Poblado íbero del Cerro de la Cruz de Almedinilla

La última de las rutas arqueoturísticas del pasado 2013 me llevó hasta la entrañable localidad cordobesa de Almedinilla para conocer parte de los muchos tesoros que guarda en su término. Tal es así que dedicaré a Almedinilla dos entradas en el blog, esta primera, donde hablaré del poblado ibérico de "El Cerro de la Cruz" y sus piezas expuestas en la sala de la Cultura Ibérica del Museo Arqueológico de la localidad, y una próxima publicación, que la dedicaré a la Villa Romana de "El Ruedo" y su sala en el Museo. Así que de entrada ya podemos ver que el pueblo de Almedinilla posee una gran oferta cultural para el curioso, a la que podemos sumar un excelente patrimonio medioambiental, constituyendo ambos un medio sostenible de desarrollo para una localidad que hasta hace bien poco tenía casi como único sector económico el olivarero.  

 Almedinilla, en la ladera del Cerro de la Cruz

«El viaje es interesante. Se llega a Almedinilla con bastante dificultad, sea por Alcaudete (estación de la línea Puente Genil, Espeluy y Alcalá La Real), sea por Cabra y Priego. Y para llegar allí hay que tragar mucho polvo en penosas diligencias, pero el hospitalario pueblo está agradablemente situado en un repliegue de Sierra fecunda en bosques de olivares, regado por un torrente que no se seca jamás y que fertiliza una huerta fructífera; El agua fresca y sana corre abundantemente de sus claras fuentes en pleno verano y las noches son soportables allí en lo más fuerte de la canícula».

 Así hablaban de Almedinilla en 1906 los arqueólogos Pierre Paris y Arthur Engels, pioneros del estudio de la Cultura Íbera, cuando llegaron a la localidad para investigar el yacimiento de El Cerro de la Cruz. Aunque ha pasado más de un siglo de estas palabras, todavía hoy nos parecen válidas. Por supuesto que ahora hay mejores comunicaciones y un mayor desarrollo económico y social en la localidad que a principios de siglo XX, pero su hospitalidad y la belleza de su paisaje habrá variado poco desde entonces. Almedinilla sigue siendo un pequeño municipio, de apenas poco más de 2.500 habitantes, situado en el extremo suroriental de la provincia andaluza de Córdoba, en la comarca de la Subética Cordobesa, limitando con los municipios de Priego de Córdoba, Alcalá la Real (Jaén) y Montefrío (Granada). Cuesta por tanto entender como un lugar apartado relativamente de las principales vías de comunicación de la antigüedad disponga que tanto pasado. Quizás esto se explique si tenemos en cuenta que toda la Sierra Subética Cordobesa se encuentra en lo que podemos considerar el centro geográfico de Andalucía, y que tuvo que ser por tanto una zona de paso entre las tierras jienses, malagueñas, granadinas y cordobesas. La cuestión es que aunque no se dispone de mucha información sobre la prehistoria de la localidad (existen algunas evidencias, poco estudiadas, que se remontan al Paleolítico Medio), lo cierto que es en estas tierras se asentó una villa romana (de la que hablaré en otra ocasión como ya he comentado) y un pueblo prerromano en lo alto de lo que se conoce como El Cerro de la Cruz, perteneciente a la compleja y misteriosa cultura íbera. 

Está clara la situación estratégica del Cerro de la Cruz

 Cuando hablamos de los íberos lo hacemos de uno de los pueblos más sofisticados y relevantes del Mediterráneo de la antigüedad. Fue un pueblo de guerreros, artesanos, comerciantes y mercenarios, que habitaron el levante y sur de la Península Ibérica durante varios siglos hasta que cayeron bajo dominio romano. Es difícil definir una entidad cultural ibérica homogénea, pues fueron muchos los diferentes pueblos que constituyeron esta comunidad y jamás tuvieron unos rasgos culturales unitarios, ya sea lengua, historia, religión, etc. Por si esto fuera poco, por un lado tendríamos a los pueblos indígenas de las costas y valles del levante peninsular, y por otro lado a los pueblos del sur, fundamentalmente en el territorio del Valle del Guadalquivir (Turdetania) y el sureste peninsular (Bastetania). En el caso del poblado ibérico de El Cerro de la Cruz personalmente tengo mis dudas sobre si a sus habitantes los podemos catalogar como Turdetanos o Bastetanos (aunque en la propia localidad nos informan que pertenecieron a estos últimos). En todo caso este pueblo se encontraba en zona fronteriza, y llama por eso la atención que no se hayan encontrado murallas en lo que se ha excavado hasta ahora, algo muy corriente en las poblaciones íberas (aunque como veremos quizás no fueron necesarias).  

 Vistas del yacimiento


El poblado ibérico de El Cerro de la Cruz es uno de los pocos poblados de la Baja Época Ibérica (siglos II-III a.C.) que hemos encontrado hasta ahora en Andalucía. Al igual que otros muchos asentamientos dentro del mundo ibérico, se trata de un poblado en alto, construido en una ladera, aprovechando así las ventaja estratégica que ofrece su visibilidad y defensas naturales. De planta compleja, con terrazas escalonadas en la parte alta del cerro, parece que aunque no se han constatado murallas (como he comentado anteriormente), los propios muros del poblado pudieron servir como defensa. En sus calles podemos observar edificios con zócalos de piedra y paredes de ladrillos de adobe. Incluso existen pruebas de edificios de dos plantas. Se diferenciaban además los lugares de hábitat de los lugares de trabajo. Almacenes, talleres de artesanía, molinos, aljibes,.., todo esto y más se encuentran a lo largo de la extensión del yacimiento, lo que nos hace pensar en lo desarrollada que estaba la organización social del poblado. Para realizar todas estas obras es preciso que hubiera una autoridad que ordenara y coordinara el esfuerzo del grupo de personas necesarias para una obra así, con una planta urbanística tan homogénea. Y como suele ser habitual en la arqueología, esto lo podemos comprobar en las necrópolis. En el caso del Cerro de la Cruz éstas se excavaron durante los años 1866 (Maraver y Alfaro) y 1903 (Paris y Engels). Fueron 253 en total las que se encontraron, que incluían un impresionante ajuar bélico, siendo su colección de "falcatas" lo más destacado. Recordemos que la falcata es la arma típica de la aristocracia ibérica y que como pueblo guerrero que era los miembros más poderosos de esta sociedad se hacían enterrar con sus armas. La necrópolis íbera de Almedinilla presenta varios tipos de tumbas, desde la más monumental, perteneciente a la aristocracia del lugar, a la más sencilla, un simple hoyo, donde se enterrarían los vecinos más desfavorecidos. Y en el caso de los íberos siempre hablamos incineración, pues era el ritual funerario generalizado. 





 Queda mucho por descubrir todavía en el Cerro de la Cruz. Sabemos sin embargo como fue su final. Durante las excavaciones se documentó un gran incendio en el poblado y se cree que se debió a un ataque de los romanos que llegaron hasta allí. El poblado no fue posteriormente reconstruido, pasando al olvido. No sabemos prácticamente nada de su historia, tampoco su nombre. No fue hasta 1866 cuando Luis Maraver y Alfaro comenzó las excavaciones. Como suele ocurrir en estos casos, seguramente las historias de encuentros casuales por los vecinos del lugar tendrían la culpa de que llegasen noticias hasta los que sí que vieron aquí un lugar de interés. Después llegaron Pierre Paris y Arthur Engels y siguieron con las excavaciones en la necrópolis. Por desgracia por entonces el patrimonio arqueológico no estaba protegido por ninguna ley, por lo que buena parte del material de Almedinilla se encuentra hoy día disperso. Si os fijáis, quizás os lo encontréis en algún museo importante del mundo. Aún así, y gracias al empeño de los vecinos, este pequeño pueblo de la Subética cordobesa posee su propio Museo Arqueológico Local. Pequeño, pero con una colección fantástica, sencillo, pero con mucho encanto, entre sus vitrinas podemos contemplar algunas piezas espectaculares, como la colección de armas y cerámicas íberas, o la impresionante escultura del Dios Griego del Sueño, Hypnos.. Pero de esto hablaré en una próxima ocasión cuando trate la Villa Romana de El Ruedo. 



Parte de la colección de cerámica íbera del Museo Arqueológico

Para finalizar, os vuelvo a dejar con Engels:

«El Cerro de la Cruz domina Almedinilla con sus rocas enormes cuyo aspecto salvaje se suaviza bajo la cabellera de los olivos, y rudos senderos escalan las pendientes abruptas entre la más rica floración de plantas agrestes que nos hallan sido dado admirar. La ascensión que es larga es sin embargo encantadora por el dulce de los perfumes, la variedad de los puntos de vista y la extensión pintoresca de los panoramas».   




 Magnífica la colección de falcatas de Almedinilla

 Detalles de una falcata con empuñadura en forma de cabeza de caballo



Más información:

Almedinilla Turismo. Ctra. A- 339 km. 37, 14812 Almedinilla. 

Teléfono: 606 97 20 70
 Dirección de correo electrónico: info@almedinillaturismo.es
Fuentes:
Guía del Museo Municipal de Almedinilla


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