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miércoles, 9 de abril de 2014

Mundo Futuro III

Han tenido que pasar 7 años y una portada en Menéame para que me decida a publicar la 3ª parte de Mundo Futuro. Supongo que en su momento me pareció tan fantasioso lo que se contaba en aquella parte del suplemento especial de Muy Interesante de octubre 1992 que decidí dar por cerrada la serie. Ha pasado tanto tiempo que ni estoy seguro. Así que es un buen momento para terminar la trilogía todo gracias a la iniciativa de EvilGeniusFromHell (sic) y al interés de los meneantes. Dejar claro que todo lo que aquí se expone sale de los artículos que por 1992 publicaron Alejandro Sacristán, José Antonio Mayo y María Estalayo, entre otros. Resulta llamativo seguir hablando en futuro de aquellas ideas que se planteaban en unos artículos publicados hace ya la friolera de 22 años.

Img: Portada del espacial 'Los próximos 100 años' de Muy Interesante

Es esta tercera parte, que va de 2060 al 2092, la que la autora del artículo, María Estalayo, denominó LA SOCIEDAD DE LAS UTOPÍAS. Un momento en el que ser humano ya habría cubierto todas sus necesidades materiales e iría, ahora sí, en pos de la utopía. Teniendo la 'mente global' como objetivo, se desarrollará un proyecto espiritual que integre a la humanidad con el planeta y con el resto del universo. Veamos lo que proponía la autora entonces..

Vivir todas las experiencias de hombres y animales será la gran conquista tecnológica de finales del siglo XXI. Podremos repetir en la conciencia de un ser vivo la memoria y los sentimientos de un antepasado. Algo parecido a aquella fantástica película de 1983 llamada Proyecto Brainstorm. Ya en 1992 el físico Freeman J. Dyson aseguraba que llegaría el momento en que la distinción entre vivo o muerto, presente y pasado, sería algo confuso, debido a las 'máquinas de los recuerdos'. También defendía los implantes de recuerdos artificiales (tal y como se mostraba en la por entonces reciente Desafío Total). Freema Dyson también imaginaba un mundo en el que en lugar de admirar la belleza de la naturaleza desde fuera, se miraría directamente, a través de los ojos de los animales. Para entonces ya conoceríamos los códigos electroquímicos por los que las imágenes son convertidas en sensaciones. Podría devolverse por tanto la vista a los ciegos, incluso si carecen de ojos. Se podría ir más allá y bucear en la memoria genética de la célula hasta recomponer la historia de los seres vivos del planeta, algo que la autora del artículo relaciona con la, también por entonces reciente, teoría de Rupert Sheldrake sobre los campos morfogenéticos.

Img: Proyecto Brainstorm. MGM.

Una vez cubiertas todas las necesidades tanto materiales como energéticas, gracias entre otras cosas al control de la población, la conquista del espacio y el desarrollo tecnologías microscópicas, la autora planteaba que la humanidad tendería al dominio de la última frontera: la mente y  la muerte. La comunicación directa cerebro a cerebro y la telepatía, algo que ya planteaba Asimov en La mente errabunda (donde concebía un transductor implantado en el cuerpo capaz de convertir la información electrónica en un tipo de impresión que el cerebro puede interpretar), cambiará la relación entre las personas. Se llegaría a comprender al otro en su totalidad, por lo que devengaríamos en seres cuasi espirituales. Habríamos alcanzado la mente global. Estaría por resolver por tanto dónde quedaría la intimidad y la individualidad.

 Img: X-Men. 20th Century Fox

Pero también debemos considerar que ya para entonces la humanidad podría haber mutado, deshaciéndose de la carga corporal. La vejez y la enfermedad no serán por tanto un problema. En 1992 algunos expertos en robótica, como Hans Moraver, defendían que no había razones para que no fuéramos en un futuro inmortales. Moraver planteaba colocar el cerebro en un cuerpo de metal. Otros, como Dougal Dixon, proponían alteraciones genéticas para que el cuerpo durase eternamente. O Paul Segall, que defendía que la clonación crearía embriones que servirían como banco de células y tejidos.

Y llegaríamos así al último paso evolutivo, desde las estructuras de calcio a las ectoplasmáticas. El ya mencionado Freeman Dyson imaginaba seres humanos muy evolucionados, formando una nube desmaterializada que viviría en los espacios interplanetarios. Una conciencia única en forma de nube galáctica. Algo ya propuesto anteriormente por Fred Hoyle en La nube negra. El secreto estaría según autores como Arthur C. Clarke en la cuarta dimensión. Un objeto que se moviera en esa dimensión sería invisible en nuestro mundo tridimensional, defendía. Clarke aseguraba que esa cuarta dimensión se podría crear artificialmente.

Pero si a finales del siglo XXI no hemos alcanzado un grado tan evolucionado de desarrollo espiritual, de todas formas seguiríamos con la expansión tecnológica. Llegaremos a terreformar planetas hasta el momento inhabitables. Serán la biología molecular, las neurofisiología y la física espacial las áreas del conocimiento que dominarán el siglo XXI, aseguraba la autora del artículo. Dyson proponía el diseño de naves espaciales que pesasen sólo un kilo. Naves que no se construirían, sino que crecerían, pues estarían organizadas biológicamente y sus planos se escribirían en el lenguaje del ADN. Estas naves, dotadas de una evolucionada inteligencia artificial, podrían desarrollar alas, patas, o lo que necesitasen una vez llegadas a destino.


Img: Prototipo de insecto robot de la NASA. 1992.

En este avance por el espacio nos encontraremos inevitablemente con otras civilizaciones. La mayoría de los estudios de prospectiva ya entonces situaban en las últimas décadas del siglo XXI el encuentro con alienígenas, y lo que ello supondrá de transformación de nuestro planeta. Como defendía entonces María Estalayo, quizá antes logremos tomar contacto con otras especies no humanas terrestres, como los defines. Si a finales del siglo XXI llegamos a un estado de comunicación absoluta con animales e incluso plantas (y tal vez con el propio planeta), el ser humano habrá trascendido su condición de especie. La mayoría de nosotros no estará aquí para vivir semejante experiencia, pero tan solo el planteárselo es ya un fantástico viaje.

Img: Contact. Warner Bros Pictures.



Fuente:
Suplemento de la revista Muy Interesante nº 137, octubre 1992.


Entradas relacionadas:

Mundo Futuro I
Mundo Futuro II

jueves, 20 de marzo de 2014

Locos por Cosmos

Después de vistos dos episodios de la nueva serie de Cosmos, no puedo más que elogiar el trabajo de sus creadores. Si ya el primero fue fantástico, el segundo episodio de Cosmos es el mejor documental sobre Evolución que he visto nunca. Espectacular, accesible, demoledor. Deja claro que la Evolución es un hecho, por si alguien tenía dudas. Es tan brutal que la publicidad en las pausas es de una levedad abrumadora. Absurda y vacía por comparación. Qué gozada de programa. Y lo mejor es ver el pánico que ha desatado en los sectores conservadores de Estados Unidos..


Delilah, de dos años, también se vuelve loca por el Cosmos de Neil Degrasse Tyson. Se emociona y da saltos de alegría cuando reconoce el Sol y la Luna, el Cinturón de asteroides, Júpiter o los anillos de Saturno en las animaciones. Solo hay que ver su pijama para ver que es una apasionada por el espacio. Maravillosa. Ahí podemos tener a una futura científica.. 
















miércoles, 12 de febrero de 2014

Aborto y descenso de la delincuencia

En estos días, en los que en España estamos retrocediendo en derechos por la política ultraconservadora que está desarrollando el actual gobierno con su mayoría parlamentaria, imponiéndonos a todos su hipócrita moral, su miseria material y su pretendida superioridad espiritual, muchos no podemos dejar sentir rabia e impotencia por tardes como la de ayer, en la que se volvieron a pisotear los derechos de las mujeres a la vez que se acababa con la Justicia Universal, decidiendo no perseguir internacionalmente a torturadores, asesinos, genocidas, dictadores y fascistas, llevándonos por tanto a todos a un retroceso absoluto en Derechos Humanos. Todos los días nos escandalizamos ante las noticias de abusos que se están produciendo por la falta de separación de poderes, vemos como se indulta a delincuentes, se hace la vista gorda ante la corrupción, se realizan amnistías fiscales para que los defraudadores no paguen por sus delitos, se carga todo el peso de la crisis económica en las clases bajas mientras se protege con todos los instrumentos a los más poderosos, se muestran fuertes con los débiles y cobardes con los fuertes, muestran una absoluta falta de compasión por los más desfavorecidos, alardean de datos macroeconómicos (ilusos ellos) mientras desprecian las alarmantes cifras de cierre de empresas, paro y pobreza. Esta derecha, carca y antigua, heredera ideológica de la dictadura, que se proclama liberal pero que no renuncia a seguir mamando de lo público, es un hazmerreír en toda Europa y está arrastrando a la tan proclamada por ellos "marca España" al mayor de los ridículos. 

No me extenderé más con la crítica. Resultan tan vergonzosas las declaraciones que se están produciendo estos días en todos los ámbitos por dirigentes y representantes del Partido Popular que se califican por sí mismas.

Pero volvamos a lo que nos traía aquí, al tema del aborto, que durante estos días vuelve a la palestra por la reforma que pretende imponer el actual gobierno. Sé que el aborto es un tema delicado. Para los que se califican de pro vida es en el momento de la concepción cuando comienza una vida, equiparando el valor de un feto al de un recién nacido. Para los pro elección, el derecho de la mujer a abortar supera a cualquier otro factor.. Podemos considerar también un tercer grupo, que no cree que el feto sea totalmente equivalente a un recién nacido, aunque considera que debería tener ciertos derechos. ¿Dónde quedaría la línea? Realmente es un tema complicado con muchas sensibilidades de por medio y que se debe debatir desde muchos puntos de vista. Y lo digo bien claro, se debe debatir, y no dejar a un lado la opinión de expertos y afectados.



Hace unos años ya traje aquí un lúcido artículo de Carl Sagan sobre el tema: entre la vida y la elección.

Hoy traeré otra reflexión, la que Steve D. Levitt y Stephen J. Dubner plantearon en su best-séller internacional Freakonomics. En un capítulo del libro los autores se propusieron demostrar que existía una relación entre el aborto y el descenso de la delincuencia. Os dejo con su reflexiones.

El perjuicio que el Estado ocasionaría a la mujer embarazada al denegar su elección resulta evidente... La maternidad, o el aumento de la descendencia, pueden imponer a la mujer una vida y un futuro angustioso. El daño psicológico puede ser inminente. El cuidado de un hijo puede poner a prueba la salud mental y física. También la angustia, para todos los involucrados, asociada al niño no deseado, y el problema de criar a un hijo en una familia que ya es incapaz, psicológicamente o de otra forma, de cuidad de él.

En Estados Unidos, a finales de los 70, varios estados comenzaron a permitir el aborto en circunstancias extremas, como violación, incesto o peligro para la madre. El 22 de enero de 1973, la legalización del aborto se extendió a todo el país gracias al fallo del Tribunal Supremo en el caso "Roe contra Wade". Como se ha podido ver en el párrafo anterior, el veredicto se basaba especialmente en las dificultades de la madre potencial. El Tribunal dio voz a lo que muchas madres sabían desde mucho tiempo atrás, a saber, que cuando una mujer no desea tener un hijo, generalmente cuenta con buenas razones para ello. Existen mil razones para que sienta que no puede proporcionar un ambiente familiar adecuado en ese momento.

El primer año después del caso "Roe contra Wade", en Estados Unidos abortaron cerca de 750.000 mujeres (un aborto por cada cuatro nacimientos). En 1980, el número de abortos alcanzó la cifra de 1,6 millones (uno por cada 2,5 nacimientos), momento en que la cifra se estabilizó. 

Antes de "Roe contra Wade", las mujeres que podían concertar y permitirse un aborto ilegal eran mujeres de clase media y alta. Ahora, en lugar de un procedimiento ilícito que podía costar quinientos dólares, cualquier mujer estaba en situación de abortar con facilidad, a menudo por cien dólares.

¿Qué tipo de mujer tenía más probabilidades de beneficiarse del precedente creado por "Rose contra Wade"? Con frecuencia se trataba de mujeres solteras, adolescentes o pobres, y en ocasiones, las tres cosas al mismo tiempo. ¿Qué tipo de futuro podría haber tenido su hijo? Según un estudio el hijo típico que no nació en los primeros años tras la legalización del aborto habría tenido un 50% más de probabilidades de vivir en la pobreza que la media; también un 60% más de crecer con un solo progenitor. Estos dos factores se encuentran entre los principales que permiten predecir que un niño tendrá un futuro criminal. Crecer en una familia monoparental aproximadamente duplica la propensión de un niño a cometer un delito. Al igual que tener una madre adolescente. Otro estudio ha demostrado que entre los factores que conducen a la criminalidad, el más determinante es el bajo nivel educativo materno.

No cabe duda de que la legalización del aborto en Estados Unidos tuvo miles de consecuencias. El infanticidio disminuyó de manera radical. También lo hicieron los matrimonios "de penalti" y el número de niños entregados en adopción (lo que condujo al auge de adopciones de niños extranjeros). Las concepciones aumentaron casi un 30%, pero los nacimiento descendieron un 6%, lo cual indica que muchas mujeres utilizaban el aborto como método radical de control de la natalidad. 

No obstante, tal vez el efecto más drástico de la legalización del aborto, y que tardaría años en salir a la luz, fue su impacto en la criminalidad. A principios de los 90, cuando la primera generación de niños que nacieron tras "Roe contra Wade" dejaba atrás la adolescencia -la edad en que los hombres jóvenes se introducen en el mundo de la delincuencia- el índice de criminalidad comenzó a descender. Lo que faltaba en esta generación, por supuesto, eran los niños con mayores probabilidades de convertirse en delincuentes. Y el índice de criminalidad continuó descendiendo cuando toda una generación alcanzaba la mayoría de edad sin aquellos niños cuyas madres no habían querido traer un nuevo ser al mundo. La legalización del aborto supuso menos hijos no deseados, los hijos no deseados suponen un alto índice de criminalidad; por consiguiente, la legalización del aborto supone menos crímenes.

  

 Fuente: Freakonomics. S.D Levitt y S. J. Dubner. Ediciones B.


sábado, 3 de septiembre de 2011

Beneficios de la meditación



Matthieu Ricard es un biólogo molecular que hace más de treinta años decidió convertirse en budista y actualmente es el asesor personal del Dalai Lama. Este hombre, de 65 años, que vive en una pequeña choza en Nepal con las mínimas comodidades, es considerado por los científicos de la Universidad de Wisconsin el hombre más feliz de la tierra. Las puntuaciones de "felicidad" que obtuvo tras someterse a los métodos más modernos de la neurociencia en sesiones continuas superaron todas las expectativas. En una calificación que iba de 0,3 (muy infeliz) a -0,3 (muy feliz), Matthieu Ricard logró un -0,45, una puntuación imposible de imaginar. Además, una valoración combinada de todas sus sensaciones mostró que las emociones positivas sobrepasaban plenamente las negativas.

El siguiente vídeo es un resumen que he encontrado en youtube del programa que Redes dedicó a los beneficios de la meditación donde participaba Ricard.







sábado, 22 de enero de 2011

tú, yo y el libre albedrío

La semana pasada traje aquí una conversación entre Tagore y Einstein que giraba fundamentalmente en torno a la idea del libre albedrío. El místico Tagore defendía el libre albedrío, ya fuera en el plano subatómico, donde se acogía al principio de incertidumbre para mostrar a Einstein que la existencia no está predeterminada, como en el plano de la existencia humana, al hablar de la libertad que expresa nuestra realidad poniendo como ejemplo a los músicos indios y su amor por la improvisación. Por su parte, el científico Einstein defendía la causalidad de forma universal, argumentando que incluso es positivo que creamos que esto no es así. Nuestra idea de libertad por tanto no dejaría de ser una ilusión creada por el cerebro.


Esta conversación entre los dos premios Nobel es una pequeña muestra del debate que lleva siglos produciéndose. El libre albedrío es uno de los temas centrales de la historia de la filosofía y la ciencia. ¿Realmente tenemos el control de nuestras propias acciones? ¿O somos autómatas que ejecutamos una secuencia de acciones propuestas de antemano por nuestro cerebro inconsciente? A todos nos gusta sentir la idea de libertad, creer que somos seres humanos libres, no robots ni esclavos.


Pero curiosamente, y según ha demostrado recientemente una serie de cuatro experimentos, la mayoría de nosotros pensamos que tenemos mucho más libre albedrío que los demás. Así lo afirman investigadores de la universidad de Princeton, en Estados unidos, que estudiaron las diferencias entre la forma de percibimos a nosotros mismos y cómo nos perciben los demás. En el experimento 1, los participantes veían su propio pasado y su futuro como menos predecible a priori que el de sus compañeros. En los experimentos 2 y 3, los participantes pensaron que había más caminos posibles (buenos y malos) en su propio futuro que en el futuro de sus compañeros. En el experimento 4, los participantes consideraron su comportamiento futuro, en comparación con el de sus compañeros, como más impulsado por intenciones y deseos (en lugar de la personalidad, las características aleatorias de la situación o la historia). Aquí se puede leer más información sobre los experimentos.


Así, mientras que nos vemos a nosotros mismos como seres autónomos con la capacidad de tomar decisiones entre diversas opciones disponibles, parece que no vemos lo mismo en los demás. Son los otros los que caminan por la vida dirigidos. Nuestras acciones se deben a una situación dada, y son las intenciones y los deseos los que nos movilizan, mientras que en la misma situación, las acciones del otro son producto de su personalidad o de las circunstancias. Y es que parece que solemos ver la personalidad como algo muy fijo en una persona, y por tanto vemos las acciones de los demás como más predecibles, no dejando lugar a su libre albedrío.


Descubrimientos como el funcionamiento de las neuronas espejo parecen indicarnos que evolucionamos hacia una mayor conexión entre nuestras mentes, hacia un mayor entendimiento del otro. Y sin embargo, investigaciones como esta ponen en duda esos argumentos: si no vemos al otro como igual, siempre será más difícil el encuentro.



Más información:


sábado, 15 de enero de 2011

El poeta con alma de pensador y el pensador con alma de poeta

Durante 1930 Rabindranath Tagore y Albert Einstein se encontraron en Berlín y Nueva York. La conversación que traigo es una traducción de la publicada en “La religión del hombre” de Tagore.



TAGORE: Hoy estuve discutiendo con el Doctor Mendel sobre los nuevos descubrimientos matemáticos que nos dicen que en el reino de los átomos infinitesimales la casualidad entra en juego; el drama de la existencia no estaría predestinado en el carácter.


EINSTEIN: Los hechos que llevan a la ciencia a encaminarse a esta visión no se despiden de la causalidad.


TAGORE: Tal vez no, aún así parece que la idea de causalidad no está en los elementos, sino que otra fuerza constituye con ellos un universo organizado.


EINSTEIN: Uno trata de entender cómo es el orden desde un plano superior. El orden está ahí, donde los grandes elementos se combinan y guían la existencia, pero en los elementos mínimos este orden no es perceptible.


TAGORE: Tal dualidad está en las profundidades de la existencia, la contradicción del libre impulso y el deseo director que trabaja sobre él generando un ordenado esquema de cosas.


EINSTEIN: La física moderna no nos dice que ellos sean contradictorios. Las nubes lucen como una sola desde la distancia, pero si las observas desde cerca, se muestran como un conjunto de agua desordenado.


TAGORE: Yo encuentro que existe paralelismo en la psicología humana. Nuestras pasiones y deseos están desregulados, pero nuestro carácter subyuga esos elementos en una totalidad armoniosa ¿Sucede algo similar en el mundo físico? ¿Son los elementos rebeldes, movilizados por un impulso individual? ¿Y hay en el mundo físico un principio que les domine y les inserte en una ordenada organización?


EINSTEIN: Incluso los elementos no están exentos de un orden permanente; los elementos siempre mantendrán su orden específico, ahora y siempre hacia adelante, justo como lo han hecho todo el tiempo. Existe, por tanto, un orden permanente en los elementos.




TAGORE: De otra manera, el drama de la existencia sería demasiado azaroso. Es la constante armonía de casualidad y determinación lo que la hace eternamente nueva y vivencial.


EINSTEIN: Yo creo que lo que sea que hagamos o vivamos tiene su causalidad; es bueno, sin embargo, que nosotros no podamos ver a través de ella.


TAGORE: Existe en el comportamiento humano un elemento de elasticidad también, algo de libertad al interior de un pequeño rango que expresa nuestra personalidad. Es tal cual el sistema musical de la India, el cual no está tan rígidamente constituido como la música occidental. Nuestros compositores entregan ciertos márgenes que lo definen, un sistema de arreglos de melodía y ritmo, y con un cierto límite el interprete puede improvisar sobre este. Debe ser uno con la ley de esa particular melodía. y luego puede dar espontánea expresión a su sensibilidad musical al interior de la regulación previamente escrita. Alabamos al compositor por su genio en crear una base con una estructura de melodías, pero nosotros esperamos del intérprete su propia habilidad en la creación de variantes de ornamentación melódica. En la creación seguimos la ley central de la existencia, pero si no nos cortamos en su deriva, podemos tener suficiente libertad al interior de los límites de nuestra personalidad para una máxima expresión propia.


EINSTEIN: Eso es posible sólo donde hay una fuerte tradición artística que guía la mente de las personas. En Europa, la música se ha alejado demasiado del arte y sensibilidad populares volviéndose algo así como un arte secreto con convenciones y tradiciones propias.


TAGORE: Ustedes han de ser absolutamente obedientes a esa música tan compleja. En India, la medida de libertad de un cantante está en su propia personalidad creativa, él puede cantar la canción del compositor a su antojo, si posee el poder creativo para expresarse a sí mismo en su interpretación de la ley melódica general que le ha sido dada para interpretarla.


EINSTEIN: Se requiere un nivel artístico muy elevado para realizar completamente la gran idea de la música original, de manera que uno pueda hacer variaciones sobre ella. En nuestro país, las variaciones son frecuentemente escritas previamente.


TAGORE: Si en nuestra conducta nosotros podemos seguir la ley de la bondad, podemos alcanzar una auténtica libertad de expresión propia. El principio de la conducta está ahí, pero el carácter que le hace verdadero e individual es nuestra propia creación. En nuestra música hay una dualidad de libertad y orden prescrito.


EINSTEIN: ¿Son las palabras de la canción también libres? Quiero decir ¿está el cantante en libertad de agregar sus propias palabras a la canción que está cantando?


TAGORE: Sí. En Bengala tenemos un tipo de canción la cual entrega libertad al cantante para introducir comentarios entre paréntesis, frases que no estaban en la canción original. Esto ocasiona gran entusiasmo, ya que la audiencia está constantemente siendo estimulada por algo hermoso, sentimientos espontáneos agregados por el cantante.


EINSTEIN: ¿Es algo severo el sistema métrico?


TAGORE: Sí, algo. No puedes excederte de los límites de versificación; el cantante en todas sus variaciones debe mantener el ritmo y el tiempo, en que ha sido compuesta la canción. En la música Europea posees una libertad comparable en el tiempo, pero no con la melodía.


EINSTEIN: ¿Puede la música India ser cantada sin palabras? ¿Puede uno concebir una canción sin palabras?


TAGORE: Sí, tenemos canciones con palabras sin significado, sonidos que contribuyen actuando como portadores de las notas. Al Norte de la India, la música es una arte independiente, no así la interpretación de palabras y pensamientos, como en Bengala. La música es muy intrincada y sutil, es un mundo completo de melodía en sí mismo.


EINSTEIN: ¿No es polifónica?


TAGORE: Los instrumentos son usados, no por la armonía, sino que para mantener el tiempo y agregar el volumen y la profundidad ¿Ha sufrido la melodía en su música la imposición de la armonía?


EINSTEIN: A veces su sufrimiento es enorme. A veces la armonía absorbe la melodía en su conjunto.


TAGORE: Melodía y armonía son como las líneas y colores en las pinturas. Una pintura de simples líneas puede ser absolutamente hermosa; la introducción del color puede hacerla vaga e insignificante. Pero también el color puede combinarse con líneas dando origen a grandes pinturas, mientras eso no aminore o destruya su valor.


EINSTEIN: Es una bella analogía; la línea es mucho más antigua que el color. Parece que su melodía es mucho más rica en estructura que la nuestra. La música japonesa también parece serlo.


TAGORE: Es difícil analizar el efecto de la música de oriente y occidente sobre nuestras mentes. La música occidental me atrae mucho; siento que es grandiosa, que es vasta en su estructura y grande en su composición. Nuestra música propia me toca de una manera más profunda por su súplica lírica fundamental. La música europea es épica en carácter; tiene un amplio fondo y su estructura es gótica.





EINSTEIN: Esta es una pregunta que nosotros los europeos no podemos responder apropiadamente, estamos tan acostumbrados a nuestra música propia. Deseamos saber si nuestra propia música es una sensación humana convencional o fundamental, si sentir consonancia y disonancia es natural, o una convención que aceptamos.


TAGORE: De alguna manera el piano me confunde. El violín me complace mucho más.


EINSTEIN: Sería interesante estudiar los efectos de la música Europea en un Indio que nunca la ha escuchado en su juventud.


TAGORE: En cierta ocasión le pedí a un músico inglés que analizara cierta música clásica para mí, y que me explicara cuáles eran los elementos que constituían lo bello de la pieza.


EINSTEIN: La dificultad es que la música realmente buena, sea esta del oriente u occidente, no puede ser analizada.


TAGORE: Sí. ¿Y cuáles son los efectos profundos tras el auditor?


EINSTEIN: La misma incertidumbre persistirá siempre respecto a todo lo fundamental de nuestra experiencia, en nuestra reacción frente al arte, sea en Europa o en Asia. Incluso la flor roja que veo frente a mí sobre su mesa puede no ser la misma para usted que para mí.


TAGORE: Y aún ahí persiste el proceso de reconciliación entre ellos, el gusto individual conforme a la norma universal.


Visto en:

School of wisdom





martes, 4 de enero de 2011

Cómo despertar el interés

"El problema con las personas jóvenes es que de algún modo se les hace pensar que ya todo se sabe y que por tanto, su única función en la vida es la de aprender lo que ya se sabe. Lo que habría que explicarles es que lo que no se sabe es más o menos el 99 % de todo lo que existe. Lo que sabemos es muy pequeño. Estamos hablando de explicarles a los niños que han llegado en un momento precioso de la evolución humana porque tienen a mano metodologías para apreciar, para entender, conocer..."



Rodolfo Llinás, considerado uno de los padres de la neurociencia


domingo, 27 de septiembre de 2009

Dios, el universo y todo lo demás

¿Imaginan encontrarse en pleno prime time televisivo a tres tertulianos que en vez de vociferar los motivos por los que la Campanario le ha devuelto a la Esteban su hija en pijama, sin peinar y con una bolsa de ropa sucia, estuviesen debatiendo sobre distintas teorías del Universo, Dios, la ciencia o la vida extraterrestre? ¿Y si además estos tres tertulianos resultan ser tres de los más grandes divulgadores científicos de la historia? Absurdo, ¿verdad?

El siguiente video es el primero de cinco de un coloquio televisivo que se produjo en 1988 entre Stephen Hawking, Carl Sagan y Arthur C. Clarke sobre la Gran Teoría Unificada del Todo, y que gracias a Docuciencia podemos disfrutar. Un ‘talk-show’ muy distinto a los de ahora..




martes, 9 de junio de 2009

60 años de 1984

Hoy se cumple 60 años de la publicación de '1984' de Orwell. En la hemeroteca de La Vanguardia se puede leer un artículo de Miguel Masriera publicado en 1950 sobre 'la última novela' del escritor inglés George Orwell. Decía entonces Masriera sobre la pesimista visión de Orwell:


"Creo que, no ya tan sólo por lo que al porvenir de la ciencia afecta, sino por el porvenir de todo lo digno de este mundo, hay que preocuparse de la tendencia actual de la mayor parte de intelectuales a propagar un pesimismo integral respecto al futuro, recreándose, al parecer con sádico placer, en pintarlo con tan negros matices.

¿Qué se proponen con ello? Tenemos que creer en sus buenos propósitos de llamar la atención sobre el peligro que nos amenaza y que, por lo demás, es evidente. Pero si quieren que nos aprestemos a luchar contra él, ¿por qué nos pintan la batalla como perdida de antemano? Como buenos luchadores que han sido, saben que sin esperanza se baten muy pocos.. ¿O es que cansados de una lucha en la que, según ellos mismos reconocen, partieron con mal pie, se refugian en una posición de espectadores y enamorados del dramatismo de una situación, la describen con objetividad de artista? En éste último caso creo que podemos exigirles que no carguen la mano del patetismo desmoralizante. Si lo que en realidad pasa es que han perdido la fe en los destinos humanos, no deben olvidar que hay una civilización viva aún, que es la verdaderamente cristiana, que no la ha perdido y que cumplirá su misión, aunque ellos no hagan más que contemplarlo desde su atalaya literaria".

El Gran Hermano te observa



Fuente:
Hemeroteca La Vanguardia, martes 9 de mayo de 1950

jueves, 22 de enero de 2009

Los nombres de dios

El doctor Wagner se contuvo haciendo un esfuerzo. La cosa tenía mérito. Después dijo:

–Su pedido es un poco desconcertante. Que yo sepa, es la primera vez que un monasterio tibetano encarga una máquina de calcular electrónica. No quisiera parecer curioso, pero estaba lejos de pensar que un establecimiento de esta naturaleza tuviese necesidad de aquella máquina. ¿Puedo preguntarle qué piensa hacer con ella?

El lama se ajustó los faldones de su túnica de seda y dejó sobre la mesa la regla de cálculo con la que acababa de hacer la conversión de libras en dólares.

–Con mucho gusto. Su calculadora electrónica tipo cinco puede hacer, si su catálogo no miente, todas las operaciones matemáticas hasta diez decimales. Sin embargo, me interesan letras y no números. Tendría que pedirles que modificasen el circuito de salida, de modo que imprimiese letras en vez de columnas de cifras.

–No acabo de comprender...

–Desde la fundación de nuestro monasterio, hace más de tres siglos, nos hemos venido consagrando a cierta labor. Es un trabajo que acaso le parezca extraño, y por ello le pido que me escuche con espíritu abierto.

–De acuerdo.

–Es sencillo. Estamos redactando la lista de todos los nombres posibles de Dios.

–¿Cómo?

El lama prosiguió, imperturbable:
–Tenemos excelentes razones para creer que todos estos nombres requieren, como máximo, nueve letras de nuestro alfabeto.

–¿Y han estado haciendo esto durante tres siglos?

–Sí. Y hemos calculado que necesitaríamos quince mil años para completar nuestra tarea.

El doctor lanzó un silbido ahogado, como si estuviera un poco aturdido.
–O. K. Ahora comprendo por qué quiere usted alquilar una de nuestras máquinas. Pero, ¿cuál es el objeto de la operación?

El lama vaciló una fracción de segundo, y Wagner temió haber molestado a aquel singular cliente que acababa de hacer el viaje de Lhassa a Nueva York con una regla de calcular y el catálogo de la «Compañía de Calculadoras Electrónicas» en el bolsillo de su túnica de color azafrán.

–Puede llamarlo ritual si así lo quiere –respondió el lama–, pero tiene una gran importancia en nuestra fe. Los nombres del Ser Supremo, Dios, Júpiter, Jehová, Alá, etc., no son más que rótulos escritos por los hombres. Consideraciones filosóficas demasiado complejas para que se las exponga ahora nos han dado la certidumbre de que, entre todas las permutaciones y combinaciones posibles de letras, se encuentran los verdaderos nombres de Dios. Pues bien, nuestro objeto consiste en encontrarlos y escribirlos todos.

–Ya comprendo. Han empezado ustedes con A.A.A.A.A.A.A.A.A. y terminarán con Z.Z.Z.Z.Z.Z.Z.Z.Z.

–Con la diferencia de que utilizamos nuestro alfabeto. Desde luego, supongo que les será fácil modificar la máquina de escribir electrónica adaptándola a nuestro alfabeto. Pero hay otro problema más interesante, la disposición de circuitos especiales que eliminen las combinaciones inútiles. Por ejemplo, ninguna de las letras debe aparecer más de tres veces sucesivamente.

–¿Tres? Querrá decir dos.

–No. Tres. Pero la explicación detallada requeriría demasiado tiempo, aunque comprendiera usted nuestra lengua.

Wagner dijo, precipitadamente:
–Claro, claro. Prosiga.

–Le será fácil adaptar su calculadora automática para lograr este punto. Convenientemente dispuesta una máquina de este tipo puede permutar las letras unas tras otras e imprimir el resultado. De esta manera –concluyó el lama tranquilamente–, lograremos en cien días lo que nos habría costado quince mil años más.

El doctor Wagner creyó perder el sentido de la realidad. Las luces y los ruidos de Nueva York parecían esfumarse al llegar a las ventanas del building. Allá, a lo lejos, en su remoto asilo montañoso, los monjes tibetanos componían desde hacía trescientos años, generación tras generación, su lista de nombres desprovistos de sentido... ¿Acaso la locura de los hombres no tenía un límite? Pero el doctor Wagner no debía manifestar sus pensamientos. El cliente tiene siempre razón...

Respondió:
–No cabe duda de que podemos modificar la máquina tipo cinco de manera que imprima las listas como usted desea. Me preocupa más la instalación y el manejo. Además, no será fácil transportarla al Tibet.

–Esto puede arreglarse. Las piezas sueltas son lo bastante pequeñas para que puedan transportarse en avión. Por esto hemos escogido la máquina de ustedes. Envíen las piezas a la India, y nosotros nos encargaremos de lo demás.

–¿Desean los servicios de dos de nuestros ingenieros?

–Sí, para montar la máquina y vigilarla los cien días.

–Enviaré una nota a la dirección de personal –dijo Wagner, escribiendo en un bloc–. Pero aún hay dos cuestiones más que resolver...

Antes de que pudiese terminar la frase, el lama había sacado del bolsillo una hojita de papel.
–Aquí tiene el estado, certificado, de mi cuenta en el Banco Asiático.

–Muchas gracias. Perfectamente... Pero, si me permite, hay otra cuestión, tan elemental que casi no me atrevo a mencionarla. A menudo ocurre que se olvidan las cosas más evidentes... ¿Disponen de energía eléctrica?

–Tenemos un generador Diesel eléctrico de cincuenta kilovatios y ciento diez voltios. Fue instalado hace cinco años y funciona bien. Nos facilita la vida en el monasterio. Lo compramos principalmente para hacer girar los molinos de oración.

–Ah, ya. Naturalmente. Hubiese debido pensarlo...



La vista, desde el parapeto, producía vértigo. Pero uno se acostumbra a todo.

Tres meses habían transcurrido, y a Georges Hanley no le impresionaban ya los seiscientos metros de caída vertical que separaban el monasterio de los campos cuadriculados del llano. Apoyado en las piedras redondeadas por el viento, el ingeniero contemplaba con ojos cansinos las montañas lejanas cuyos nombres ignoraba. «La operación nombre de Dios», según la había bautizado un humorista de la Compañía, era sin duda el trabajo más desconcertante en que jamás hubiera participado.

Semana tras semana, la máquina tipo cinco modificada había llenado miles y miles de hojas con sus inscripciones absurdas. Paciente e inexorable, la máquina calculadora había agrupado las letras del alfabeto tibetano en todas las combinaciones posibles, agotando una serie tras otra. Los monjes recortaban ciertas palabras al salir de la máquina de escribir eléctrica y las pegaban devotamente en unos enormes registros. Dentro de una semana, su trabajo habría terminado.

Hanley ignoraba qué cálculos oscuros los habían llevado a la conclusión de que no hacía falta estudiar conjuntos de diez, de veinte, de cien o de mil letras, y no tenía ningún empeño en saberlo. En sus pesadillas, soñaba algunas veces que el gran lama decidía bruscamente complicar un poco más la operación y que había que proseguir el trabajo hasta el año 2060. El hombre parecía muy capaz de una cosa así.

Crujió la pesada puerta de madera. Chuk se reunió con él en la terraza. Chuk estaba fumando un cigarro, como de costumbre. Se había hecho popular entre los lamas repartiéndoles habanos. «Aquellos individuos podían estar completamente desquiciados –pensó Hanley–, pero no tenían nada de puritanos.» Las frecuentes excursiones al pueblo no habían carecido de interés.

–Escucha, Georges –dijo Chuk–, estoy preocupado.

–¿Se ha estropeado la máquina?

–No.

Chuk se sentó en el parapeto. Fue algo sorprendente, pues, de ordinario, temía el vértigo.

–Acabo de descubrir el objeto de la operación.

–¡Pero si ya lo sabíamos!

–Sabíamos lo que querían hacer los monjes, pero ignorábamos el porqué.

–¡Bah! Están chalados...

–Escucha, Georges, el anciano acaba de explicármelo. Piensan que cuando se hayan escrito todos estos nombres (que, según ellos, son unos nueve mil millones), se habrá alcanzado el divino designio. La raza humana habrá cumplido la misión para la que fue creada.

–Y después, ¿qué? ¿Esperan, acaso, que nos suicidemos?

–Sería inútil. Cuando la lista esté terminada, intervendrá Dios, y todo habrá acabado.

–¿Se acabará el mundo?

Chuk lanzó una risita nerviosa.

–Esto es lo mismo que le he dicho al anciano. Entonces él me ha mirado de un modo extraño, como el maestro a un discípulo particularmente lerdo, y me ha dicho: «¡Oh, no será una cosa tan insignificante!»

Georges reflexionó un momento.
–Es un tipo que, por lo visto, tiene grandes ideas –dijo–, pero no veo que cambie nada la situación. Ya habíamos convenido en que están locos.

–Si. Pero, ¿no te das cuenta de lo que puede ocurrir? Si, terminadas las listas, no suenan las trompetas del ángel Gabriel, en su versión tibetana, pueden pensar que es por culpa nuestra. A fin de cuentas, utilizan nuestra máquina. No me gusta esto... –Comprendo... –dijo Georges, muy despacio–, pero ya he visto otros casos parecidos. Cuando yo era pequeñín, hubo en Luisiana un predicador que anunció el fin del mundo para el domingo siguiente. Centenares de personas le creyeron. Incluso algunas se vendieron sus casas. Pero nadie se encolerizo cuando pasó el domingo. La mayoría pensó que había sido sólo un pequeño error de cálculo, y muchos de ellos siguen creyendo igual.

–Para el caso de que no lo hayas notado, debo advertirte que no estamos en Luisiana. Estamos solos, los dos, entre centenares de monjes. Son muy simpáticos, pero preferiría hallarme lejos cuando el viejo lama se dé cuenta del fracaso de la operación.

–Hay una solución: un pequeño sabotaje inofensivo. El avión llega dentro de una semana, y la máquina acabará su trabajo en cuatro días, a razón de veinticuatro horas por día. Sólo tenemos que hacer una reparación que dure tres o cuatro días. Si calculamos bien el tiempo, podemos hallarnos en el aeropuerto cuando salga de la máquina la última palabra.

Siete días más tarde, cuando sus caballitos montañeros descendían la carretera en espiral, Hanley dijo:
–Siento un poco de remordimiento. No huyo porque tenga miedo, sino porque me dan pena. No quisiera ver la cara que pondrá esta buena gente cuando se detenga la máquina.

–Si no me equivoco –dijo Chuk–, han adivinado perfectamente que huíamos, y les ha tenido sin cuidado. Ahora saben que la máquina es absolutamente automática y que huelga toda vigilancia. Y también creen que no habrá un después.

Georges se volvió en la silla y se quedó dormido. La mole del monasterio recortaba su parda silueta sobre el sol poniente. Unas lucecitas brillaban de vez en cuando bajo la masa sombría de las murallas, como los tragaluces de un navío en ruta. Eran lámparas eléctricas suspendidas en el circuito de la máquina número cinco.

« ¿Qué sucedería con la calculadora eléctrica? –se pregunto Georges–. ¿La destruirían los monjes, a impulsos del furor y el desengaño? ¿O volverían a comenzar de nuevo?»

Como si todavía estuviese allí, veía todo lo que pasaba en aquel momento en la montaña, detrás de las murallas. El gran lama y sus auxiliares examinaban las hojas, mientras los novicios recortaban nombres extravagantes y los pegaban en el enorme cuaderno. Y todo esto se realizaba en medio de un religioso silencio. No se oía más que el tableteo de la máquina, golpeando el papel como una lluvia mansa. La propia máquina calculadora, que combinaba millares de letras por segundo, era absolutamente silenciosa...

La voz de Chuk interrumpió sus sueños.
–¡Míralo! ¡He ahí una visión agradable!

Semejante a una minúscula cruz de plata, el viejo avión de transporte «D. C. 3» acababa de posarse allá abajo, en el pequeño aeródromo improvisado. Esta visión daba ganas de beber un buen trago de whisky helado. Chuk empezó a cantar, pero se interrumpió de pronto. Las montañas parecían restarle ánimos.

Georges consultó su reloj.

–Estaremos en el llano dentro de una hora –dijo. Y añadió–: ¿Crees que habrá terminado el cálculo?

Chuk no respondió, y Georges levantó la cabeza. Vio que el rostro de Chuk estaba muy pálido, vuelto hacia el cielo.

–Mira –murmuró Chuk.


Georges, a su vez, levantó los ojos.


Por última vez, encima de ellos, en la paz de las alturas, las estrellas se apagaban una a una...




Los nueve mil millones de nombres de Dios (1953),
Arthur C. Clarke

miércoles, 10 de diciembre de 2008

inspiración, intuición directa y originalidad

"En las artes se podría decir que los criterios estéticos son soberanos. La estética en las artes es tema sofisticado, y los filósofos han dedicado vidas enteras a su estudio. Podría argumentarse que en matemáticas y en las ciencias tales criterios son meramente secundarios, siendo soberano el criterio de verdad. Sin embargo, parece que es imposible separar uno de otro cuando consideramos los temas de inspiración e intuición. Mi impresión es que la fuerte convicción de la validez de un soplo de inspiración (no 100% fiable, añadiría, pero al menos mucho más fiable que el puro azar) está ligada muy estrechamente con sus cualidades estéticas. Una idea bella tiene mucha mayor probabilidad de ser correcta que una idea fea. Esa ha sido al menos mi propia experiencia, y sentimientos similares han sido expresados por otros. Por ejemplo, Hadamard escribe:

... es evidente que no puede tener lugar ningún descubrimiento o invención importante sin la voluntad de encontrar (...) Pero hay algo más: la intervención del sentido de la belleza juega su parte como un medio indispensable para encontrar. Hemos llegado a una conclusión doble:

que la invención es elección
que esta elección está gobernada imperiosamente por el sentido de la belleza.


También Dirac, por ejemplo, afirma abiertamente que su agudo sentido de la belleza fue el que le hizo capaz de descubrir su ecuación para el electrón, mientras otros la habían buscado en vano.

(...) Mi conjetura es que, incluso para el repentino golpe de intuición, aparentemente producido ya listo por la mente inconsciente, es la consciencia la que es el árbitro, y la idea será rápidamente rechazada y olvidada si no 'sonase' cierta. El rechazo 'estético' al que me estoy refiriendo podría ser tal, estoy suponiendo, que prohibiera que las ideas poco atractivas alcancen cualquier nivel apreciablemente permanente de la conciencia."


Roger Penrose - La nueva mente del emperador

domingo, 16 de noviembre de 2008

profecías que se cumplen

En La vía del Tarot Alejandro Jodorowsky cuenta la siguiente noticia aparecida en los periódicos el lunes 20 de enero de 2003:

"Mircea Teodorascu, un rumano de 51 años, habitante de la región de Bacau (al este de Rumanía), ha creído hallar en su propio suicidio una solución ineludible. Algunos días antes una adivina le había predicho una muerte en los próximos días: la suya o la de su hijo de 23 años.. De vuelta a casa, Mircea Teodorascu, para "salvar" a su hijo, se apuñaló con un largo cuchillo de cocina. Transportado urgentemente al hospital, murió poco después".


Esta terrible anécdota me ha hecho recordar un juego de sociedad que el filósofo Daniel C. Dennett describe en su libro La conciencia explicada. En el juego podemos comprobar cómo puede llegar a forzarse una profecía a su cumplimiento. Y aquellos que se animen pueden aprovechar para jugar cuando se encuentren entre amigos y tengan ganas de tomarle el pelo a alguno de ellos.. (desde aquí, haciendo pedagogía)


Para poner en práctica el juego de Dennett, se elige una persona del grupo, y se la manda a otra habitación mientras se le dice que en su ausencia uno de los que se quedan contará un sueño reciente. Cuando reaparece la persona, tiene que conseguir dos cosas haciendo preguntas del tipo 'sí o no': reconstruir el sueño y averiguar quién lo ha tenido.


La gracia está en que nadie ha contado ningún sueño. A los interrogados antes se les ha de decir que respondan 'sí' o 'no' de acuerdo a alguna norma arbitraria (Dennett sugiere que las respuestas las determine la mitad del alfabeto a que pertenece la última letra de la última palabra de la pregunta). Todas las normas se complementarán con una cláusula de no contradicción para que ninguna respuesta contradiga a las anteriores.


El sorprendente resultado es que la víctima construye un mundo obsceno y extravagante a partir de las respuestas aleatorias que recibe. Un mundo construido por sus propias obsesiones. Además, puede que crea incluso saber quién ha tenido el sueño. Técnicamente el sueño no es de nadie, aunque en cierto modo lo sea de la víctima. Sus preocupaciones dictan sus preguntas, y extrae sus conclusiones siguiendo a las respuestas afirmativas..


Este juego podría explicar las tesis sobre interpretación de sueños o de horóscopos, donde, a través de una serie aleatoria de respuestas, uno puede llegar a construir un significado apropiado y útil... Algo parecido a lo que observamos con la interpretación de las manchas de Rorschach...


jueves, 26 de junio de 2008

razón contra autoridad

“Yo he aprendido de mis maestros árabes a tomar la razón por guía; tú te contentas con seguir atado a la cadena de una autoridad basada en fábulas, porque ¿qué otro nombre se puede dar a la autoridad más que el de cadena? Igual que los animales estúpidos son conducidos por una cadena, y no saben a dónde ni por qué se les conduce, pues se limitan a seguir la cadena que los sujeta, así la mayoría de vosotros estáis prisioneros de la credulidad animal y os dejáis conducir encadenados hasta creencias peligrosas, llevados por la autoridad de lo que está escrito”.


El inmovilismo de la enseñanza tradicional sobre la ciencia árabe.
Adelardo de Bath (1075- 1160)




Durante más de mil años los hispanomusulmanes guardaron en sus bibliotecas algunos de los textos científicos griegos, indios y árabes más importantes que se habían escrito hasta entonces. Fue por el 1120, cuando el monje inglés Adelardo de Bath, poniendo en riesgo su vida, decide asistir a las escuelas de Córdoba haciéndose pasar por un estudiante hispano-árabe, para hacerse con una copia de los Elementos de Euclídes. Gracias a esta operación de espionaje científico esta obra fue conocida en el resto de Europa.


Además de su trabajo como traductor de los Elementos al latín, tradujo también las tablas de al-Jwārizmī y una Introducción a la astronomía árabe. Escribió un tratado sobre el ábaco y otro sobre el astrolabio. Como filósofo escribió obras donde se cuestionaba la forma de la Tierra (que él creía redonda), así como preguntas sobre la gravedad (¿cuánto caería una roca si se lanzase por un agujero que atravesase la Tierra?) o sobre por qué la materia no puede ser destruida.
Adelardo de Bath transmitió la idea de que de los árabes se aprende la ciencia moderna bajo la guía de la razón. Es por todo esto y mucho más por lo que se considera a Adelardo de Bath como el primer científico inglés.

Más informacion:

Adelardo de Bath
Adelard of Bath - biographie