El poeta con alma de pensador y el pensador con alma de poeta

Durante 1930 Rabindranath Tagore y Albert Einstein se encontraron en Berlín y Nueva York. La conversación que traigo es una traducción de la publicada en “La religión del hombre” de Tagore.



TAGORE: Hoy estuve discutiendo con el Doctor Mendel sobre los nuevos descubrimientos matemáticos que nos dicen que en el reino de los átomos infinitesimales la casualidad entra en juego; el drama de la existencia no estaría predestinado en el carácter.


EINSTEIN: Los hechos que llevan a la ciencia a encaminarse a esta visión no se despiden de la causalidad.


TAGORE: Tal vez no, aún así parece que la idea de causalidad no está en los elementos, sino que otra fuerza constituye con ellos un universo organizado.


EINSTEIN: Uno trata de entender cómo es el orden desde un plano superior. El orden está ahí, donde los grandes elementos se combinan y guían la existencia, pero en los elementos mínimos este orden no es perceptible.


TAGORE: Tal dualidad está en las profundidades de la existencia, la contradicción del libre impulso y el deseo director que trabaja sobre él generando un ordenado esquema de cosas.


EINSTEIN: La física moderna no nos dice que ellos sean contradictorios. Las nubes lucen como una sola desde la distancia, pero si las observas desde cerca, se muestran como un conjunto de agua desordenado.


TAGORE: Yo encuentro que existe paralelismo en la psicología humana. Nuestras pasiones y deseos están desregulados, pero nuestro carácter subyuga esos elementos en una totalidad armoniosa ¿Sucede algo similar en el mundo físico? ¿Son los elementos rebeldes, movilizados por un impulso individual? ¿Y hay en el mundo físico un principio que les domine y les inserte en una ordenada organización?


EINSTEIN: Incluso los elementos no están exentos de un orden permanente; los elementos siempre mantendrán su orden específico, ahora y siempre hacia adelante, justo como lo han hecho todo el tiempo. Existe, por tanto, un orden permanente en los elementos.




TAGORE: De otra manera, el drama de la existencia sería demasiado azaroso. Es la constante armonía de casualidad y determinación lo que la hace eternamente nueva y vivencial.


EINSTEIN: Yo creo que lo que sea que hagamos o vivamos tiene su causalidad; es bueno, sin embargo, que nosotros no podamos ver a través de ella.


TAGORE: Existe en el comportamiento humano un elemento de elasticidad también, algo de libertad al interior de un pequeño rango que expresa nuestra personalidad. Es tal cual el sistema musical de la India, el cual no está tan rígidamente constituido como la música occidental. Nuestros compositores entregan ciertos márgenes que lo definen, un sistema de arreglos de melodía y ritmo, y con un cierto límite el interprete puede improvisar sobre este. Debe ser uno con la ley de esa particular melodía. y luego puede dar espontánea expresión a su sensibilidad musical al interior de la regulación previamente escrita. Alabamos al compositor por su genio en crear una base con una estructura de melodías, pero nosotros esperamos del intérprete su propia habilidad en la creación de variantes de ornamentación melódica. En la creación seguimos la ley central de la existencia, pero si no nos cortamos en su deriva, podemos tener suficiente libertad al interior de los límites de nuestra personalidad para una máxima expresión propia.


EINSTEIN: Eso es posible sólo donde hay una fuerte tradición artística que guía la mente de las personas. En Europa, la música se ha alejado demasiado del arte y sensibilidad populares volviéndose algo así como un arte secreto con convenciones y tradiciones propias.


TAGORE: Ustedes han de ser absolutamente obedientes a esa música tan compleja. En India, la medida de libertad de un cantante está en su propia personalidad creativa, él puede cantar la canción del compositor a su antojo, si posee el poder creativo para expresarse a sí mismo en su interpretación de la ley melódica general que le ha sido dada para interpretarla.


EINSTEIN: Se requiere un nivel artístico muy elevado para realizar completamente la gran idea de la música original, de manera que uno pueda hacer variaciones sobre ella. En nuestro país, las variaciones son frecuentemente escritas previamente.


TAGORE: Si en nuestra conducta nosotros podemos seguir la ley de la bondad, podemos alcanzar una auténtica libertad de expresión propia. El principio de la conducta está ahí, pero el carácter que le hace verdadero e individual es nuestra propia creación. En nuestra música hay una dualidad de libertad y orden prescrito.


EINSTEIN: ¿Son las palabras de la canción también libres? Quiero decir ¿está el cantante en libertad de agregar sus propias palabras a la canción que está cantando?


TAGORE: Sí. En Bengala tenemos un tipo de canción la cual entrega libertad al cantante para introducir comentarios entre paréntesis, frases que no estaban en la canción original. Esto ocasiona gran entusiasmo, ya que la audiencia está constantemente siendo estimulada por algo hermoso, sentimientos espontáneos agregados por el cantante.


EINSTEIN: ¿Es algo severo el sistema métrico?


TAGORE: Sí, algo. No puedes excederte de los límites de versificación; el cantante en todas sus variaciones debe mantener el ritmo y el tiempo, en que ha sido compuesta la canción. En la música Europea posees una libertad comparable en el tiempo, pero no con la melodía.


EINSTEIN: ¿Puede la música India ser cantada sin palabras? ¿Puede uno concebir una canción sin palabras?


TAGORE: Sí, tenemos canciones con palabras sin significado, sonidos que contribuyen actuando como portadores de las notas. Al Norte de la India, la música es una arte independiente, no así la interpretación de palabras y pensamientos, como en Bengala. La música es muy intrincada y sutil, es un mundo completo de melodía en sí mismo.


EINSTEIN: ¿No es polifónica?


TAGORE: Los instrumentos son usados, no por la armonía, sino que para mantener el tiempo y agregar el volumen y la profundidad ¿Ha sufrido la melodía en su música la imposición de la armonía?


EINSTEIN: A veces su sufrimiento es enorme. A veces la armonía absorbe la melodía en su conjunto.


TAGORE: Melodía y armonía son como las líneas y colores en las pinturas. Una pintura de simples líneas puede ser absolutamente hermosa; la introducción del color puede hacerla vaga e insignificante. Pero también el color puede combinarse con líneas dando origen a grandes pinturas, mientras eso no aminore o destruya su valor.


EINSTEIN: Es una bella analogía; la línea es mucho más antigua que el color. Parece que su melodía es mucho más rica en estructura que la nuestra. La música japonesa también parece serlo.


TAGORE: Es difícil analizar el efecto de la música de oriente y occidente sobre nuestras mentes. La música occidental me atrae mucho; siento que es grandiosa, que es vasta en su estructura y grande en su composición. Nuestra música propia me toca de una manera más profunda por su súplica lírica fundamental. La música europea es épica en carácter; tiene un amplio fondo y su estructura es gótica.





EINSTEIN: Esta es una pregunta que nosotros los europeos no podemos responder apropiadamente, estamos tan acostumbrados a nuestra música propia. Deseamos saber si nuestra propia música es una sensación humana convencional o fundamental, si sentir consonancia y disonancia es natural, o una convención que aceptamos.


TAGORE: De alguna manera el piano me confunde. El violín me complace mucho más.


EINSTEIN: Sería interesante estudiar los efectos de la música Europea en un Indio que nunca la ha escuchado en su juventud.


TAGORE: En cierta ocasión le pedí a un músico inglés que analizara cierta música clásica para mí, y que me explicara cuáles eran los elementos que constituían lo bello de la pieza.


EINSTEIN: La dificultad es que la música realmente buena, sea esta del oriente u occidente, no puede ser analizada.


TAGORE: Sí. ¿Y cuáles son los efectos profundos tras el auditor?


EINSTEIN: La misma incertidumbre persistirá siempre respecto a todo lo fundamental de nuestra experiencia, en nuestra reacción frente al arte, sea en Europa o en Asia. Incluso la flor roja que veo frente a mí sobre su mesa puede no ser la misma para usted que para mí.


TAGORE: Y aún ahí persiste el proceso de reconciliación entre ellos, el gusto individual conforme a la norma universal.


Visto en:

School of wisdom





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