestros cerebros por inercia aún cuando estén desadaptadas, pero otras han sido y están siendo intencionalmente implantadas. Son funcionales al mantenimiento de los privilegios del poder. Son parte de la ideología dominante.

A estas alturas debería verse como un sinsentido que los gobiernos subvencionen a quienes cambian rápidamente de automóvil. Sin embargo a muchas personas les parece razonable que los fondos públicos se usen para apoyar a las empresas más grandes del planeta porque esto sirve, dicen, para mantener los puestos de trabajo. Las empresas más grandes del planeta sin embargo son las que proporcionalmente menos mano de obra acogen, por eso, entre otras cosas, son las más grandes. Puestos a subvencionar empleos, los fondos podrían destinarse por ejemplo a la recuperación de ecosistemas imprescindibles o la producción artesanal, más intensivas en mano de obra que las cadenas de montaje.

Del mismo modo carece de toda lógica que cada mañana se crucen en las carreteras camiones de galletas en recorridos opuestos de muchos kilómetros. Desde un punto de vista ecológico no tiene sentido realizar estos transportes de larga distancia para poder ingerir unos pocos hidratos de carbono venidos de lejos, en la cocina de tu casa. Un automóvil todo-terreno es una máquina que mueve 2.500 kilos para transportar 90. No parece el colmo de la eficiencia. Sin embargo todas éstas son cosas que se nos antojan normales.

No da igual aficionarse a correr en rallies que hacer puenting (tirarse desde un puente con una cuerda semielástica). Para la cultura normal son dos maneras de hacer deporte, dos hobbies, dos formas legítimas de entretenerse. Una cultura de la sostenibilidad, sin embargo, las ve de forma muy diferente. Si bien es cierto que ambas distraen y producen satisfacción poniendo el sistema nervioso al límite, la primera requiere una fuerte cantidad de energía, aísla los ecosistemas, ahuyenta a los animales –a algunos de forma definitiva– produce residuos y contaminación, sólo puede practicarse con una fuerte dependencia tecnológica, es incompatible con que otras personas realicen otras actividades... mientras que la segunda, el puenting, aprovecha una construcción que se ha realizado para otros fines, utiliza la energía del propio cuerpo, apenas contamina y es compatible con la vida de los ecosistemas. Un cambio de gafas hacia una cultura de la sostenibilidad permitiría ver la diferencia. Hoy este cambio cultural es ya una cuestión de supervivencia.

Siguiendo con los ejemplos de gafas con las que comprendemos el mundo, no es lo mismo hablar de producción que hablar de extracción. La economía que se estudia en las universidades y se difunde en los medios de comunicación confunde ambos conceptos. Por eso utiliza denominaciones tales como “países productores de petróleo” o “producción neta de minerales”, cuando en realidad debería decirse “países extractores de petróleo” o “extracción irreversible de minerales”. Extraer lleva a la categoría mental más genérica de restar, mientras que el concepto de producción lleva a la de sumar. Esta confusión es fatal para hacer las verdaderas cuentas del progreso. Una buena parte del progreso no es otra cosa que sustraer los recursos de sus depósitos y esquilmarlos para siempre.


  
El pensamiento único propone la economía como el eje central de percepción y valoración de la realidad y descarta aquello que no se traduce en beneficios monetarios, que para este reducido campo de visión son externalidades. Lo que la economía llama externalidades muchas veces son, desde el punto de vista de la cultura de la sostenibilidad, las cosas esenciales o centrales. El trabajo de reproducción de la naturaleza es marginal en la economía, excepto cuando se le puede sacar provecho comercial, sin embargo nos abre la posibilidad de seguir viviendo. El trabajo de muchas mujeres del planeta dedicado a la alimentación, crianza y cuidado de las personas, no se contabiliza, e incluso puede llegar a no considerarse trabajo o actividad. Los trabajadores asalariados, para la economía convencional, llegan a la puerta de la oficina sanos y alimentados como por arte de magia.

Los indicadores de la economía neoclásica no distinguen entre producción de cosas necesarias y producción de cosas superfluas y con frecuencia dan más valor a las que, además de innecesarias, son contraproducentes desde un punto de vista ecológico. Ir y volver en avión en el día, desde París o Barcelona, para comer con los amigos en Venecia, es valorado por la economía como un signo de buena vida. Sin embargo para una cultura de la sostenibilidad es un signo de muerte. Pero todavía no hemos incorporado las categorías esenciales necesarias para darnos cuenta de ello.




 


Primer capítulo de ‘Cambiar las gafas para mirar el mundo’. 
Yayo Herrero, Fernando Cembranos y Marta Pascual (Coords.). 
Colección Cartografías del vivir, nº1. Libros en acción.

jueves, 23 de enero de 2014

Quo vadis Europa?

Preocupante. Así podemos calificar la deriva que está tomado la Unión Europea en los últimos días con respecto a sus políticas medio ambientales. Lo que se ha vendido a bombo y platillo como un gran éxito de las aspiraciones ecologistas europeas tiene trampa. Veamos. El pasado miércoles los responsables de Cambio climático y Energía de la UE presentaron los objetivos medio ambientales para los próximos 15 años. En principio todo pintaba bien para los que defendemos una mayor regulación medioambiental: para 2030 las emisiones de los 28 países deberán reducirse un 40% respecto al nivel que tenían en 1990. Además, también proponían que el 27% de la energía producida sea renovable. Lo que parecía una serie de buenas medidas (aunque muy insuficientes a mi parecer) en nombre de salvar el planeta, tiene letra pequeña..

 Por lo que sabemos la UE ha decidido que no se apostará de manera decidida por las renovables. Ese 27% exigido para 2030 compromete al conjunto de la UE, por lo que no habrá objetivos de reducción de emisiones contaminantes para los Estados. Y ya sabemos lo que eso significa conociendo como funciona la Unión Europea. En los próximos años veremos a los distintos Estados miembros disputar entre sí para ver quién debe hacer más para llegar al 27% del conjunto.



Además todo parece indicar que la reducción de un 40% de las emisiones de gases de efecto invernadero respecto a 1990 será insuficiente. Grupos como Greepeace piden una reducción del 55%, ya que consideran que incluso si no se aplicase ninguna política medioambiental las emisiones caerían en torno al 32% en 2030. 

Por otro lado la UE ha dejado claro que es favorable a que el fracking avance en Europa. Se ha decidido proponer leyes que regulen de una manera vaga el más que posible daño al medio ambiente así como la seguridad durante la extracción de gas esquisto en el controvertido proceso de fracturación de la roca de manera hidáulica, lo que se conoce como fracking. La Comisión insta a los países miembros a que busquen este tipo de gas y anuncia que está estudiando fijar las condiciones políticas y jurídicas para regular el proceso de extracción a la vez que se preserva el medio ambiente, algo que es un absurdo por mucho que se empeñen. Sabemos del riesgo que corren los acuíferos con este tipo de prácticas, por no hablar de la alteración del subsuelo y aumento de riesgo de seímos, todo para obtener una energía costosa en un proceso ineficiente comparado con otros medios sostenibles. Sin embargo todo esto parece no tener importancia al ver como Estados Unidos ha reducido sus costos de energía gracias al fracking. Como si fuese comparable un territorio con el otro.




Durante años Europa ha querido liderar la guerra contra el cambio climático y ha sido en algunos aspectos un ejemplo que deberían seguir muchos otros países. La Unión Europea ha intentado establecer el estándar mundial de regulación climática, el desarrollo de políticas duras sobre emisiones y el impulso de las renovables, pero todo esto parece irse al traste por el persistente debate económico. Las tesis de Gran Bretaña y Francia fundamentalmente (aunque no dudo del papel del actual gobierno español en todo esto) se han impuesto, siempre pensando en los mercados. El insostenible desarrollo económico que propician nuestros líderes cortoplacistas vuelve una vez más a ganar la partida. Ignoran que detrás de este crisis económica hay otras más terrorífica, la energética y la medio ambiental. Esta Unión Europea injusta y egoísta vuelve a ser irrelevante una vez más. Eso sí, dentro de unos meses nos bombardearán con propaganda para elijamos en las urnas a los próceres de la ineficacia y la corrupción. Yo ya tengo claro a quien no votaré.



 


sábado, 18 de enero de 2014

Poblado íbero del Cerro de la Cruz de Almedinilla

La última de las rutas arqueoturísticas del pasado 2013 me llevó hasta la entrañable localidad cordobesa de Almedinilla para conocer parte de los muchos tesoros que guarda en su término. Tal es así que dedicaré a Almedinilla dos entradas en el blog, esta primera, donde hablaré del poblado ibérico de "El Cerro de la Cruz" y sus piezas expuestas en la sala de la Cultura Ibérica del Museo Arqueológico de la localidad, y una próxima publicación, que la dedicaré a la Villa Romana de "El Ruedo" y su sala en el Museo. Así que de entrada ya podemos ver que el pueblo de Almedinilla posee una gran oferta cultural para el curioso, a la que podemos sumar un excelente patrimonio medioambiental, constituyendo ambos un medio sostenible de desarrollo para una localidad que hasta hace bien poco tenía casi como único sector económico el olivarero.  

 Almedinilla, en la ladera del Cerro de la Cruz

«El viaje es interesante. Se llega a Almedinilla con bastante dificultad, sea por Alcaudete (estación de la línea Puente Genil, Espeluy y Alcalá La Real), sea por Cabra y Priego. Y para llegar allí hay que tragar mucho polvo en penosas diligencias, pero el hospitalario pueblo está agradablemente situado en un repliegue de Sierra fecunda en bosques de olivares, regado por un torrente que no se seca jamás y que fertiliza una huerta fructífera; El agua fresca y sana corre abundantemente de sus claras fuentes en pleno verano y las noches son soportables allí en lo más fuerte de la canícula».

 Así hablaban de Almedinilla en 1906 los arqueólogos Pierre Paris y Arthur Engels, pioneros del estudio de la Cultura Íbera, cuando llegaron a la localidad para investigar el yacimiento de El Cerro de la Cruz. Aunque ha pasado más de un siglo de estas palabras, todavía hoy nos parecen válidas. Por supuesto que ahora hay mejores comunicaciones y un mayor desarrollo económico y social en la localidad que a principios de siglo XX, pero su hospitalidad y la belleza de su paisaje habrá variado poco desde entonces. Almedinilla sigue siendo un pequeño municipio, de apenas poco más de 2.500 habitantes, situado en el extremo suroriental de la provincia andaluza de Córdoba, en la comarca de la Subética Cordobesa, limitando con los municipios de Priego de Córdoba, Alcalá la Real (Jaén) y Montefrío (Granada). Cuesta por tanto entender como un lugar apartado relativamente de las principales vías de comunicación de la antigüedad disponga que tanto pasado. Quizás esto se explique si tenemos en cuenta que toda la Sierra Subética Cordobesa se encuentra en lo que podemos considerar el centro geográfico de Andalucía, y que tuvo que ser por tanto una zona de paso entre las tierras jienses, malagueñas, granadinas y cordobesas. La cuestión es que aunque no se dispone de mucha información sobre la prehistoria de la localidad (existen algunas evidencias, poco estudiadas, que se remontan al Paleolítico Medio), lo cierto que es en estas tierras se asentó una villa romana (de la que hablaré en otra ocasión como ya he comentado) y un pueblo prerromano en lo alto de lo que se conoce como El Cerro de la Cruz, perteneciente a la compleja y misteriosa cultura íbera. 

Está clara la situación estratégica del Cerro de la Cruz

 Cuando hablamos de los íberos lo hacemos de uno de los pueblos más sofisticados y relevantes del Mediterráneo de la antigüedad. Fue un pueblo de guerreros, artesanos, comerciantes y mercenarios, que habitaron el levante y sur de la Península Ibérica durante varios siglos hasta que cayeron bajo dominio romano. Es difícil definir una entidad cultural ibérica homogénea, pues fueron muchos los diferentes pueblos que constituyeron esta comunidad y jamás tuvieron unos rasgos culturales unitarios, ya sea lengua, historia, religión, etc. Por si esto fuera poco, por un lado tendríamos a los pueblos indígenas de las costas y valles del levante peninsular, y por otro lado a los pueblos del sur, fundamentalmente en el territorio del Valle del Guadalquivir (Turdetania) y el sureste peninsular (Bastetania). En el caso del poblado ibérico de El Cerro de la Cruz personalmente tengo mis dudas sobre si a sus habitantes los podemos catalogar como Turdetanos o Bastetanos (aunque en la propia localidad nos informan que pertenecieron a estos últimos). En todo caso este pueblo se encontraba en zona fronteriza, y llama por eso la atención que no se hayan encontrado murallas en lo que se ha excavado hasta ahora, algo muy corriente en las poblaciones íberas (aunque como veremos quizás no fueron necesarias).  

 Vistas del yacimiento


El poblado ibérico de El Cerro de la Cruz es uno de los pocos poblados de la Baja Época Ibérica (siglos II-III a.C.) que hemos encontrado hasta ahora en Andalucía. Al igual que otros muchos asentamientos dentro del mundo ibérico, se trata de un poblado en alto, construido en una ladera, aprovechando así las ventaja estratégica que ofrece su visibilidad y defensas naturales. De planta compleja, con terrazas escalonadas en la parte alta del cerro, parece que aunque no se han constatado murallas (como he comentado anteriormente), los propios muros del poblado pudieron servir como defensa. En sus calles podemos observar edificios con zócalos de piedra y paredes de ladrillos de adobe. Incluso existen pruebas de edificios de dos plantas. Se diferenciaban además los lugares de hábitat de los lugares de trabajo. Almacenes, talleres de artesanía, molinos, aljibes,.., todo esto y más se encuentran a lo largo de la extensión del yacimiento, lo que nos hace pensar en lo desarrollada que estaba la organización social del poblado. Para realizar todas estas obras es preciso que hubiera una autoridad que ordenara y coordinara el esfuerzo del grupo de personas necesarias para una obra así, con una planta urbanística tan homogénea. Y como suele ser habitual en la arqueología, esto lo podemos comprobar en las necrópolis. En el caso del Cerro de la Cruz éstas se excavaron durante los años 1866 (Maraver y Alfaro) y 1903 (Paris y Engels). Fueron 253 en total las que se encontraron, que incluían un impresionante ajuar bélico, siendo su colección de "falcatas" lo más destacado. Recordemos que la falcata es la arma típica de la aristocracia ibérica y que como pueblo guerrero que era los miembros más poderosos de esta sociedad se hacían enterrar con sus armas. La necrópolis íbera de Almedinilla presenta varios tipos de tumbas, desde la más monumental, perteneciente a la aristocracia del lugar, a la más sencilla, un simple hoyo, donde se enterrarían los vecinos más desfavorecidos. Y en el caso de los íberos siempre hablamos incineración, pues era el ritual funerario generalizado. 





 Queda mucho por descubrir todavía en el Cerro de la Cruz. Sabemos sin embargo como fue su final. Durante las excavaciones se documentó un gran incendio en el poblado y se cree que se debió a un ataque de los romanos que llegaron hasta allí. El poblado no fue posteriormente reconstruido, pasando al olvido. No sabemos prácticamente nada de su historia, tampoco su nombre. No fue hasta 1866 cuando Luis Maraver y Alfaro comenzó las excavaciones. Como suele ocurrir en estos casos, seguramente las historias de encuentros casuales por los vecinos del lugar tendrían la culpa de que llegasen noticias hasta los que sí que vieron aquí un lugar de interés. Después llegaron Pierre Paris y Arthur Engels y siguieron con las excavaciones en la necrópolis. Por desgracia por entonces el patrimonio arqueológico no estaba protegido por ninguna ley, por lo que buena parte del material de Almedinilla se encuentra hoy día disperso. Si os fijáis, quizás os lo encontréis en algún museo importante del mundo. Aún así, y gracias al empeño de los vecinos, este pequeño pueblo de la Subética cordobesa posee su propio Museo Arqueológico Local. Pequeño, pero con una colección fantástica, sencillo, pero con mucho encanto, entre sus vitrinas podemos contemplar algunas piezas espectaculares, como la colección de armas y cerámicas íberas, o la impresionante escultura del Dios Griego del Sueño, Hypnos.. Pero de esto hablaré en una próxima ocasión cuando trate la Villa Romana de El Ruedo. 



Parte de la colección de cerámica íbera del Museo Arqueológico

Para finalizar, os vuelvo a dejar con Engels:

«El Cerro de la Cruz domina Almedinilla con sus rocas enormes cuyo aspecto salvaje se suaviza bajo la cabellera de los olivos, y rudos senderos escalan las pendientes abruptas entre la más rica floración de plantas agrestes que nos hallan sido dado admirar. La ascensión que es larga es sin embargo encantadora por el dulce de los perfumes, la variedad de los puntos de vista y la extensión pintoresca de los panoramas».   




 Magnífica la colección de falcatas de Almedinilla

 Detalles de una falcata con empuñadura en forma de cabeza de caballo



Más información:

Almedinilla Turismo. Ctra. A- 339 km. 37, 14812 Almedinilla. 

Teléfono: 606 97 20 70
 Dirección de correo electrónico: info@almedinillaturismo.es
Fuentes:
Guía del Museo Municipal de Almedinilla


martes, 14 de enero de 2014

Mapas

Un mapa es una representación gráfica y métrica de una porción de territorio generalmente sobre una superficie bidimensional, pero que puede ser también esférica como ocurre en los globos terráqueos. El que el mapa tenga propiedades métricas significa que ha de ser posible tomar medidas de distancias, ángulos o superficies sobre él y obtener un resultado que se puede relacionar con las mismas medidas realizadas en el mundo real.


Iniciados con el propósito de conocer su mundo, y apoyados primeramente sobre teorías filosóficas, los mapas constituyen hoy una fuente importantísima de información y una gran parte de la actividad humana está relacionada de una u otra forma con la cartografía.

La cuestión esencial en la elaboración de un mapa es que la expresión gráfica debe ser clara, sin sacrificar por ello la exactitud.

Wikipedia

(Pulsar en las imágenes para ampliar)

Países en los que no se utiliza el sistema métrico:

 

Celsius vs Fahrenheit:

 

Sistemas operativos más utilizados:



Resultados de pruebas de cálculo del cociente intelectual:



Formación académica de los líderes mundiales:



Lugares más fotografiados:



 Cultivos más generalizados:



Riesgo de sequía:



Explosiones nucleares desde 1945:





sábado, 4 de enero de 2014

Los negativos congelados de Shackleton

Uno de los temas que más me apasionan desde niño son las historias de los pioneros de la exploración, y más en concreto todo lo que rodea a la carrera hacia el Polo Sur. Recuerdo que cuando mis profesores mandaban trabajos escolares sobre algún tema que nos interesase para después exponerlo en voz alta delante de todos, los míos siempre iban sobre la exploración espacial o sobre las historias de Amudsen, Scott y Shackleton, los inmortales héroes de la exploración antártica a inicios del siglo XX. Aunque siempre que nos referimos a la conquista del Polo Sur acabamos hablando de ellos, del triunfo de Amudsen, de la muerte de Scott a su regreso y de la desastrosa expedición transantártica de Shackleton, no debemos olvidar que también hay otros que no son tan conocidos, como Richard E. Byrd, Otto Nordenskjold, Julián Irizar o Luis Pardo, que merecen ser conocidos. Ha pasado un siglo de todas estas aventuras y todavía nos fascina esa etapa heroica, llena de rivalidades que, pese a los años, siguen existiendo a día de hoy. Por eso cada vez que sale una noticia sobre algún hallazgo de la era heroica todos los medios fijan su interés en estos hombres, y también muchos (los británicos fundamentalmente) vuelven a ensalzar aquellas actitudes imperialistas que perviven entre otras cosas gracias al exclusivismo del Tratado Antártico. Lo podemos ver estos días con el revuelo que han causado el revelado de hasta 22 fotografías de la expedición imperial Transantártica de Ernest Shackleton, revelado realizado por la fundación Antartic Heritage Trust (Fundación del Patrimonio de la Antártida). Al parecer los negativos de estas fotografías se encontraban congelados en la cabaña del cabo Evans que en su día usó Robert Scott como campamento base en la carrera hacia el Polo Sur y que posteriormente también fue usada por Shackleton en su odisea. Entre las latas de galletas y botellas de licor, se encontraba una caja que guardaba un pequeño tesoro: 22 placas de nitrato de celulosa, congeladas y pegadas entre sí, que después de un año de trabajo nos permiten contemplar escenas del día a día de la expedición, así como paisajes que se iban encontrando.

Iceberg y tierra. Mirando hacia el sur a lo largo de la península Punta Hut (Hut Point) a la isla de Ross.
Foto:Antarctic Heritage Trust, nzaht.org

Isla de Ross, en la Antártida. Alexander Stevens, jefe científico y geólogo mira al sur desde el Aurora.
 La península Hut Point al fondo.
Foto:Antarctic Heritage Trust, nzaht.org

Alexander Stevens, a bordo del Aurora (segundo barco con equipo de apoyo).
Foto:Antarctic Heritage Trust, nzaht.org

En los últimos años Shackleton se ha convertido en protagonista de muchos manuales sobre liderazgo. La historia de la expedición transantártica (1914-1916) que se vio condenada al fracaso cuando su barco, el Endurance, quedó atrapado en el hielo, y como "el Jefe" Shackleton se las apañó para que tanto él como su tripulación regresasen a casa sanos y salvos tras casi dos años en el hielo, se estudia en numerosas escuelas de negocios para aprender a gestionar una crisis. A través de esta historia los alumnos descubren la importancia de la perseverancia, la resiliencia, la capacidad de adaptación o la perspectiva. Seguro que estas fotografías se sumarán al material que emplean las escuelas de los futuros líderes empresariales para motivarlos. Esperemos que del ejemplo de Shackleton los alumnos aprendan sobretodo la responsabilidad, el no lavarse las manos ante sus errores, algo que por desgracia parece que han olvidado muchos políticos y empresarios de hoy en día. Una lección fundamental que nunca debería olvidarse y que podemos aprender del ejemplo de estos grandes aventureros.

Más información:
Antartic Photo Gallery (Antartic Heritage Trust)

Fuentes:
Fundación Antartic Heritage Trust
Wikipedia
 

sábado, 28 de diciembre de 2013

El colapso de la especie

 Esta mañana me levanto leyendo los titulares de los medios de comunicación que triunfalistas, al igual que el presidente del gobierno, anuncian el comienzo de la recuperación económica para este 2014 que está a punto de llegar. Supongo que cuando Rajoy habla del fin de la crisis habla de "su" fin de la crisis. De él y de los suyos, claro. Entiendo que habla de las grandes empresas, de la macroeconomía. Pero mientras que el líder conservador intenta hacernos creer que gracias a sus injustas medidas por fin llegaron los brotes verdes (olvidándose como siempre del gran sacrificio que está haciendo la sociedad), otras voces hablan de que está a punto de producirse una nueva recaída provocada por un próximo empeoramiento de los mercados financieros (la mayoría están sobrevalorados, por lo que algunos ya prevén una venta masiva), deteniéndose así el crecimiento económico e intensificándose la recesión con más fuerza en muchos países. Así estamos. Y por supuesto siempre que hablemos de la crisis económica, dejando a un lado la crisis energética y medioambiental provocadas por el sistema insostenible en el que estamos instalados..

Ya hace unos años contaba Eudald Carbonell, catedrático de prehistoria y codirector de las excavaciones en el yacimiento de Atapuerca, que esta crisis es en realidad el inicio del colapso de la especie. Según Carbonell todavía no somos capaces de cambiar el sistema en el que estamos instalados. "La crisis se contendrá y habrá una apariencia de buen funcionamiento", dice Carbonell, palabras que nos recuerdan al optimismo actual, para a continuación advertir: "Si no se toman medidas para que se produzca un cambio en el sistema, se acelerará la crisis y estaremos en una evolución del sistema. Si lleva a un desgaste tendremos una pérdida de entre el 10% y el 20% de la especie por el conflicto entre la sociedad económica y de composición de la estructura evolutiva. Todas las transformaciones de los sistemas sociales y económicos se han metabolizado en pérdidas de población. La Revolución Industrial es consecuencia de la aplicación de la ciencia y la técnica a los procesos productivos. Asimilarla costó dos guerras mundiales, con lo que calculo que hubo 200 millones de muertes en el siglo XX. Si aplicamos el mecanismo de adaptación de la revolución científico-técnica a entre 7.000 y 8.000 millones de habitantes, es una pérdida importante".

Todo esto da que pensar, ¿verdad?

Podéis ver la mini-entrevista que realizó para la televisión digital catalana SiEsTV. El vídeo está subtitulado al español.




lunes, 11 de noviembre de 2013

Cisternas romanas de Monturque


Después de un tiempo de parón en el blog volvemos a ponernos manos a la obra. La verdad es que tenía ganas. Y no es que haya estado ocioso precisamente. De hecho, he aprovechado mi tiempo libre para realizar algunas visitas por lugares de interés desde el punto de vista histórico en el sur de Córdoba. Aunque la ruta fundamentalmente ha consistido en visitar algunos museos arqueológicos, de los que iré dando debida cuenta, quizá fue la visita a las cisternas romanas de Monturque la que más me sorprendió. Hacía mucho que había oído hablar de ellas, y sin embargo el fallo por mi parte de considerarlas como una simple obra de ingeniería hidráulica de los romanos, fue lo que me llevó a no interesarme mucho por ellas. De ahí una vez en su interior me quedase maravillado de contemplar tanto el ingenio como la historia que conllevan sus muros, así como el sorprendente lugar en el que se encuentran. Si estáis preparados, comencemos la visita, conociendo en primer lugar algo sobre Monturque.



Monturque, mons urk, monte de la roca, según dice una teoría sobre su nombre, es un pequeño municipio de apenas 2000 habitantes situado al sur de la provincia de Córdoba (a 61 km de la capital) que como bien indica su nombre se asienta sobre una gran roca caliza, que por su estratégica posición de dominio visual (tiene una altitud de casi 400 m) en plena vía Corduba-Anticaria (Córdoba-Antequera), debió alcanzar una gran importancia durante la dominación romana. Así lo demuestra la cantidad de restos arqueológicos localizados de esta época, aunque no solo de ella, pues también se han encontrado evidencias de asentamientos de épocas anteriores, tanto del periodo calcolítico como de la cultura tartésica e íbera, y también posteriores, ya que hubo población musulmana instalada sobre el asentamiento romano, y más tarde llegaría a ser un pueblo de señorío, hasta su desvinculación señorial en pleno siglo XIX. Pero lo que nos trae aquí es justamente su pasado romano, del que por desgracia sabemos muy poco. Ni siquiera su nombre. Para algunos Monturque fue Spalis, Meurera, Tucci-Vetus, Castrum-Lucci, Soricaria.. e incluso la mítica Munda, que nadie acaba de situar exactamente. De su esplendoroso pasado romano nos quedan varios testimonios, siendo las cisternas el más sobresaliente, pues es uno de los mejores ejemplos de ingeniería romana de la Península Ibérica. Las cisternas, destinadas aprovechar el agua de lluvia, son además las únicas visitables en España. Y lo más curioso de todo es que se encuentran en el interior del antiguo cementerio de la localidad. Así que para bajar hasta ellas antes tendremos que visitar el cementerio de San Rafael.

Imagen del cementerio. Debajo del suelo están las cisternas. Podemos ver los respiraderos. A la derecha, la entrada.

Según parece, las cisternas romanas de Monturque se descubrieron por casualidad en 1885, mientras se hacía una fosa común para enterrar los muchos fallecidos de la localidad a causa de una terrible epidemia de cólera. Los trabajadores se tropezaron de pronto con una serie de galerías que enseguida se presumió musulmanas y que llevaron incluso a parte de la población a colaborar en su descubrimiento esperando quizás encontrar algún tesoro escondido. Visto que allí no estaba el oro musulmán, 'las minas', como así se conocen popularmente en Monturque, se utilizaron como osario del cementerio e incluso como almacén del ayuntamiento de la localidad, dejándolas casi en el olvido, hasta que a finales del siglo pasado se le empezó a dar la importancia que tenían. Datadas del siglo I d.c., estas doce cámaras abovedadas fueron declaradas Bien de Interés Cultural en 1996.


Plano de las cisternas

Todo parece indicar que en este lugar del cerro de Monturque, en donde se asienta el antiguo cementerio de la localidad, debió situarse el foro de la ciudad. Así podemos ver alrededor del cementerio los restos de algunas termas privadas y un criptopórtico. La distribución urbanística fue claramente planificada. Y por debajo del suelo de la ciudad se situaron las cisternas, que recogían toda el agua de lluvia del foro. La construcción de estas doce cámaras cubiertas con bóvedas de medio cañón y distribuidas en tres naves es sorprendente. Los obreros tuvieron que excavar un hueco enorme para posteriormente levantar sus paredes usando un sistema de encofrado y después enlucirlas, haciéndolas impermeables. Los componentes por tanto son dos: hormigón (opus caementicium) y argamasa (opus signinum). Finalmente la obra se recubriría con tierra, nivelando el terreno. Para hacernos una idea de su grandeza pensemos en un simple dato: las cisternas tenían una capacidad de 850.000 litros.


 Distinas imágenes de las cisternas romanas


Aquí podemos ver el hormigón y la argamasa romana

Criptopórtico de Monturque

 El ayuntamiento de Monturque ha hecho una gran apuesta por su patrimonio como motor de desarrollo económico, algo que es de aplaudir. Con una fantástica iluminación, distinta en cada una de las cisternas, no se hace cansina la visita. Además encontraremos una gran cantidad de información en los distintos paneles del recorrido. Desconozco si se pueden hacer visitas por libre. Yo la hice con un guía de la localidad, algo muy recomendable para conocer todas las curiosidades del lugar, tanto de las cisternas como del cementerio. No obstante, y aunque suene muy tétrico, el antiguo cementerio de Monturque se encuentra dentro de la Ruta Europea de los Cementerios por tener un yacimiento arqueológico en su interior. Una visita imperdible.

En esta imagen se puede observar el sistema de enconfrado que usaron



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