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lunes, 17 de marzo de 2014

Recorriendo Medina Azahara

"Dicen que la veneración de las ruinas es un sentimiento desconocido en el Islam, pero ninguna otra civilización ha sido más fértil en ellas ni ha levantado edificios y ciudades enteras más velozmente destinadas a la destrucción. Madinat al-Zahra, la ciudad blanca de Adb al-Rahman III, fue construida en 10 años y asolada para siempre al cabo de 50. Pero ya escribió Ibn Jaldún en el siglo XIV, cuando la gloria de Córdoba había perecido y Granada era la capital de un reino débil y asediado, que los árabes no saben culminar obras duraderas, tal vez por delicadeza o por humildad, porque los primeros musulmanes, nómadas del desierto de Arabia, habían dictaminado que la construcción de altivos edificios era un acto de soberbia desagradable a Dios.

Vista desde la parte superior

Portada de la vivienda de la Alberca

El año 936, cuando los astrólogos hubieron determinado el día y la hora exacta que serían propicios, se enterró la primera piedra en la primera zanja de la nueva ciudad. Apenas 6 años más tarde la corte ya se había trasladado a ella. La mezquita de Madinat al-Zahra se concluyó en 48 días, 'porque al-Nasir tuvo continuamente empleados en ella a 1000 hombres hábiles, de los que 300 eran albañiles, 200 carpinteros y los demás enladrilladores y mecánicos de varias fases'.

Mezquita Aljama. La primera mezquita de Córdoba bien orientada a la Meca.

Jardines y ruinas. Al fondo parte de la ciudad de Córdoba.

A una legua de Córdoba, en las estribaciones de la sierra que llamaron los árabes monte de la Desposada, se extendieron en pocos años las edificaciones en terrazas en la ciudad del azahar, pero era tan intenso el contraste entre el blanco de los palacios y la vegetación oscura que los rodeaba, que el califa ordenó talar todos los árboles y los ásperos matorrales silvestres y plantar en su lugar higueras y almendros que tintaran de un verde más suave el paisaje.

 Portada de la vivienda del visir Yafar.

Detalles de la decoración de las puertas.

Cuentan que durante el tiempo que Sancho I de Castilla permaneció en Madinat al-Zahra anduvo como perdido en el deslumbramiento y la extrañeza de un sueño. Vio jardines de árboles traídos en caravanas y en naves desde todos los confines del mundo, y estanques donde se agitaban los colores relucientes de los peces del Índico. Vio especies de fieras más amenazadoras que las que inventaban los miniaturistas en los códices del Apocalipsis, y autómatas de ojos de vidrio que se inclinaban mecánicamente ante él y que le daban miedo, porque por unos segundos los confundía con criaturas humanas, y pájaros de plumas verdes y rojas que hablaban imitando las voces de las mujeres.

Edificio Basilical superior.

Desde el interior del Edificio Basilical.

Sancho I también vio dos fuentes por las que manaba de día y de noche el agua llegada desde los veneros de la sierra por los canales de los acueductos. Una de ellas tenía forma de elefante, y la otra de león con las fauces abiertas. Vio el salón del trono, cuya traza imitaba la del palacio de Salomón, una gran traza de mármol en la que había esculpidas doce figuras de oro rojo, y tenía en su centro un surtidor no de agua, sino de mercurio, sobre el que pendía del techo una perla mayor y más pura que cualquier otra de la que se tuviera noticia..

Salón de Abderramán III. La imagen es de la wikipedia por no poder visitarse en la actualidad por reformas.

 Pórtico. Vista general.

 Detalle del Pórtico.

En marzo del año 961, el califa se expuso al viento frío de la sierra, que batía crudamente las explanadas de Madinat al-Zahra. El médico logró su curación, y a principios de verano, el califa, que ya había cumplido 70 años, volvió a conceder audiencias y a interesarse con el desasosiego de siempre por las obras de su ciudad, que no parecían que fueran a acabar nunca. A principios de otoño, cuando volvieron los fríos del norte, el califa empeoró. Murió el 16 de octubre. Faltaban 15 años para que su hijo, al-Hakam, diera por terminada la construcción de Madinat al-Zahra, y algo más de 40 para que todos sus palacios y sus jardines con lagos y animales salvajes fueran arrasados".

Recorriendo las calles de la ciudad.

 Vista general de la casa de Yafar. En las terrazas superiores se encontraba el Alcázar.


El texto es una recopilación de fragmentos de "La Córdoba de los Omeyas" de Antonio Muñoz Molina

sábado, 8 de febrero de 2014

Julio Verne y el steampunk

Tal día como hoy se cumple el 186 aniversario del nacimiento del hombre que se considera padre de la ciencia ficción: el escritor, poeta y dramaturgo francés Jules Gabriel Verne. "El más desconocido de los hombres", como se consideraba así mismo, nació un 8 de febrero de 1828 en la ciudad portuaria de Nantes, y ya desde muy joven mostró un gran interés por la escritura, abandonado sus estudios de abogado para dedicarse por completo a la creación de sus historias extraordinarias, donde incorporaba a sus fantásticas aventuras la tecnología, la investigación, la ciencia y el espíritu del descubrimiento que tanto le fascinaban. El exabogado disfrutó en vida de la popularidad y es hoy en día junto al bardo William Shakespeare y la dama oscura Agatha Christie el autor más traducido del planeta. ¿Quién no ha oído hablar de 20.000 leguas de viaje submarino, Viaje al centro de la Tierra, De la Tierra a la Luna o La vuelta al mundo en 80 días? Más de 60 novelas, alrededor de 20 relatos cortos, ensayos, obras de teatro, poemas, etc, componen la obra de este prodigioso escritor que siempre defendió el papel del héroe como hombre bueno. Su literatura cambió como él con el paso de los años, pasando de un idealismo exultante de sus primeros años al desencanto y el pesimismo de su última etapa. Afectado por la diabetes y el deterioro de la salud, Verne murió a la edad de 77 años el 24 de marzo de 1905, en su casa de Amiens, Francia.

Julio Verne en 1892
Como ocurre con otros escritores de su importancia, a partir de la obra de Verne se ha creado un sinfín de películas, novelas gráficas, y lo que resulta más curioso, un nuevo género literario, artístico y cultural basado tanto en sus obras como en las de H.G.Wells y Mary Shelley, el conocido como 'Steampunk'. Nacido de la ciencia ficción en la década de los 80 como contraposición al cyberpunk, el steampunk se centra en ambientes retrofuturistas de la época victoriana, donde la tecnología que impera es la máquina de vapor (steam=vapor). Este movimiento retrofuturista plantea una ucronía en la que, al igual que ocurre con la primera etapa de Julio Verne, la humanidad tiene la oportunidad de cambiar de rumbo y echarse en brazos del romanticismo del positivismo científico, creando un mundo mejor en el que la tecnología realmente sirve para hacer la vida más cómoda. Obras como Frankenstein, El mundo perdido, las historias de Sherlock Holmes, La máquina del tiempo, El hombre invisible, La guerra de los mundos, 20.000 leguas de viaje submarino, De la Tierra a la Luna o París en el siglo XX ponen los cimientos de este movimiento. También la obra de George Méliès es fundamental desde el punto de vista estético. Por supuesto que todas estas obras fueron concebidas antes del nacimiento del steampunk, pero todas ellas comparten las características del género que después autores como Michael Moorcok, Allan Moore o William Gibson se encargaron de redefinir en los años 80. Hoy en día el steampunk está presente no solo en la literatura, sino también en el mundo del cómic y la novela gráfica, el cine, la música, el diseño y la moda, así como en juegos de mesa, rol y videojuegos.

La biblia del steampunk, guía ilustrada de un mundo de dirigibles imaginarios, corsés y anteojos, científicos locos y literatura extraña, con una portada basada en la obra de Verne.

 La liga de los hombres extraordinarios de Allan Moore, incluye a personajes como el Capitán Nemo

Gracias a Wild Wild West de Barry Sonnefeld el género del steampunk se hizo popular en el cine

La estética del steampunk no sigue unos patrones concretos aunque se basa en la época vitoriana siguiendo el rol que se asume como personaje



El retrofuturismo cada vez está más presente como fenómeno cultural. Sin ir más lejos esta próxima semana se celebra en Barcelona la 2ª semana retrofuturista. Del 10 al 15 de febrero los nostálgicos de ese futuro que nunca existió podrán participar de conferencias, exposiciones y juegos, y sentirse, por qué no, parte de una historia fabulosa del gran Julio Verne.



Os dejo aquí la programación:

  • Lunes 10 de febrero. 19h-20h. Ateneu de Fabricació de Les Corts (c/Comtes del Bell-Lloc 200, entrada c/Novell 78). Presentación de la II Setmana Retrofuturista, de los retrofuturismos y visiones de futuro actuales. Con Jose Miguel de Tyrannosaurus Books, el Disctricte de les Corts y Elisabet Roselló, directora de la Setmana Retrofuturista. Acceso gratuito.
  • Martes 11 de febrero. 20h-21h. FNAC L'Illa, espai cultural. Tertulia literaria sobre futuros post-apocalípticos. Organizado por la traductora Noemí Risco. Entrada gratuita.
  • Miércoles 12 de febrero. 19h-21h. FNAC L'Illa, espai cultural. Ponencia “Del futurisme al retrofuturisme: amors i desamors entre homes i màquines”. Con el autor e ingeniero Jordi Font-Agustí. Entrada gratuita.
  • Jueves 13 de febrero. Durante el día. Actividades online.18h España – 13h Colombia. Hang Out con Luis Cermeño y Andrés Felipe Escovar, de Milinviernos.com “Futuro Partido” 21h.
  • Jueves 13 de febrero. 21h. Sala Fènix (c/Riereta 31) Cabaret Victoria. Obra dirigida por Felipe Cabezas y Pere Cabaret
  • Viernes 14 de febrero. 20h-22h. MOB (Makers of Barcelona; c/Bailén 11). II Nit de Cinema Retrofuturista, gestionado por L'Hotel Elèctric. Actividad gratuita, es necesaria hacer reserva previamente

  Y para el sábado 15 de febrero
  • 11h-19,30h. Ateneu de Fabricació de Les Corts (c/Comtes del Bell-Lloc 200). Entrada gratuita. Cerramos de 14h a 16h.
  • 11h-19h. Stands de creadores y venta (UNOStringSynth, Tyrannosaurus Books, Morondanga, Custom Gràfics, Izilien, Dlorean Ediciones, Futique, Dungeons Marvel, Steampunk Bijoux)
  • 11h-14h Partida Europe 1900 (juego de rol de mesa)
  • De 18h-19,30h Duelo de Rayguns. Duelsoft (Espacio lúdico)
  • 11,15h-12,30h Círculo de creadores e inventores. Presenta tu proyecto (Zona de presentaciones)
  • 12,30h-14h Mesa redonda clandestina (Zona de presentaciones)
  • 16,30h-17h Presentación Antología Steampunk Ácronos vol. 2 (Zona de presentaciones)
  • 17,15h. III Concurso de Barbas y Bigotes Retro y Futuristas. Patrocinado por Ganiveteria Roca (Zona de presentaciones)
  • 18h. Conferencia “Makers que juegan con futuros que nunca fueron: la subversión Steampunk”, versión extendida. Elisabet Roselló




martes, 28 de enero de 2014

La necesidad de cambiar de gafas ante las señales de insostenibilidad

La necesidad de cambiar de gafas

  
 Hasta hace bien poco, cuando se les preguntaba a las personas mayores de los países desarrollados si creían que sus hijos e hijas vivirían mejor que ellas, la gran mayoría respondía que sí. Desde hace poco, cuando se le pregunta a la gente no tan mayor si cree que sus hijos e hijas vivirán mejor que ellos casi nadie se atreve a decir que sí. Quizá porque empiezan a intuir los daños que la civilización está causando al planeta. A pesar de las constantes alabanzas a la tecnología y al progreso, realizadas sobre todo en los medios de comunicación, existe la sospecha, cada vez más extendida, de que no se puede continuar con este modelo de producción y consumo por mucho tiempo. Comienza a atisbarse la idea de que se están superando límites que nunca tendrían que haberse ignorado ni traspasado.

Las percepciones básicas sobre el deterioro de los ríos, los valles, los pozos, los suelos, las costas, el aire, los bosques, los animales, los ecosistemas, chocan con la celebración de la tecnología y el desarrollo, creando un sombra de inquietud en los países enriquecidos y un desgarro en los empobrecidos.

Las soluciones que se proponen suelen ser siempre las mismas: construir más infraestructuras, desarrollar tecnologías complejas, aumentar la producción, estimular el crecimiento... Con ello tal vez se podrán resolver, según se dice, algunos de los daños. El resultado, sin embargo, es que el deterioro ecológico crece a una velocidad cada vez mayor.

Quien ha tenido que caminar sobre el barro cada vez que llovía está encantado con el asfalto y verá siempre bien nuevas ampliaciones de la superficie asfaltada, porque hasta hace poco lo que sobraba era tierra. Quien ha tenido que acarrear a sus espaldas leña desde lejos todos los días, está encantado con su camión y verá con complicidad que haya cada vez más camiones acarreando objetos de acá para allá. Quien ha lavado pañales en un lavadero con temperaturas próximas a la congelación estará encantada con la caldera de gas, y no le parecerá mal que esté todo el día encendida.

Las mejoras vividas o percibidas han afianzado los esquemas (las gafas) con las que miramos la realidad. Si algo es bueno, pensamos, entonces más de lo mismo será mejor. Desde esta lógica es posible ver con buenos ojos la movilidad creciente, la producción creciente, el consumo creciente, el comercio internacional creciente, y por supuesto el crecimiento continuado.

Pero la Tierra no es creciente sino dinámicamente estable. Y ya ha enseñado sus límites. Las dificultades para extraer petróleo en las mismas cantidades que en el pasado, la fuerte reducción de la biodiversidad, el cambio climático generado por el ser humano, la contaminación de los océanos, la cementación y desertificación de una parte creciente del territorio son signos de los límites de la biosfera.



Lo que quizá era bueno en pequeñas cantidades puede no serlo si las cantidades son grandes. Casi nada sigue la regla del cuanto más mejor. Hay un momento en que el exceso de lo bueno se convierte en malo. En la naturaleza muy pocas funciones son lineales. Asfaltar un poco quizá sea bueno, pero asfaltar mucho se convierte en un problema. Moverse un poco está bien, pero moverse mucho está resultando letal para la supervivencia de los ecosistemas. Cortar leña es útil para calentarse, pero si se corta demasiada tal vez desaparezca el bosque del que se sacaba la leña. Hoy la movilidad, la extracción de materiales, el exceso de producción y buena parte de la agricultura industrial están incapacitando progresivamente a la biosfera para que pueda seguir dando cobijo al ser humano.

Lo que era bueno en un mundo abundante puede convertirse en malo en un mundo esquilmado y escaso. Lo que era insignificante o indiferente en un planeta sano puede ser muy perjudicial para un planeta enfermo. El cáncer es el crecimiento en exceso de determinadas células. Tal vez el llamado desarrollo sea un crecimiento en exceso.

Estamos presos de nuestra propia cultura, de nuestra manera de entender el mundo, de las categorías mentales con las que organizamos la percepción. Somos hijos e hijas de los supuestos que aprendimos heredados de la primera industrialización.

Al igual que el elefante adulto del circo permanece atado a un minúscula estaca porque aprendió de pequeño que no se podía mover, así permanecemos atados a las categorías culturales y mentales que aprendimos cuando la industrialización era pequeña en magnitud y todavía no era suficientemente destructora. Cuando una categoría cultural o esquema mental funciona tiende a reforzarse. Sin embargo una vez que se ha reforzado resulta muy difícil desprenderse de ella aunque en la práctica resulte incorrecta o contraproducente. Si se desprendiera de su mirada aprendida de pequeño el elefante podría darle una patada a la estaca. Nosotros y nosotras también.

Se denomina efecto borde al fenómeno que nos hace incapaces de ver un cambio sustancial debido a que se ha alcanzado mediante pequeños incrementos. La rana se muere incapaz de apreciar los cambios cuando se calienta poco a poco el caldero en el que se encuentra. Una persona entra en un concesionario de coches con la idea de comprarse un modelo que, aún con esfuerzo, se ajuste a sus ingresos económicos. El vendedor, conocedor de este efecto, le va proponiendo pequeñas mejoras (llantas, climatizador, tapicería, etc.) y cuando ya la tiene convencida le dice: “claro que por un poco más puede usted llevarse un modelo superior, que ya es un verdadero coche”. “Un pequeño esfuerzo más y tengo un verdadero coche”, piensa la persona compradora. Finalmente sale del concesionario un poco preocupada, pero satisfecha. Acaba de comprar algo que no había previsto y que sin embargo no podrá pagar o le mantendrá atado durante los próximos cinco años. “Por un poco más”. Los pequeños incrementos han impedido ver la modificación en términos absolutos. Es posible que tenga que vender el coche para comprar la gasolina.

Poco a poco, pero cada vez a mayor velocidad, se ha ido destruyendo la base biológica sobre la que poder vivir. La capacidad de carga de la Tierra ha sido traspasada, pues hemos pasado de vivir del interés a esquilmar el capital natural.





Los pequeños incrementos han hecho posible que cambios enormes pasaran casi desapercibidos. El efecto borde ha dificultado ver el balance global en muchas de las variables imprescindibles para la vida.

A menudo las categorías culturales y mentales alcanzan un campo de visión pequeño y nos impiden ver la totalidad. Cuentan de un borracho que buscaba desesperado las llaves perdidas alrededor de una farola. Un pareja que pasaba por allí le animó a que buscara más lejos, por ejemplo debajo de los coches aparcados o entre los contenedores y él contestó que no, pues allí no había bastante luz. En ocasiones las categorías culturales se quedan cortas. Sólo dejan ver la parte de la realidad que enfoca la farola. Se mira sólo en el campo que queda delimitado por la categoría. Por eso muchas personas piensan que las ciudades de la India son más sucias que las europeas. Simplemente contabilizan la suciedad que se ve. La basura generada en las urbes europeas, aunque es muy superior, se ve menos.

Mancha y contamina más lejos, más abajo o más arriba. Lo mismo pasa con la higiene compulsiva: mientras limpias tu cuerpo ensucias el planeta con productos químicos, pero esta segunda parte no queda iluminada por la farola. En buena medida esto le pasa a la economía convencional. Sólo permite ver aquello que es comercializado y contabilizado en dinero. Lo que cae fuera de sus cuentas son externalidades: la calidad del suelo, la diversidad biológica, el orden radiactivo, el afecto, la identidad de una comunidad, la vida de quienes tienen poca renta, la de las siguientes generaciones o el trabajo de muchas mujeres, no son aspectos iluminados por la luz de la economía. Y sin embargo desde este estrecho campo de visión, materializado en el PIB o en los indicadores de la bolsa, se elaboran las políticas y se toman las decisiones más importantes de los gobiernos y las empresas.


Muchas de estas categorías mentales operan como supuestos no discutibles. Configuran nuestra cultura sin ser puestas en tela de juicio. Parece fuera de toda duda que la historia siempre va de peor a mejor, que la gente común maneja cada vez más información, que el progreso tecnológico nos va a hacer vivir mejor, que es deseable aumentar la producción, que el desarrollo de los países ricos es bueno para todos los países, que el crecimiento económico nos hará tener menos dificultades. Muchos supuestos fueron instalados en la base de la cultura bastantes años atrás: “creced y multiplicaos”. Otros son más recientes: “lo más importante es la economía” o “el crecimiento económico es un bien”.

Muchas de estas categorías mentales permanecen en nuestros cerebros por inercia aún cuando estén desadaptadas, pero otras han sido y están siendo intencionalmente implantadas. Son funcionales al mantenimiento de los privilegios del poder. Son parte de la ideología dominante.

A estas alturas debería verse como un sinsentido que los gobiernos subvencionen a quienes cambian rápidamente de automóvil. Sin embargo a muchas personas les parece razonable que los fondos públicos se usen para apoyar a las empresas más grandes del planeta porque esto sirve, dicen, para mantener los puestos de trabajo. Las empresas más grandes del planeta sin embargo son las que proporcionalmente menos mano de obra acogen, por eso, entre otras cosas, son las más grandes. Puestos a subvencionar empleos, los fondos podrían destinarse por ejemplo a la recuperación de ecosistemas imprescindibles o la producción artesanal, más intensivas en mano de obra que las cadenas de montaje.

Del mismo modo carece de toda lógica que cada mañana se crucen en las carreteras camiones de galletas en recorridos opuestos de muchos kilómetros. Desde un punto de vista ecológico no tiene sentido realizar estos transportes de larga distancia para poder ingerir unos pocos hidratos de carbono venidos de lejos, en la cocina de tu casa. Un automóvil todo-terreno es una máquina que mueve 2.500 kilos para transportar 90. No parece el colmo de la eficiencia. Sin embargo todas éstas son cosas que se nos antojan normales.

No da igual aficionarse a correr en rallies que hacer puenting (tirarse desde un puente con una cuerda semielástica). Para la cultura normal son dos maneras de hacer deporte, dos hobbies, dos formas legítimas de entretenerse. Una cultura de la sostenibilidad, sin embargo, las ve de forma muy diferente. Si bien es cierto que ambas distraen y producen satisfacción poniendo el sistema nervioso al límite, la primera requiere una fuerte cantidad de energía, aísla los ecosistemas, ahuyenta a los animales –a algunos de forma definitiva– produce residuos y contaminación, sólo puede practicarse con una fuerte dependencia tecnológica, es incompatible con que otras personas realicen otras actividades... mientras que la segunda, el puenting, aprovecha una construcción que se ha realizado para otros fines, utiliza la energía del propio cuerpo, apenas contamina y es compatible con la vida de los ecosistemas. Un cambio de gafas hacia una cultura de la sostenibilidad permitiría ver la diferencia. Hoy este cambio cultural es ya una cuestión de supervivencia.

Siguiendo con los ejemplos de gafas con las que comprendemos el mundo, no es lo mismo hablar de producción que hablar de extracción. La economía que se estudia en las universidades y se difunde en los medios de comunicación confunde ambos conceptos. Por eso utiliza denominaciones tales como “países productores de petróleo” o “producción neta de minerales”, cuando en realidad debería decirse “países extractores de petróleo” o “extracción irreversible de minerales”. Extraer lleva a la categoría mental más genérica de restar, mientras que el concepto de producción lleva a la de sumar. Esta confusión es fatal para hacer las verdaderas cuentas del progreso. Una buena parte del progreso no es otra cosa que sustraer los recursos de sus depósitos y esquilmarlos para siempre.


  
El pensamiento único propone la economía como el eje central de percepción y valoración de la realidad y descarta aquello que no se traduce en beneficios monetarios, que para este reducido campo de visión son externalidades. Lo que la economía llama externalidades muchas veces son, desde el punto de vista de la cultura de la sostenibilidad, las cosas esenciales o centrales. El trabajo de reproducción de la naturaleza es marginal en la economía, excepto cuando se le puede sacar provecho comercial, sin embargo nos abre la posibilidad de seguir viviendo. El trabajo de muchas mujeres del planeta dedicado a la alimentación, crianza y cuidado de las personas, no se contabiliza, e incluso puede llegar a no considerarse trabajo o actividad. Los trabajadores asalariados, para la economía convencional, llegan a la puerta de la oficina sanos y alimentados como por arte de magia.

Los indicadores de la economía neoclásica no distinguen entre producción de cosas necesarias y producción de cosas superfluas y con frecuencia dan más valor a las que, además de innecesarias, son contraproducentes desde un punto de vista ecológico. Ir y volver en avión en el día, desde París o Barcelona, para comer con los amigos en Venecia, es valorado por la economía como un signo de buena vida. Sin embargo para una cultura de la sostenibilidad es un signo de muerte. Pero todavía no hemos incorporado las categorías esenciales necesarias para darnos cuenta de ello.




 


Primer capítulo de ‘Cambiar las gafas para mirar el mundo’. 
Yayo Herrero, Fernando Cembranos y Marta Pascual (Coords.). 
Colección Cartografías del vivir, nº1. Libros en acción.

viernes, 17 de enero de 2014

Everest, por Isaac Asimov

Como sabéis de vez en cuando me gusta traer cuentos de ciencia ficción al blog. Me atraen especialmente este tipo de historias cortas tan imaginativas y con finales tan sorprendentes. Pero siempre que decido publicar alguno de estos relatos surge la duda de hasta qué punto hago mal, aunque sean pequeños cuentos publicados en alguna recopilación. Están los derechos de autor. Claro. En alguna ocasión, después de leer algún relato aquí, alguien se ha llegado a preguntar si estos derechos han caducado. Y tiene razón. Pero por otro lado, también sé de casos que después de leer los cuentos se han dirigido a la librería más cercana a encargar alguna obra del autor, pues gracias a esta exposición se ha llegado a interesar y ha querido profundizar aún más. De ahí las dudas. ¿Divulgar o no? Yo me decido por seguir divulgando. Pero supongo que la clave estará en hacerlo en su justa medida.

Así que reflexionando sobre esto, y recordando el comentario de mi amigo J.M. sobre su interés por las historias de la ascensión al Everest, he pensado que estaría bien traer al blog la parte final (y entiéndase que no está al completo) de un cuento corto de Isaac Asimov titulado 'Everest', publicado por primera vez en 1953 en la revista Universe Science Fiction y reimpreso en 1975 para la recopilación de cuentos 'Compre Júpiter'. Lo interesante de este relato es que fue escrito meses antes de la primera ascensión con éxito del alpinista neozelandés Edmund Hillary y del sherpa nepalí Tenzing Norgay. Según parece Asimov vendió el relato a la revista el 7 de abril de 1953. Unos 52 días después, el 29 de mayo de 1953, Hillary y Norgay llegaban a la cima. Sin embargo el relato no fue publicado en la revista hasta diciembre del 53. Desconozco porqué no fue publicado antes siendo en un tema tan de actualidad aquellos días. Asimov se reiría años después de lo experto futurista que era al recordar este relato. Sólo tenéis que seguir leyendo para entenderlo. Y por supuesto, después de este aperitivo, os animo a que conozcáis mejor la obra de Isaac Asimov.



Everest. Fragmento final.

«La postdata del cuento incluye una visita al hospital la semana pasada para verle. Se restablecía muy despacio. Los médicos hablaban de un shock y de agotamiento; pero los ojos de Jimmy decían muchísimo más.

—¿Qué tal la aventura, Jimmy? —le pregunté—. No has hablado con los periodistas; tampoco has hablado con el Gobierno. Muy bien, ¿Que te parece si hablaras conmigo?

—No tengo nada que contar —susurró él.

—Claro que tienes —repliqué—. Has vivido en la cumbre del Everest dos semanas enteras, bajo una nevisca. Y no lo conseguiste por ti solo, ni siquiera con la gran cantidad de provisiones que arrojamos al lanzarte. Vamos, Jimmy, muchacho, ¿quién te socorrió?

Imagino que comprendió la inutilidad de tratar de embaucarme. O acaso estuviera ansioso por descargar aquel peso de su mente.

—Son inteligentes, jefe —dijo—. Comprimieron aire para que yo pudiera respirar. Montaron una centralilla generadora de energía para conservarme el calor. Y cuando vieron que el aeroplano regresaba, elevaron la señal de humo.

—Comprendo. —No quería darle prisa—. Ha sido tal como imaginábamos. Se han adaptado a las condiciones de vida del Everest. Y no pueden descender por sus laderas.

—No, no pueden. Como tampoco nosotros podemos subir. Aun suponiendo que la meteorología no nos lo impidiera, ¡nos lo impedirían ellos!

—Por lo que dices parecen criaturas bondadosas; entonces, ¿por qué habrían de oponerse? A ti te socorrieron.

—No tienen nada contra nosotros. Hablaron conmigo, ¿sabe? Por telepatía.

Yo arrugué la frente.

—Pues, entonces...

—Pero no quieren que se les moleste. Nos están observando, jefe. Se ven obligados. Nosotros tenemos la energía atómica. Estamos a punto de disponer de astronaves. Se inquietan por nosotros. ¡Y el Everest es el único sitio desde el que pueden observarnos!

Las arrugas de mi frente se acentuaron. El sudaba; las manos le temblaban.

—Calma, muchacho —le dije—. Tómalo con calma. ¿Qué diablos son esas criaturas?

Y él respondió:

—¿Qué ser cree usted que podría estar tan adaptado a una temperatura de diecisiete grados bajo cero y a una atmósfera tan tenue como la del Everest para que ése fuera el único lugar de la Tierra en el que pudiera sobrevivir? He ahí el meollo de la cuestión. Esas criaturas no proceden de ningún lugar de la Tierra. Son marcianos.»


 Everest .1953.



viernes, 10 de enero de 2014

Tormenta de ideas de Robert A. Heinlein

Parece ser que el escritor de ciencia ficción Robert A. Heinlein era muy dado al brainstroming, a la tormenta de ideas. Según se puede leer en su biografía algunas de sus obras fueron creadas usando este método, como es el caso de "Forastero en tierra extraña", en la que participó su esposa. Heinlein iba tan sobrado de ideas que incluso llegó a "donar" algunas de ellas a los amigos que pasaban por largos periodos de sequía creativa, como fue el caso de Theodore Sturgeon

Poneros en situación. Un día os llega la carta de un amigo que os cuenta que está en tal momento de bajón creativo que incluso está perdiendo la esperanza de volver a escribir. Con ánimo de ayudar, decidís compartir parte de vuestro repertorio de ocurrencias, sugiriéndole cosas como estas:

Un gatito fantasma, vagando pacientemente en el limbo, intentando encontrar el regazo familiar y amistoso...

 Una historia sobre dos países que combaten, pero no con hombres, ni con robots, sino con animales mutados como soldados. Gatos pilotos de combate (todo el instrumental automatizado, pero el pilotaje hecho por el supergato), rinocerontes tanque, monos paracaidista, leones marinos 'hombre rana', etc.

Un doble de Hollywood se mata consiguiendo un efecto en verdad muy bueno. Pero lo cortan de la película. ¿Rondará al productor con su fantasma?

Un hombre está en problemas por los topos en su jardín. Cava en el escondrijo, encuentra un nido con topos bebé, los mata. Los topos ahora se vuelven contra él, socavando su casa, inundándola, hundiéndola completamente, mientras intenta salvarla.

Fulano vende sueños, en pastillas. La euforia, junto con la fantasía favorita, está garantizada. Las pastillas no son tóxicas, ni peligrosas como los narcóticos, pero crean hábito dado que los sueños de la euforia son mucho mejores que la realidad. ¿Puede actuar la gente de la oficina de Alimentos & Drogas?

Una congregación fundamentalista, convencida de que la fe puede mover montañas, se concentra en el Monte Rushmore en Black Hills y la mayor escultura neoegipcia jamás esculpida desaparece, con montaña y todo. ¿ La administración pública debería demandar a la iglesia? ¿O está procesando a Dios? ¿O debería pedirles que oraran para traerla de regreso? ¿O deberían sistematizar esto en una nueva forma de teoingeniería? Si fuera así, los ingenieros civiles tendrían grado de divinidad en el futuro. '¿Qué es la fe sin obras (públicas)?'

Hay algo más importante que el resto en la noción de dormir. Al dormir, casi atrapamos el secreto, casi comprendemos de qué proviene todo. Podría ser posible abolir el sueño; podríamos desarrollar una raza de personas capaces, listas, trabajadoras, eficientes que nunca necesitaran dormir. Sólo que ya no tendrían alma.

Hubo una vez un hombre que no podía soportarlo. Primero perdió el poder para leer y entonces los titulares de los diarios ya no lo perturbaron más. Luego perdió el poder para comprender el habla y entonces la radio no lo molestó más. Llegó a ser bastante feliz y las arrugas se suavizaron sobre su cara y dejó de estar tenso y pintó y modeló en arcilla y bailó y escuchó música y disfrutó de la vida.

Entonces un inteligente psiquiatra penetra su fuga y lo sana otra vez. Ahora puede leer, y escuchar la radio, y se ha vuelto consciente otra vez de la Guerra Fría y de la delincuencia juvenil y las violaciones y la rapacidad y etcétera ad nauseam. 

Sin embargo, no pudo soportarlo. Mató un montón de personas antes de que lo atraparan.
...

 Img: Theodore Sturgeon y Robert A. Heinlein

 Esto es parte de lo que le escribió Robert A. Heinlein a su amigo Theodore Sturgeon en 1955. La carta no tiene desperdicio. Podéis leerla completa y traducida en la siguiente dirección:

jueves, 3 de octubre de 2013

Asimov y Star Trek

Durante los 70 y los 80 Isaac Asimov colaboró como asesor científico de la serie de ciencia ficción Star Trek. Hay muchas anécdotas sobre la relación ente Asimov y Gene Roddenberry, el creador de la serie. En sus memorias Isaac Asimov nos cuenta algunas de ellas:


He actuado de “asesor” en varios ocasiones. Gene Roddenberry, famoso por Star Trek, me pidió algunos consejos en relación con la primera película de Star Trek y lo hice con mucho gusto porque es amigo mío. No le pedí dinero, pero me envió un cheque y me dijo que aparecería en los títulos de créditos. Nunca había aparecido mi nombre en una película, así que fui a verla. Al final, todo el mundo empezó a salir, mientras una interminable lista pasaba por la pantalla. Janet y yo esperamos tozudamente mientras el cine se vaciaba y por fin, lo último que se leía era: “Asesor científico: Isaac Asimov.” Naturalmente aplaudí ruidosamente, y pude oír una voz que con toda claridad, desde el pasillo, decía: “Es Asimov que aplaude a su propio nombre". Acababa de nacer otra anécdota sobre mi vanidad.

 Isaac Asimov y Gene Roddenberry

En el punto 118 de sus memorias Asimov dedica un capítulo entero a hablar de las convenciones de Star Trek:


   Puesto que ya he mencionado Star Trek en el capítulo anterior, explicaré algunas cosas sobre esta serie. Concebida y producida por Gene Roddenberry, se emitió por primera vez en 1966 y constituyó un gran éxito entre los aficionados a la ciencia ficción. Fue la primera obra de este género que apareció en televisión.


    Al final del primer año, los mandamases decidieron cancelar la serie. La decisión fue recibida con una protesta instantánea y masiva de los aficionados que cogió a esos señores por sorpresa. Los pobres imbéciles no sabían lo claros y apasionados que llegan a ser los aficionados a la ciencia ficción. Se revocó la decisión y Star Trek siguió dos años más antes de dejar de emitirse.

Grabación de la serie original de Star Trek

    Sin embargo, nunca murió. Se sigue reponiendo. Luego, se hicieron cinco largometrajes con el antiguo reparto durante los ochenta (aunque los protagonistas ya habían envejecido bastante) y en 1988 empezó una nueva serie de televisión con un nuevo reparto, Star Trek: The Next Generation (Star Trek: la nueva generación.)


    Janet es una gran entusiasta de Star Trek. De vez en cuando escribo un artículo corto sobre algún tema de televisión para TV Guide y allá por 1966 me pidieron un comentario sobre esta serie y algunos de los otros programas (muy inferiores) de ciencia ficción que también se emitían en esa época. Decidí ser divertido y mencioné unos pocos errores científicos de los programas sin perdonar del todo a Star Trek. De inmediato recibí una carta furiosa de Janet y no me quedó más remedio que escribir un nuevo artículo que alababa las virtudes de Star Trek. Dicho sea de paso, esto inició mi amistad con Gene Roddenberry.

 Grabación de Star Trek: La nueva generación


    Janet formó parte de la protesta contra el fin de la serie después de su primer año. Desde entonces, ha visto todas las reposiciones una y otra vez hasta que -bromeo- sus labios se mueven mientras repite el diálogo con los protagonistas.


    No se perdió ni una reposición hasta que se compró todos los vídeos para poder verlas sin los anuncios. Por supuesto, conoce todos los largometrajes y sigue las nuevas series con entusiasmo. No puedo interrumpirla. Sin embargo, no me deja llamarla trekkie. No sé por qué me lo impide.

  Leonard Nimoy pasando por maquillaje para convertirse en Mister Spock


    Otros, muchos otros, eran tan entusiastas como Janet y uno de ellos era una joven dama llamada Elyse Pines, que tuvo la idea de organizar una convención de Star Trek en la que los entusiastas de la serie se reunirían para hablar de ella, se venderían recuerdos de Star Trek y a la que, a lo mejor, se invitaría a algunos de los actores. También quería mi promesa de que asistiría. Puesto que se iba a celebrar en Manhattan, acepté.

    Cuando Elyse concibió la convención, en 1972, todavía no se había comprobado la popularidad de la serie a largo plazo y no esperaba a más de cuatrocientas personas. Fueron dos mil quinientas. Por supuesto, Elyse (y también otros) tuvo que organizar otras convenciones a lo largo de los años setenta. Asistí prácticamente a todas las que se celebraron en Manhattan, y en tales ocasiones siempre di una charla. Estuve presente en una que tuvo un éxito clamoroso. Había tanta gente en el hotel para asistir a la convención que se “cristalizaron”. Los salones y las escaleras estaban tan llenos que nadie (literalmente) podía moverse. Por fortuna, me di cuenta de ello antes de que la cristalización fuera completa y me las arreglé como pude para salir a la calle.


   Isaac Asimov firmando autógrafos en lo que parece una convención de Star Trek

    Siempre me agrada hablar y firmar libros (dentro de un límite razonable), es halagador y contribuye a las relaciones públicas. Sin embargo, era consciente de que el foco de atención era la gente de Star Trek y yo era un extraño. La mayoría de los asistentes podían muy bien no saber siquiera quién era yo. El desencanto fue completo cuando, en cierta ocasión, el propio William Shatner (el Capitán Kirk de la magnífica nave Enterprise) mantuvo embelesada a una enorme audiencia con una charla constituida sobre todo por una sesión de preguntas y respuestas, pero finalmente terminó y se tenía que marchar.

Esto creaba un gran problema: cómo salir del hotel sin ser avasallado por la multitud y, probablemente, ahogado por sus admiradores. Había un grupo de guardias destinados a protegerlo y a abrirle camino, pero si la multitud se abalanzaba, sería arrolladora. 

Leonard Nimoy y William Shatner en la convención de las Vegas de 2006


    Así que los organizadores de la reunión (no Elyse, que había dejado el campo a otros) me pidieron que retuviera a la multitud mientras Shatner salía. Yo no sabía lo que iba a suceder, pero me puse de pie y empecé a hablar. Todo iba muy bien hasta que llegó la noticia de que Shatner había alcanzado su coche y se había largado; en ese momento, me echaron del estrado a mitad de una frase.


    Me adula que piensen que soy el único capaz de mantener a una audiencia pegada a sus asientos, pero no aprecio que me utilicen de manera tan descarada. Podrían haberme dejado terminar mi charla. Después de esto, sigo el ejemplo de Shatner. Cuando tengo ganas de ir a una convención local, llego justo antes de empezar una charla y desaparezco justo después de finalizarla.

     Por supuesto, nunca he estado en peligro de que me asalten los admiradores.

Imagen de la convención de 2011en las Vegas





 

jueves, 19 de septiembre de 2013

Recortes en investigación



 "Este año la investigación era una marioneta cuyos hilos eran manejados por el propio Consejo Mundial. Las naciones occidentales habían alineado sus investigaciones en un gesto hacia la economía de medios. El Consejo Mundial era un animal político. Renfrew tenía la impresión de que la política del Consejo iba encaminada a apoyar los esfuerzos más visibles y muy poco más. El programa del reactor a fusión seguía llevándose la parte del león, pese a que sus progresos eran casi nulos. Los mejores grupos del Cav, como la radioastronomía, habían sido disueltos el año pasado, cuando el Consejo decidió que la astronomía como conjunto era poco práctica y que sus trabajos debían ser suspendidos «hasta nueva orden».  El momento en que esta orden sería dada de nuevo era un extremo que el Consejo eludía sin reparos. La idea general era que en el momento actual de profunda crisis las naciones occidentales tenían que prescindir de sus investigaciones de lujo en beneficio de una concentración hacia los problemas ecológicos y los variados desastres que ocupaban constantemente los titulares de los periódicos. Pero uno tenía que navegar al viento que soplase, Renfrew lo sabía muy bien". 

Fragmento de 'Cronopaisaje', de Gregory Bendford . 1980




martes, 27 de agosto de 2013

Asnos estúpidos, por Isaac Asimov

 Naron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de su estirpe que llevaba los anales galácticos. Tenía en su poder el gran libro que contenía la lista de las numerosas razas de todas las galaxias que habían adquirido el don de la inteligencia, y el libro, mucho menor, en el que figuraban las que habían llegado a la madurez y poseían méritos para formar parte de la Federación Galáctica. En el primer libro habían tachado algunos nombres anotados con anterioridad: los de las razas que, por el motivo que fuere, habían fracasado. La mala fortuna, las deficiencias bioquímicas o biofísicas, la falta de adaptación social se cobraban su tributo. Sin embargo, en el libro pequeño nunca se había tenido que tachar ninguno de los nombres anotados.

  En aquel momento, Naron, enormemente corpulento e increíblemente anciano, levantó la vista al notar que se acercaba un mensajero.

-Naron -saludó el mensajero-. ¡Gran Señor!

-Bueno, bueno, ¿qué hay? Menos ceremonias.

-Otro grupo de organismos ha llegado a la madurez.

-Estupendo, estupendo. Hoy en día ascienden muy aprisa. Apenas pasa año sin que llegue un grupo nuevo. ¿Quiénes son?
  
El mensajero dio el número clave de la galaxia y las coordenadas del mundo en cuestión.

-Ah, sí -dijo Naron- lo conozco.

Y con buena letra cursiva anotó el dato en el primer libro, trasladando luego el nombre del planeta al segundo. Utilizaba, como de costumbre, el nombre bajo el cual era conocido el planeta por la fracción más numerosa de sus propios habitantes.

Escribió, pues: La Tierra.

-Estas criaturas nuevas -dijo luego- han establecido un récord. Ningún otro grupo ha pasado tan rápidamente de la inteligencia a la madurez. No será una equivocación, espero.

-De ningún modo, señor -respondió el mensajero.

-Han llegado al conocimiento de la energía termonuclear, ¿no es cierto?

-Sí, señor.

-Bien, ese es el requisito -Naron soltó una risita-. Sus naves sondearán pronto el espacio y se pondrán en contacto con la Federación.

-En realidad, señor -dijo el mensajero con renuencia-, los observadores nos comunican que todavía no han penetrado en el espacio.

Naron se quedó atónito.

-¿Ni poco ni mucho? ¿No tienen siquiera una estación espacial?

-Todavía no, señor.

-Pero si poseen la energía termonuclear, ¿dónde realizan las pruebas y las explosiones?

-En su propio planeta, señor.

Naron se irguió en sus seis metros de estatura y tronó:

-¡En su propio planeta!

-Si, señor.

Con gesto pausado, Naron sacó la pluma y tachó con una raya la última anotación en el libro pequeño. Era un hecho sin precedentes; pero es que Naron era muy sabio y capaz de ver lo inevitable, como nadie, en la galaxia.

-¡Asnos estúpidos! -murmuró.
FIN
 "Silly Asses", 1957



Vía: Ciudad Seva