Inducción

Inducción es el razonamiento por el que pasamos de los casos particulares a la ley general.

Esta es una anécdota exagerada:

Para congraciarse con los españoles, las escuadras francesas tenían la orden de acomodarse en cuanto pudiesen a las costumbres del país. Un buen día llegó una escuadra francesa a Cartagena. El comandante envió a un oficial para que se presentase al gobernador y para que, de paso, observase si había en el traje de los españoles alguna particularidad que se pudiese imitar. Como sería un caluroso mediodía de julio, el muelle estaba prácticamente desierto, a excepción hecha de un religioso que llevaba anteojos y de un anciano caballero que también los llevaba. De este hecho el joven oficial sacó la conclusión de que todos los españoles, sin distinción de sexo, edad o clase llevaban anteojos, por lo que de vuelta al barco así se lo hizo saber a su comandante. La casualidad quiso que llevasen a bordo varias docenas de anteojos, lo que permitió que cada oficial bajase a tierra con un par sobre sus narices.

La noticia de la llegada de la escuadra había llegado ya a la población, que se había congregado multitudinariamente en el muelle para recibir a los franceses. Cuál no sería su sorpresa cuando vieron a todos aquellos oficiales provistos de anteojos. Todo empezó con unas risas, siguió con unas carcajadas y terminó en una auténtica batalla campal entre unos soldados españoles que allí había y los marineros franceses.

De 'Cartas Marruecas' - José Cadalso

6 comentarios:

Prudencio Salces dijo...

Por similar razonamiento inductivo, recuerdo que, en las primeras elecciones de la democracia española, año 1977, un señor de Madrid que encabezaba la lista de un partido político por Granada, se presentó en la ciudad de García Lorca enjaezado de sombrero cordobés, bajo la sospecha de que todos sus posibles votantes se indumentaran la cabeza con el mismo adorno.
¡La rehostia!

i75mara dijo...

jajajajaja Qué bueno! Exquisita



Y esta que traigo aquí me resulta especialmente deliciosa por lo que sigue contando Cadalso, pues acabó con los representantes de la escuadra francesa y la plaza española intentando calmar los ánimos, y como no se entendían llamaron a los hombres de fe, un clérigo de la plaza y un capellán de la escuadra, que intentaron entenderse en latín. Esto cuenta Cadalso:

"..con ánimo de ser intérpretes empezaron a hablar latín, y nada comprendieron de las mutuas respuestas y preguntas por la grande variedad de la pronunciación, y el mucho tiempo que el primero gastó en reírse del segundo porque pronunciaba ásperamente la 'j', y el segundo del primero porque pronunciaba el diptongo 'au' como si fuese 'o', mientras los soldados y marineros se mataban"

Myriam dijo...

Como no una entrada sublime. He estado un tiempo ausente, pero vuelvo y me encuentro con que nos sigues cultirizando y entreteniendo al mismo tiempo.
genial

i75mara dijo...

Myriam, se te echaba de menos
Esto no es lo mismo sin tus aportes
¡No nos abandones más!

Mary dijo...

Un gusto leer su blog.

Pasare repetidas veces para leerme todo,

Saludos desde Argentina.

Y le aseguro que me da cosita mi blog al lado del suyo jaj.

Es muuuuyyyyyy diferente.

i75mara dijo...

Pues la verdad es que sí son muy diferentes, Mary.
Un placer tenerla por aquí. Venga cuando quiera. Y no me trate de 'usted', por favor, soy joven e inexperto.

Saludos cordiales