Entropía y alimentación

La organización de nuestros cuerpos procede del alimento que comemos y del oxígeno que respiramos. Con frecuencia se oye decir que obtenemos energía de nuestra ingestión de alimentos y oxígeno, pero hay un sentido evidente en el que esto no es correcto, según Roger Penrose.

Es cierto que el alimento que consumimos se combina con el oxígeno que introducimos en nuestros cuerpos, y que esto nos proporciona energía. Pero esta energía, en su mayor parte, escapa de nuevo de nuestros cuerpos, principalmente en forma de calor. Puesto que la energía se conserva, y puesto que el contenido real de energía de nuestro cuerpos permanece más o menos constante a lo largo de nuestra vida adulta, no hay necesidad de añadir nada al contenido de energía de nuestros cuerpos. No necesitamos más energía dentro de nosotros de la que ya tenemos. De hecho añadimos algo a nuestro contenido energético cuando aumentamos de peso, ¡pero normalmente esto no se considera deseable! Cuando crecemos en la infancia también incrementamos considerablemente nuestro contenido energético a medida que formamos nuestros cuerpos, no es esto lo que estamos interesados aquí. La cuestión es cómo nos mantenemos vivos a lo largo de nuestra vida normal (principalmente adulta). Para esto no necesitamos añadir nada a nuestro contenido energético.

Sin embargo, sí necesitamos reemplazar la energía que perdemos continuamente en forma de calor. En realidad, cuanto más “energéticos” somos, más energía perdemos de esta forma. El calor es la forma más “desordenada” de energía que existe, es decir, la forma de energía con mayor entropía. Tomamos energía en forma de baja-entropía (alimento y oxígeno) y la desechamos en una forma de alta-entropía (calor, dióxido de carbono, excrementos).¿De dónde procede este suministro de baja entropía? Si el alimento que estamos comiendo es carne, entonces este alimento, al igual que nosotros, tendría que depender de una fuente adicional de baja-entropía que proporcione y mantenga su estructura. La cadena alimentaria comienza con las plantas. Debemos estar todos profundamente agradecidos a las plantas verdes por su inteligencia: tomar dióxido de carbono atmosférico, separar el oxígeno del carbono, y utilizar el carbono para formar su propia sustancia. Este procedimiento, la fotosíntesis, produce una gran reducción de la entropía. ¿Cómo es que las plantas verdes son capaces de conseguir esta mágica reducción de entropía? Lo hacen utilizando la luz del Sol. La luz solar trae una energía a la Tierra en forma de relativamente baja-entropía: en los fotones de luz visibles.

Sin embargo, la energía no se retiene, sino que se reirradia toda hacia el espacio en forma de alta-entropía, calor radiante. ¡Contrariamente a la impresión común, la Tierra (junto con sus habitantes) no “gana” energía del Sol! Lo que hace el Sol es suministrarnos una fuente de baja-entropía y nosotros ( por vía de la “inteligencia” de las plantas) hacemos uso de esta, extrayendo una mínima parte de su baja entropía y transformándola en intrincadas estructuras organizadas que somos nosotros mismos.