Recorriendo Medina Azahara

"Dicen que la veneración de las ruinas es un sentimiento desconocido en el Islam, pero ninguna otra civilización ha sido más fértil en ellas ni ha levantado edificios y ciudades enteras más velozmente destinadas a la destrucción. Madinat al-Zahra, la ciudad blanca de Adb al-Rahman III, fue construida en 10 años y asolada para siempre al cabo de 50. Pero ya escribió Ibn Jaldún en el siglo XIV, cuando la gloria de Córdoba había perecido y Granada era la capital de un reino débil y asediado, que los árabes no saben culminar obras duraderas, tal vez por delicadeza o por humildad, porque los primeros musulmanes, nómadas del desierto de Arabia, habían dictaminado que la construcción de altivos edificios era un acto de soberbia desagradable a Dios.

Vista desde la parte superior

Portada de la vivienda de la Alberca

El año 936, cuando los astrólogos hubieron determinado el día y la hora exacta que serían propicios, se enterró la primera piedra en la primera zanja de la nueva ciudad. Apenas 6 años más tarde la corte ya se había trasladado a ella. La mezquita de Madinat al-Zahra se concluyó en 48 días, 'porque al-Nasir tuvo continuamente empleados en ella a 1000 hombres hábiles, de los que 300 eran albañiles, 200 carpinteros y los demás enladrilladores y mecánicos de varias fases'.

Mezquita Aljama. La primera mezquita de Córdoba bien orientada a la Meca.

Jardines y ruinas. Al fondo parte de la ciudad de Córdoba.

A una legua de Córdoba, en las estribaciones de la sierra que llamaron los árabes monte de la Desposada, se extendieron en pocos años las edificaciones en terrazas en la ciudad del azahar, pero era tan intenso el contraste entre el blanco de los palacios y la vegetación oscura que los rodeaba, que el califa ordenó talar todos los árboles y los ásperos matorrales silvestres y plantar en su lugar higueras y almendros que tintaran de un verde más suave el paisaje.

 Portada de la vivienda del visir Yafar.

Detalles de la decoración de las puertas.

Cuentan que durante el tiempo que Sancho I de Castilla permaneció en Madinat al-Zahra anduvo como perdido en el deslumbramiento y la extrañeza de un sueño. Vio jardines de árboles traídos en caravanas y en naves desde todos los confines del mundo, y estanques donde se agitaban los colores relucientes de los peces del Índico. Vio especies de fieras más amenazadoras que las que inventaban los miniaturistas en los códices del Apocalipsis, y autómatas de ojos de vidrio que se inclinaban mecánicamente ante él y que le daban miedo, porque por unos segundos los confundía con criaturas humanas, y pájaros de plumas verdes y rojas que hablaban imitando las voces de las mujeres.

Edificio Basilical superior.

Desde el interior del Edificio Basilical.

Sancho I también vio dos fuentes por las que manaba de día y de noche el agua llegada desde los veneros de la sierra por los canales de los acueductos. Una de ellas tenía forma de elefante, y la otra de león con las fauces abiertas. Vio el salón del trono, cuya traza imitaba la del palacio de Salomón, una gran traza de mármol en la que había esculpidas doce figuras de oro rojo, y tenía en su centro un surtidor no de agua, sino de mercurio, sobre el que pendía del techo una perla mayor y más pura que cualquier otra de la que se tuviera noticia..

Salón de Abderramán III. La imagen es de la wikipedia por no poder visitarse en la actualidad por reformas.

 Pórtico. Vista general.

 Detalle del Pórtico.

En marzo del año 961, el califa se expuso al viento frío de la sierra, que batía crudamente las explanadas de Madinat al-Zahra. El médico logró su curación, y a principios de verano, el califa, que ya había cumplido 70 años, volvió a conceder audiencias y a interesarse con el desasosiego de siempre por las obras de su ciudad, que no parecían que fueran a acabar nunca. A principios de otoño, cuando volvieron los fríos del norte, el califa empeoró. Murió el 16 de octubre. Faltaban 15 años para que su hijo, al-Hakam, diera por terminada la construcción de Madinat al-Zahra, y algo más de 40 para que todos sus palacios y sus jardines con lagos y animales salvajes fueran arrasados".

Recorriendo las calles de la ciudad.

 Vista general de la casa de Yafar. En las terrazas superiores se encontraba el Alcázar.


El texto es una recopilación de fragmentos de "La Córdoba de los Omeyas" de Antonio Muñoz Molina

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