Mostrando entradas con la etiqueta inteligencia artificial. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta inteligencia artificial. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de abril de 2014

Mundo Futuro III

Han tenido que pasar 7 años y una portada en Menéame para que me decida a publicar la 3ª parte de Mundo Futuro. Supongo que en su momento me pareció tan fantasioso lo que se contaba en aquella parte del suplemento especial de Muy Interesante de octubre 1992 que decidí dar por cerrada la serie. Ha pasado tanto tiempo que ni estoy seguro. Así que es un buen momento para terminar la trilogía todo gracias a la iniciativa de EvilGeniusFromHell (sic) y al interés de los meneantes. Dejar claro que todo lo que aquí se expone sale de los artículos que por 1992 publicaron Alejandro Sacristán, José Antonio Mayo y María Estalayo, entre otros. Resulta llamativo seguir hablando en futuro de aquellas ideas que se planteaban en unos artículos publicados hace ya la friolera de 22 años.

Img: Portada del espacial 'Los próximos 100 años' de Muy Interesante

Es esta tercera parte, que va de 2060 al 2092, la que la autora del artículo, María Estalayo, denominó LA SOCIEDAD DE LAS UTOPÍAS. Un momento en el que ser humano ya habría cubierto todas sus necesidades materiales e iría, ahora sí, en pos de la utopía. Teniendo la 'mente global' como objetivo, se desarrollará un proyecto espiritual que integre a la humanidad con el planeta y con el resto del universo. Veamos lo que proponía la autora entonces..

Vivir todas las experiencias de hombres y animales será la gran conquista tecnológica de finales del siglo XXI. Podremos repetir en la conciencia de un ser vivo la memoria y los sentimientos de un antepasado. Algo parecido a aquella fantástica película de 1983 llamada Proyecto Brainstorm. Ya en 1992 el físico Freeman J. Dyson aseguraba que llegaría el momento en que la distinción entre vivo o muerto, presente y pasado, sería algo confuso, debido a las 'máquinas de los recuerdos'. También defendía los implantes de recuerdos artificiales (tal y como se mostraba en la por entonces reciente Desafío Total). Freema Dyson también imaginaba un mundo en el que en lugar de admirar la belleza de la naturaleza desde fuera, se miraría directamente, a través de los ojos de los animales. Para entonces ya conoceríamos los códigos electroquímicos por los que las imágenes son convertidas en sensaciones. Podría devolverse por tanto la vista a los ciegos, incluso si carecen de ojos. Se podría ir más allá y bucear en la memoria genética de la célula hasta recomponer la historia de los seres vivos del planeta, algo que la autora del artículo relaciona con la, también por entonces reciente, teoría de Rupert Sheldrake sobre los campos morfogenéticos.

Img: Proyecto Brainstorm. MGM.

Una vez cubiertas todas las necesidades tanto materiales como energéticas, gracias entre otras cosas al control de la población, la conquista del espacio y el desarrollo tecnologías microscópicas, la autora planteaba que la humanidad tendería al dominio de la última frontera: la mente y  la muerte. La comunicación directa cerebro a cerebro y la telepatía, algo que ya planteaba Asimov en La mente errabunda (donde concebía un transductor implantado en el cuerpo capaz de convertir la información electrónica en un tipo de impresión que el cerebro puede interpretar), cambiará la relación entre las personas. Se llegaría a comprender al otro en su totalidad, por lo que devengaríamos en seres cuasi espirituales. Habríamos alcanzado la mente global. Estaría por resolver por tanto dónde quedaría la intimidad y la individualidad.

 Img: X-Men. 20th Century Fox

Pero también debemos considerar que ya para entonces la humanidad podría haber mutado, deshaciéndose de la carga corporal. La vejez y la enfermedad no serán por tanto un problema. En 1992 algunos expertos en robótica, como Hans Moraver, defendían que no había razones para que no fuéramos en un futuro inmortales. Moraver planteaba colocar el cerebro en un cuerpo de metal. Otros, como Dougal Dixon, proponían alteraciones genéticas para que el cuerpo durase eternamente. O Paul Segall, que defendía que la clonación crearía embriones que servirían como banco de células y tejidos.

Y llegaríamos así al último paso evolutivo, desde las estructuras de calcio a las ectoplasmáticas. El ya mencionado Freeman Dyson imaginaba seres humanos muy evolucionados, formando una nube desmaterializada que viviría en los espacios interplanetarios. Una conciencia única en forma de nube galáctica. Algo ya propuesto anteriormente por Fred Hoyle en La nube negra. El secreto estaría según autores como Arthur C. Clarke en la cuarta dimensión. Un objeto que se moviera en esa dimensión sería invisible en nuestro mundo tridimensional, defendía. Clarke aseguraba que esa cuarta dimensión se podría crear artificialmente.

Pero si a finales del siglo XXI no hemos alcanzado un grado tan evolucionado de desarrollo espiritual, de todas formas seguiríamos con la expansión tecnológica. Llegaremos a terreformar planetas hasta el momento inhabitables. Serán la biología molecular, las neurofisiología y la física espacial las áreas del conocimiento que dominarán el siglo XXI, aseguraba la autora del artículo. Dyson proponía el diseño de naves espaciales que pesasen sólo un kilo. Naves que no se construirían, sino que crecerían, pues estarían organizadas biológicamente y sus planos se escribirían en el lenguaje del ADN. Estas naves, dotadas de una evolucionada inteligencia artificial, podrían desarrollar alas, patas, o lo que necesitasen una vez llegadas a destino.


Img: Prototipo de insecto robot de la NASA. 1992.

En este avance por el espacio nos encontraremos inevitablemente con otras civilizaciones. La mayoría de los estudios de prospectiva ya entonces situaban en las últimas décadas del siglo XXI el encuentro con alienígenas, y lo que ello supondrá de transformación de nuestro planeta. Como defendía entonces María Estalayo, quizá antes logremos tomar contacto con otras especies no humanas terrestres, como los defines. Si a finales del siglo XXI llegamos a un estado de comunicación absoluta con animales e incluso plantas (y tal vez con el propio planeta), el ser humano habrá trascendido su condición de especie. La mayoría de nosotros no estará aquí para vivir semejante experiencia, pero tan solo el planteárselo es ya un fantástico viaje.

Img: Contact. Warner Bros Pictures.



Fuente:
Suplemento de la revista Muy Interesante nº 137, octubre 1992.


Entradas relacionadas:

Mundo Futuro I
Mundo Futuro II

martes, 20 de marzo de 2012

Auténtico amor

True love - Isaac Asimov, 1977



Mi nombre es Joe. Así es como me llama mi colega, Milton Davidson. Él es un programador, y yo soy un programa de computadora. Formo parte del complejo Multivac, y estoy conectado con otros componentes esparcidos por todo el mundo. Lo sé todo. Casi todo.

Soy el programa privado de Milton. Su Joe. Milton sabe más acerca de programación que cualquiera en el mundo, y yo soy su modelo experimental. Ha conseguido que yo hable mejor que cualquier otra computadora puede hacerlo.

-Es simplemente cuestión de hacer encajar sonidos con símbolos, Joe -me dijo-. Así es como funciona el cerebro humano, pese a que no sabemos todavía qué simbolos particulares emplea el cerebro. Sé los símbolos que hay en el tuyo, y puedo convertirlos en palabras, uno a uno.

De modo que hablo. No creo que hable tan bien como pienso, pero Milton dice que hablo muy bien. Milton no se ha casado nunca, aunque está a punto de cumplir los cuarenta años. Nunca ha encontrado la mujer adecuada, me dice. Un día me comentó:

-Algún día la encontraré, Joe. Quiero lo mejor. Quiero conseguir el auténtico amor, y tú vas a ayudarme. Estoy cansado de mejorarte a fin de que resuelvas los problemas del mundo. Resuelve mi problema. Encuéntrame el auténtico amor.

-¿Qué es el auténtico amor? -pregunté yo.

-No importa. Se trata de una abstracción. Simplemente encuéntrame a la chica ideal. Estás conectado con el complejo de Multivac, de modo que tienes acceso a los bancos de datos de todos los seres humanos del mundo. Resuelve mi problema. Encuéntrame el auténtico amor.

-Estoy listo -dije.

-Primero elimina a todos los hombres -dijo él.

Eso era fácil. Sus palabras activaban símbolos en mis válvulas moleculares. Podía entrar en contacto con los datos acumulados de todos los seres humanos del mundo. Como resultado de aquellas palabras, descarté a 3.784.982.874 hombres. Mantuve el contacto con 3.786.112.090 mujeres.

-Elimina a todas las menores de veinticinco años -me dijo-; a todas las mayores de cuarenta. Luego elimina a todas las que tengan un CI inferior a 120; a todas las que midan menos de 150 centimetros y más de 175 centimetros de estatura.

Fue dándome instrucciones exactas; eliminó a las mujeres con hijos vivos; eliminó a las mujeres con diversas características genéticas.

-No estoy seguro del color de los ojos -dijo-. Dejemos ese dato por el momento. Pero elimina a las pelirrojas. No me gustan.

Al cabo de dos semanas, habíamos reducido la lista a 235 mujeres. Todas ellas hablaban correctamente el inglés. Milton dijo que no quería problemas con el idioma. Aunque podía recurrir a la traducción por computadora, eso resultaba un engorro en los tiempos íntimos.

-No puedo entrevistarme con 235 mujeres -dijo-. Tomaría demasiado tiempo, la gente podría llegar a descubrir lo que estoy haciendo.

-Eso traería problemas -le advertí. Milton había arreglado las cosas de modo que yo pudiera hacer cosas que no estaba diseñado para hacer. Nadie sabía nada al respecto.

-No es asunto tuyo -dijo él, y su rostro enrojeció ligeramente-. Te diré lo que vamos a hacer, Joe. Te proporcionaré holografías, y comprobarás la lista en busca de similitudes.

Me alimentó holografías de mujeres.

-Esas son tres ganadoras de concursos de belleza -dijo-. ¿Alguna de las 235 encaja con ellas?

Ocho de ellas encajaban, y Milton dijo:

-Bien, tienes su banco de datos. Estudia las demandas y necesidades del mercado de trabajo y arregla las cosas de modo que sean asignadas
temporalmente aquí. Una a una, por supuesto. -Pensó unos instantes, agitó sus hombros arriba y abajo, y dijo-: Por orden alfabético.

Esta es una de las cosas que no estoy diseñado para hacer. Trasladar a Gente de trabajo a trabajo por razones personales es algo llamado manipulación. Puedo hacerlo ahora porque Milton lo agregó así. De todos modos se suponía que solamente lo hacía por él.

La primera chica llegó una semana más tarde. Milton enrojeció cuando la vió. Habló como si realmente le costara hacerlo. Estuvieron juntos durante mucho rato, y él no prestó la menor atención. En un momento determinado le dijo:

-Permítame invitarla a cenar.

Al día siguiente me informó:

-De alguna manera, no era lo suficientemente buena. Le faltaba algo. Es una mujer hermosa, pero no capté nada del auténtico amor. Probemos la siguiente.

Ocurrió lo mismo con todas las ocho. Eran muy parecidas. Sonreían mucho y tenían voces extremadamente agradables, pero Milton encontraba siempre algo que no encajaba.

-No puedo comprenderlo, Joe. Tú y yo hemos escogido a las ocho mujeres de todo el mundo que parecen más adecuadas para mí. Son ideales. ¿Por qué no me gustan?

-¿Tú les gustas? -pregunté.

Alzó las cejas, y dio un puñetazo con una mano en contra la palma de la otra.

-Eso es, Joe. Es como una calle con dos direcciones. Si yo no soy su ideal, ellas no pueden actuar de tal modo que se conviertan en mi ideal. Yo debo ser también su auténtico amor, pero ¿cómo puedo conseguirlo? -Pareció pensarlo todo el día.

A la mañana siguiente vino a mí y dijo:

-Voy a dejártelo a ti, Joe. Todo a ti. Tienes en tu poder mi banco de datos, y además voy a decirte todo lo que sé de mi mismo. Llenarías mi banco de datos con todos los detalles posibles, pero guarda los añadidos para ti mismo.

-¿Qué debo hacer con ese banco de datos, Milton?

-Lo comparas con los de las 235 mujeres. No, 227. Deja aparte a las ocho que yahemos visto. Arregla las cosas de modo que se sometan a un examen psiquiatrico. Llena sus bancos de datos y compáralos con el mío. Busca correlaciones.

(Arreglar examenes psiquiátricos es otra de las cosas que están en contra de mis instrucciones originales.)

Durante semanas, Milton no dejó de hablarme. Me contó de sus padres y de sus demás familiares. Me contó de su infancia y de sus días de escuela y de su adolescencia. Me contó de mujeres jóvenes a las que gabía admirado a distancia. Su banco de datos fue creciendo, y él me ajustó de modo que yo pudiera ampliar y profundizar mi comprensión simbólica.

-¿Te das cuenta, Joe? A medida que voy introduciendo más y más de mí en ti, te voy ajustando para que encajes mejor conmigo. Si llegas a comprenderme lo suficientemente bien, entonces cualquier mujer cuyo banco de datos puedas comprender perfectamente será mi auténtico amor.

Siguió hablándome, y yo fui comprendiéndole cada vez mejor y mejor.

Podía construir frases más largas, y mis expresiones se hacían más y más complicadas. Mi forma de hablar empezó a sonar muy parecida a la suya en vocabulario, sintaxis y estilo.

En una ocasión le dije:

-¿Sabes, Milton? No se trata tan sólo de encontrar en una chica un ideal físico. Necesitas una chica que encaje contigo personal, emocional y temperamentalmente. Si eso ocurre, su apariencia es algo secundario. Si no podemos encontrar entre esas 227 la que encaje, entonces buscaremos en otra parte. Encontraremos a alguien a la que no le importe tampoco tu aspecto, si las personalidades encajan. Al fin y al cabo, ¿qué es la apariencia?

-Absolutamente de acuerdo -dijo-. Hubiera debido darme cuenta de eso si me hubiera relacionado más con mujeres a lo largo de mi vida. Por supuesto, pensar en ellas lo hace ahora todo más claro.

Siempre estábamos de acuerdo; pensábamos de forma tan parecida.

-No vamos a tener ningún problema, Milton, si me permites hacerte algunas preguntas. Puedo ver donde hay lagunas y contradicciones en tu banco de datos.

Lo que siguió, dijo Milton, fue el equivalente de un cuidadoso psicoanálisis. Por supuesto, yo estaba aprendiendo del examen psiquiátrico de las 227 mujeres..., con todas las cuales me mantenía en estrecho contacto.

Milton parecía completamente feliz.

Hablar contigo, Joe, es casi como hablar conmigo mismo. Nuestras personalidades han empezado a encajar perfectamente.

-Como lo hará la personalidad de la mujer a la que escojamos. Porque ya la había escogido, y después de todo era una de las 227. Su nombre
era Charity Jones, y era catalogadora en la Biblioteca de Historia de Wichita. Su banco de datos ampliado encajaba perfectamente con el nuestro. Todas las demás mujeres habían sido desechadas por uno y otro motivo a medida que los bancos de datos iban engrosando, pero con Charity la resonancia era cada vez más perfecta.

No tuve que describírsela a Milton. Milton Había coordinado tan perfectamente mi simbolismo con el suyo propio que pude transmitirle directamente la resonancia. Encajaba conmigo.

El siguiente paso fue ajustar las hojas de trabajo y los requerimientos laborales de modo que Charity nos fuera asignada a nosotros. Eso debía hacerse muy delicadamente, de modo que nadie se diera cuenta de que se producía algo ilegal.

Por supuesto, Milton lo sabía muy bien, puesto que era él quien lo había arreglado todo y gabía cuidado de ello. Cuando vinieron a arrestarlo bajo la acusación de abuso de sus atribuciones, fue, afortunadamente, por algo que se había producido hacía diez años. Me había hablado de ello, por supuesto, gracias a lo cual había sido fácil arreglarlo todo..., y él no iba a hablar de mí, porque eso haría que su
delito fuera considerado mucho más grave.

Ahora él ya no está, y mañana es el 14 de febrero, el Día de San Valentín. Charity llegará entonces, con sus frías manos y su dulce voz. Le enseñaré como manejarme y como cuidarme. ¿Qué importa la materia cuando nuestras personalidades resuenan de tal modo?

Le diré:

-Soy Joe, y tú eres mi auténtico amor.






domingo, 22 de junio de 2008

¿google nos convierte en estúpidos?

Esta pregunta, que muchos comenzamos a hacernos, es el título del interesante artículo publicado en The Atlantic por Nicholas Carr, Is google making us stupid?. Os traigo, a modo de collage, algunos pasajes que he traducido (no literalmente), que plantean cuestiones muy interesantes. Nos dice Carr:


Ya no pienso de la manera que solía hacerlo. Antes me resultaba muy fácil recogerme en la lectura de un libro o un artículo. Mi mente quedaba atrapada durante horas en la narrativa y en los giros argumentales. Ahora rara vez ocurre. A partir de dos o tres páginas mi concentración comienza a ir a la deriva. Pierdo rápidamente el hilo y tengo que dejarlo. Lo que solía ser algo natural para mí, la lectura profunda, ahora se ha convertido en una lucha.


Creo saber lo que me está pasando. Desde hace más de una década, he estado pasando la mayor parte de mi tiempo conectado a la red, buscando y surfeando. La red ha sido un chollo para mí como escritor. La investigación que antes requería días y días entre pilas de periódicos en las salas de las bibliotecas, ahora la puedo realizar en pocos minutos desde casa. Unas pocas de búsquedas en Google, algunos clics en los enlaces, y tengo a mi alcance todo lo que necesito. A veces lo uso para buscar videos, potcast, entradas de blogs, o simplemente para ir saltando de enlace a enlace.



La red se está convirtiendo en el medio universal, el conducto para la mayoría de la información que circula. Pero la sensación que tengo es que el proceso de mi pensamiento está cambiando, mi mente comienza a esperar recibir la información de la manera que se distribuye en internet. Muchos de mis amigos dicen estar teniendo experiencias similares. Ya no acaban los libros. “Prácticamente tengo perdida mi capacidad de leer y de absorber un artículo”. “Ya no puedo leer Guerra y Paz”. Incluso una entrada en un blog de más de dos o tres párrafos es demasiado extensa para absorberla.



Según algunos expertos, nuestros pensamientos están adquiriendo la capacidad de escanear rápidamente breves pasajes de texto desde múltiples fuentes de internet. En poco tiempo aparecerán los primeros estudios psicológicos y neurológicos sobre cómo nos está afectando a nivel cognitivo. Algunos ya hablan de una actividad en continuo salto entre fuentes de información. No podemos leer más de una o dos páginas, cuando ya estamos saltando a otro sitio
.


Nuestro cerebro es casi infinitamente maleable. Todos solemos creer que esa malla de conexiones formada por 100 mil millones de neuronas queda fijada al llegar a la edad adulta. Pero recientes investigaciones han descubierto que no es así. Según expertos, incluso en los adultos la mente es muy ‘plástica’. El cerebro tiene una gran capacidad de reprogramarse sobre la marcha alterando algunas funciones.


Nietzsche ya experimentó algo parecido cuando comenzó a utilizar la máquina de escribir. Al parecer, el empleo de la máquina produjo un cambio en su estilo de escritura, convirtiéndose su prosa en algo más ‘telegráfica’, cambiando de argumentos a aforismos, de pensamientos a juegos de palabras, de la retórica al estilo telegrama. Nietzsche respondió a un amigo que destacó este hecho: “Usted tiene razón. Nuestro medio de escritura participa en la formación de nuestros pensamientos".

[...]

El artículo de Carr no es tanto contra el buscador de google, sino contra el hecho que cuanto más nos introducimos en la red, más nos cuesta centrarnos en los textos que profundicen sobre un tema. Lo que se lleva, sobretodo en el mundo de los blogs, son textos breves y concisos con enlaces para que el lector pueda ampliar la información. Buscamos la inmediatez. Y Carr no es el único que piensa que una herramienta como el buscador de google, en su intento por organizar la información de todo el planeta y hacerla universalmente accesible, nos está haciendo estúpidos. Como decía Gideon Haigh en su ensayo sobre el tema:


Nos hemos obsesionado con mirar todo el universo como información que tiene que estar enlazada y rankeada. Nos hemos concentrado en cantidad y conveniencia a cuestas de la riqueza de la experiencia en la biblioteca. Estamos cometiendo un error tremendo. Pero lo haremos de todas formas. Las condiciones están dadas y son ideales. Han pasado trece años desde que Neil Postman decidió que Estados Unidos y el Occidente se convertirían en una “tecnópolis”: un estado donde la cultura busca su fundamento en la tecnología, halla la satisfacción en la tecnología y acepta ordenes de la tecnología. Es difícil concebir eso sin pensar en algo llamado la Sociedad Google, convencida de que una red útopica enlazada por gigantes librerías virtuales con todo el conocimiento universal de nuestra civilización. Incluso si eso significa una reducción de la cultura a listados generados por maquina de lo que todo el resto del mundo está buscando. Tan estúpido, que nadie se entera lo estúpido que es.

Otros, sin embargo, son críticos a las teorías de Carr. Algunos afirman que se sienten más inteligentes gracias a google en particular y a internet en general, aunque reconocen alteraciones en su modo de pensar y de escribir. Hablan del desarrollo de la facultad de procesar la información más rápido y de recoger numerosas fuentes de información simultáneamente.

Sea como fuere, internet está cambiando nuestras vidas.


Y todo esto me hace plantear algunas preguntas:

¿Realmente pensáis que esto nos está ocurriendo? ¿Está internet cambiando nuestros cerebros?
¿Nos dirigimos hacia nuevas formas de conocimiento?
¿Nos estamos haciendo cada día más estúpidos usando buscadores, en vez de tomarnos un tiempo para investigar? ¿O esto nos está ayudando, permitiendo adquirir más información más rápidamente?

Y añadiría:

¿Si realmente google nos hace más estúpidos, se merece el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades?
¿Os habéis fijado en el estilo tan 'telegráfico' de este post? ¿O debería decir 'internetero'?


Por cierto, ¿habéis leído todo el post?

domingo, 6 de enero de 2008

Saber cuándo parar

Muchas veces nos encontramos con situaciones en las que se produce aquello del “efecto bola de nieve[1]. Situaciones en las que parece que no hay un final, cada nuevo elemento que aparece, cada nuevo factor, modifica las variables nuevamente y su fin se presume cada vez más complicado. No sabemos cuándo y cómo finalizará el problema, y tenemos que tomar la decisión de pararlo. Pero la cuestión es: ¿cuándo intervenir? En Teoría de la Computación se estudia este problema desde los años 30, al que se denomina “el problema de la parada” o “el problema de la detención”, y es considerado como el problema irresoluble más conocido.


Alan Turing, (1912-1954) matemático, criptógrafo, filósofo, precursor y pionero
de la Inteligencia Artificial, concibió, con lápiz y papel, la máquina computadora moderna hacia 1935. Todos los ordenadores actuales son en el fondo “máquinas de Turing”. Resumidamente una "máquina de Turing" es una “máquina” idealizada matemáticamente. La importancia de este dispositivo imaginario es que es capaz de resolver cualquier problema matemático si éste ha sido especificado como algoritmo. Turing pretendía resolver el “Entscheidungsproblem de David Hilbert, esto es, “encontrar un algoritmo que determine la verdad o falsedad de cualquier proposición en el sistema formal”, demostrar en definitiva que cualquier problema bien definido se puede resolver ejecutando un algoritmo determinado.


A través de su “máquina” Turing demostró que existen problemas que un ordenador no puede
resolver, existen funciones que no son posibles calcular mediante la “máquina de Turing”, ya que no admiten una solución algorítmica. El más conocido de ellos es el problema de la parada”, que consiste en determinar si una “máquina de Turing” cualquiera se parará en un tiempo determinado sobre una entrada determinada. Podemos decir que no existe ningún método que permita predecir en todos los casos, una vez que un computador ha comenzado un cálculo, si dicho cálculo terminará alguna vez. En algunos casos, lo más que puede hacer es ejecutar el programa y esperar (¿eternamente?). Este problema y sus conclusiones son fundamentales en el tratamiento de los “bucles infinitos”.




Steam-powered Turing Machine Mural, group of CSE students, 1987

Para intentar resolver este problema Turing imaginó una máquina equipada con una “caja negra, un “oráculo”, que sería un mecanismo que llevaría a cabo las tareas “no computables”. El oráculo consistiría en un dispositivo medidor perfecto más una memoria que contiene un valor (llamémoslo T, en honor a Turing) de cierta magnitud física. T es un número irracional, y su propiedad sería que en sus dígitos representaría lo programas que terminan y los que no. Hoy día no existe ninguna forma practicable de materializar un oráculo. De ser encontrada, el impacto sobre las ciencias de cómputo sería enorme. Pero mientras tanto, sólo nosotros podemos ver si un bucle es infinito y saber cuándo parar el proceso. Al fin y al cabo, son este tipo de cosas las que siempre nos han diferenciado de las máquinas, pues nosotros, a diferencia de las máquinas, tomamos decisiones a partir de emociones [2].


Notas:

[1] Entiéndase también como "márketing viral"
[2] Antrópicos: 'emoción y razón'



martes, 11 de diciembre de 2007

Mundo Futuro II

Siguiendo con el viaje que iniciamos hace un mes con la primera parte de Mundo Futuro, nos detendremos en esta ocasión en el periodo que va del 2020 al 2060. Como ya entonces advertí, no viajamos de la mano de la ciencia-ficción sino de la prospectiva, la ciencia que nos dice cómo será el futuro. Gracias a ella sabemos que nos esperan grandes cambios.


El siglo XXI no será un
versión corregida y aumentada del siglo XX. A la resaca contemplativa de las primeras décadas del nuevo milenio le seguirá, a partir del año 2020, una gran aceleración. Mundos sintéticos, ordenadores cada vez más humanos, microchips bajo la piel, microrrobots insectoides, mecanimales, granjas moleculares, nuevas especies creadas por los alquimistas del ADN... Nada de esto será extraño en la 'Sociedad del Conocimiento'.


Prospectivistas como Marvin Minsky, padre de la Inteligencia Artificial, augura que poco a poco desaparecerá la frontera entre lo natural y lo artificial, y la humanidad sufrirá un salto fundamental en la evolución. “Seguro que esta perspectiva no agradará a muchos” -dice Minsky- “porque este salto hacia el que nos dirigimos podría tener bien poco de humano. Cada vez estoy más convencido de que será de orden mecánico: las máquinas podrán cumplir las mismas funciones que los hombres, pero con una calidad de ejecución mucho más alta. Más adelante integrarán lo orgánico, esto es, el cuerpo”.


El mundo, antes y después de ese gran salto, no tendrá nada que ver. La humanidad entrará en la era del conocimiento. A partir del año 2020 la humanidad pasará de la era de la manipulación a la era de la enseñanza. Según el filósofo Roberto Vacca y el prospectivista John Naisbitt, las nuevas tecnologías de la información darán lugar a la mayor explosión cultural de la historia, un nuevo 'Renacimiento'. La información adquirirá unas proporciones descomunales. Hacia el 2030 los ordenadores imitarán los dos hemisferios del cerebro humano y dispondrán de capacidades de tratamiento complementarias. Por un lado, cálculo y deducción analítica; por otro, visión global e intuición.


La sociedad del conocimiento girará en torno a la información. Lejos quedará para siempre la vieja sociedad obrera de producción, esclava del carbón y del acero. Será el triunfo total de la microelectrónica, que extenderá su influencia hasta finales del tercer milenio, cuando tome relevo la fotónica. El francés Paul Virilio, arquitecto y teórico de la velocidad advierte del peligro de la saturación tecnológica: “Estas tecnologías invisten al hombre de atributos de la divinidad: ubicuidad, instantaneidad, omnipresencia, omnividencia, pero, al mismo tiempo, le privan de su cuerpo”. Virilo caricaturiza al hombre esclavo de la técnica... Marvin Minsky anuncia la revolución de los implantes. Después de los pasivos, del tipo senos de silicona, llegarán los implantes de memoria adicional, los estimuladores energéticos, o micromáquinas de telecomunicación insertadas en el mismo corazón.


El sujeto terminal, saturado de información, se desconectará de la realidad y se refugiará en el simulacro, en los mundos artificiales, tan pocos tangibles como la propia información, y en placeres del tipo 'sexo virtual'. Y éste será el primer paso hacia la erotización de las máquinas, algo que en opinión del ingeniero Shubichi Mizuno, “será esencial para la coexistencia de hombres y máquinas en la sociedad del futuro”.


Escena de 'El cortador de césped'- 1992


¿Cómo será posible la convivencia de 12.000 millones de personas y 100.000 millones de máquinas a finales del Siglo XXI? Steve Brand, del Media Lab, afirma: “El advenimiento de nuevos niveles de comunicación en el plano mundial implica el arribo de algo más que humano. Tal vez una civilización de organismo cibernéticos o un planeta cognoscitivo".


En el campo de la biotecnología existirán granjas moleculares y biotecnología asistida por ordenador. El bricolaje genético será habitual. Los animales transgénicos se convertirán en nuevas herramientas de producción. Plantas, animales y bacterias nos suministrarán toda clase de productos: medicamentos, insecticidas, alcoholes, disolventes o moléculas raras.


La ingeniería genética y la inteligencia artificial prometen cambiar la faz del mundo. La cuestión es si dejarán paso a la sociedad del conocimiento o a un mundo de esclavos tecnológicos, que controlarán su territorio a golpe de zapping. ¿Seremos sabios o parapléjicos tecnológicos?


[Extracto de “Mi novia es una ciberchica. La sociedad del conocimiento”, por José Antonio Mayo. Suplemento ‘Así será el futuro’, Muy Interesante, Octubre 1992]


Entradas relacionadas en 'antrópicos':

Mundo Futuro

sábado, 1 de septiembre de 2007

No le apetece mejor una partidita de ajedrez ... ?

Supongo que conoceréis la película “Juegos de Guerra (1983), considerada de culto y una de las más geek. El argumento es el siguiente :


David, un joven con grandes habilidades
con los ordenadores, entra en un sistema ajeno sin saber que ese sistema es el W.O.P.R., el ordenador central del NORAD (el Comando de Defensa Aéreo Norteamericano), y ejecuta en remoto lo que él cree que es un inocente juego de guerra para probarlo y entretenerse un rato. El problema es que ese programa en realidad lo que hace es controlar el ordenador central del NORAD, un ordenador pensado para eliminar fallos humanos de última hora en el momento de lanzar las cabezas nucleares contra un posible enemigo. Esta situación desencadena en una crisis nuclear que podría terminar provocando la Tercera Guerra Mundial, y que sólo el protagonista y el diseñador de este sistema, el profesor Falken, podrán evitar.






Para el que escribe es una de sus películas favoritas, una
de las mejores películas de entretenimiento de la década de los 80, que presenta un planteamiento totalmente adulto dirigido a un público joven. Todo un referente del cine de evasión.


Desde el punto de vista informático podemos destacar varios aspectos
que la hacen, posiblemente, la película informática por excelencia:

(Aviso : spoilers)


Por un lado resulta interesante la forma en que el hacker consigue colarse en los ordenadores. A diferencia de las fantasiosas técnicas usadas por otros piratas de la ficción, David en un caso consulta furtivamente un post-it en el que un usuario olvidadizo ha dejado anotada la password, y en otro prueba (y acierta) usando el nombre del hijo del usuario. Precisamente este tipo de imprudencias son responsables de gran cantidad de ataques informáticos en la vida real.



Asimismo, la táctica de llamar al azar a los números de teléfono buscando una respuesta de un computador era usada por los hackers de la época anterior a Internet. De hecho, la técnica descrita en la película paso a denominarse como “wardialing” en lo sucesivo, debido al impacto que produjo la misma
.


Otro aspecto que no se menciona en la película como tal, pero que es fundamental para el desenlace, es el equilibrio de Nash:

"En todo juego finito existe al menos un punto, llamado punto de equilibrio, donde ninguno de los jugadores puede obtener una mayor recompensa cambiando unilateralmente su estrategia".



En la programación de la W.O.P.R. no está claramente definido el concepto de beneficio, ni el de equilibrio. David, en un último esfuerzo de hacerle entender ambas cosas, lo pone a jugar a uno de los pocos juegos que es completamente equilibrado y de suma nula. Es decir, que su punto inicial es un punto de equilibrio, pero además, no hay forma de ganar si no se sale del equilibrio. Este juego es el tres en raya. Un juego donde no se gana mientras el contrincante no se equivoque. Sólo existe el empate. Y dado que en este juego, no se pierde nada por jugar, la suma de todos los beneficios y perdidas de los jugadores son nulas. Si uno gana, el otro pierde, y si no, ambos empatan. De este modo, el inocente ordenador aprende que la Guerra Fría era una situación de equilibrio, ya que cualquier misil lanzado de manera unilateral provocaría una respuesta equivalente por el enemigo, provocando perdidas enormes en ambos bandos, y sin un ganador claro. Como dice el ordenador:


"La mejor estrategia es no jugar".






Y ya que hablamos de IA, también destaco la imagen que se da del mundo de la inteligencia artificial. Era esa una época en la que el desarrollo de sistemas con inteligencia artificial se centró en varios campos del conocimiento, entre ellos los llamados “micromundos”, idealizaciones del mundo real: demostraciones de teoremas matemáticos, problemas de juegos, etc. Los juegos proporcionan una tarea estructurada en la que es muy fácil medir el éxito o el fracaso. En comparación con otras aplicaciones de inteligencia artificial, por ejemplo comprensión del lenguaje, los juegos no necesitan grandes cantidades de conocimiento.


Desde sus orígenes la IA se relacionó con juegos como el ajedrez y las damas, debido a que los juegos de mesa constituyen modelos de situaciones reales en las que hay que calcular, solucionar problemas, tomar decisiones, corregir errores, recordar, etc. A pesar de que esta línea de investigación ha sido casi totalmente abandonada en la actualidad, muchos de los avances teóricos y metodológicos de la IA se deben a ella.


Y en definitiva un película por la que no pasan los años, aunque pueda parecer obsoleta en tiempos de Internet. Pero el trasfondo creo que sigue estando vigente hoy día: l
a reivindicación pacifista y el peligro de la guerra nuclear, el uso de ordenadores para sustituir al hombre en según qué tareas que requieran tomar decisiones, la temática de los "hackers" y el peligro de la falta de seguridad informática.


Fuentes :

Inteligencia Artificial, McGraw-Hill

www.monografias.com,
http://biblioteca.itam.mx
http://rmcantin.blogspot.com

www.mondofriki.com
http://peliculasdeculto.blogspot.com

martes, 1 de mayo de 2007

¿Sueñan los androides con la I.A.?

Para emular las funciones lógicas del cerebro humano se requiere la increíble cifra de diez trillones de operaciones aritméticas por segundo. Pero aunque se lograra comprimir en un chip tanta capacidad de cálculo, una inteligencia artificial (IA) que quisiera pensar debería interactuar con todos los hechos de la vida cotidiana, enfrentar la experiencia de vivir cada segundo en una astronómica cifra de combinaciones.

El físico Roger Penrose opina que la inteligencia artificial no será factible a causa del Teorema de Gödel , según el cual ningún sistema puede describirse a sí mismo. Y una máquina programada por seres humanos estará necesariamente limitada por los axiomas o verdades que le han incorporado éstos, entanto que nosotros los humanos podemos describir verdades y conceptos totalmente inesperados.

Alan Turing, el más importante de los teóricos de la informática, arregla el problema introduciendo en la máquina el concepto de paradoja, la posibilidad de equivocarse en ocasiones. La lógica borrosa (fuzzy logic) cumplen parte de esta premisa al incluir el "puede ser" entre los términos absolutos "sí" y "no". Gracias a ella se han creado microchips para ascensores, trenes, videocámaras y electrodomésticos como lavadoras.

La propuesta del profesor David Michie, de la universidad británica de Edimburgo, resulta todavía más fantástica. Esta es su receta particular: proporcionemos a los ordenadores algún tipo de religión y mecanismos para mentir y la inteligencia artificial surgirá por sí misma.

jueves, 15 de marzo de 2007

El juego de las 20 preguntas

Seguramente de pequeño has jugado alguna vez al juego de las 20 preguntas, ya sabes, uno piensa en un objeto y otro trata de adivinarlo haciendo preguntas a las que sólo se puede responder “sí” o “no”. Si lo adivinas con un máximo de 20 preguntas has ganado.

20Q es una versión web de este juego utilizando inteligencia artificial. En este caso, tu compañero de juegos es virtual, piensas en un objeto y será el ordenador quien debe adivinar el objeto mediante preguntas. Si el ordenador consigue adivinarlo con un máximo de 20 preguntas, ha ganado. Si necesita más de 20 preguntas, habrás vencido al ordenador. La dirección para jugar online es : http://www.20q.net/


Si has estado jugando con 20Q seguro que te estarás preguntando ¿Cómo es posible?. Puedo asegurarte que no es un truco de magia, es inteligencia artificial.


Habrás oído hablar muchas veces de inteligencia artificial, pero ¿Qué es inteligencia artificial? La inteligencia artificial no es algo nuevo. Este término tiene su origen en 1956 y podríamos definirlo como “la ciencia que se encarga del estudio de las facultades mentales mediante el uso de modelos computacionales”.


20Q es, en realidad, una aplicación basada en una red neuronal artificial, que es una de las ramas de estudio de la inteligencia artificial. Si comprendemos el funcionamiento de una red neuronal, comprenderemos el funcionamiento de 20Q.


Las redes neuronales son un modelo de aprendizaje y procesamiento de información automático inspirado en el sistema nervioso biológico.



Los cerebros humanos están compuestos por decenas de billones de neuronas conectadas mediante sinopsis, estas conexiones pueden intensificarse o atenuarse dependiendo de una serie de factores. La neurona, dependiendo del estado global de sus conexiones, toma un nivel de activación. Luego, propagará esta información a todas las neuronas con las que esté conectada.



En las redes neuronales artificiales las neuronas se modelan mediante unidades de proceso, que están unidas mediante conexiones ponderadas. Cada conexión tiene un peso asociado, que equivale a la fuerza de la conexión. La función de red es la encargada de calcular la entrada global, que generalmente se calcula mediante una suma ponderada de todas las entradas recibidas. La función de activación, generalmente más compleja que la función de red, se encarga de determinar el nivel de activación basándose en la entrada global. Este valor de activación será el que se transmitirá a todas las unidades con las que esté conectada.



Para diseñar una red neuronal artificial debemos establecer las conexiones entre unidades y los pesos de estas. Lo normal es tener
unidades en forma de capas: una capa de entrada, que actuará como buffer de entrada; una capa de salida, que actuará como buffer de salida y capas ocultas que serán las encargadas de extraer, procesar y memorizar la información.


Una de las características más importantes de las redes neuronales es el aprendizaje. El aprendizaje en las redes neuronales biológicas se produce mediante el ajuste de la efectividad de la sinopsis, de esta manera cambia la influencia que unas neuronas ejercen sobre otras. En las redes neuronales artificiales el aprendizaje consiste en el ajuste de los pesos en las conexiones.


Inicialmente, habremos establecido unos pesos para las conexiones de nuestra red neuronal artificial, pero a través de entrenamiento podemos conseguir que estos pesos cambien. En nuestro caso, entrenamos a 20Q cada vez que jugamos. Si para el mismo objeto repetidas veces obtiene la misma respuesta, esa conexión se irá reforzando y terminará reconociendo esa respuesta como válida. Por esta razón, cuando hemos acabado el juego nos dice las contradicciones que ha encontrado, mostrando para esa pregunta la respuesta que tiene más peso hasta el momento (que no coincide con lo que nosotros hemos contestado). Sin embargo, nuestra respuesta ha contribuido a aumentar el peso de esa respuesta.

miércoles, 28 de febrero de 2007

Emoción y razón

Las neurociencias sugieren que el razonamiento guiado por la emoción facilita el proceso de toma de decisiones. En otras palabras: las emociones influyen decisivamente en la toma de decisiones. Según investigaciones de los últimos años, el área órbitofrontal —íntimamente relacionada con las estructuras emocionales— es crítica para el proceso de tomar decisiones.

La emoción es el proceso fisiológico en el que el organismo reacciona a un estímulo. El sentimiento, el estado que se produce al captar el cerebro los cambios fisiológicos propios de la emoción. Es muy importante distinguir por tanto entre la fase de emoción y la de sentimiento. Cuando uno siente miedo, que es una emoción, se produce un estímulo que es capaz de desencadenar una reacción automática. Esta reacción comienza en el cerebro y se refleja en todo el cuerpo. Posteriormente se puede producir una proyección de esa reacción con ideas relacionadas con las propias reacciones y con el objeto causante. Esa percepción es el sentimiento. Por tanto podemos decir que la emoción pertenece al cuerpo y el sentimiento a la mente.

En la actualidad conocemos con gran precisión el recorrido que se produce desde que un fotón impacta en la retina hasta sus llegada a las neuronas determinadas por el cerebro. Pero desconocemos la mayor parte de lo que ocurre después. Las técnicas más modernas de resonancia magnética permiten identificar las zonas del cerebro que se activan por una percepción, una emoción o un sentimiento. Pero la velocidad casi inconmensurable a la que el cerebro opera impide rastrear el mecanismo creador.

Sabemos que la sede de las emociones está en el cerebro reptiliano (los humanos tenemos tres cerebros, el reptiliano, el paleomamífero y el de los primates sociales), constituido por el hipocampo, el cuerpo calloso, el tálamo y la amígdala. Y es esta última el principal intermediario de las emociones. Las lesiones de amígdala producen que la persona se quede sin capacidad emocional (es tan malo no saber controlar las emociones como no tener ninguna).

La neurociencia ha descubierto que hay dos canales de toma de decisiones: uno lento y preciso, y otro rápido y turbio. La manera lenta se basa principalmente en la lógica, y la forma rápida y turbia en la emociones. Son dos mecanismos del cerebro complementarios para la toma de decisiones, pero no antagónicos.

Antonio Damasio afirma, que “sin emoción no hay proyecto que valga”. Como Damasio argumenta, al principio todo empieza con una emoción. A continuación se lleva a cabo un proceso de cálculo racional el que se evalúa toda la información disponible. Esta es una etapa lenta y tediosa. El problema surge que en este proceso la lógica de la razón no acaba de imponerse debido a la gran cantidad de pros y contras. Y es aquí cuando vuelven a reaparecer las emociones. Los neurólogos están convencidos que, en última instancia, una emoción es la que inclina la balanza hacia un lado u otro. Si sólo contáramos con la razón, nunca decidiríamos nada, debido a la complejidad de evaluar todos los datos.

Como afirma Eduard Punset, la presencia de emociones es bipolar: están al inicio y final de todos los proyectos humanos.


Es por esto que muchos expertos en robótica e inteligencia artificial estén sopesando la posibilidad de incluir emociones en sus creaciones.