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"España es un país intelectualmente atrasado, no decadente. Estudiando imparcialmente la historia de la producción científica y filosófica española durante la Edad Media, durante el siglo xvi, considerado con alguna exageración, a nuestro juicio, como la cima de nuestra intelectualidad y, en fin, durante las últimas centurias, comparando con absoluta sinceridad, intensiva y extensivamente, la ciencia española forjada en cada uno de esos períodos (descontando las altas y bajas causadas por fortuitos accidentes, quiero decir, el avance cultural producido por el descubrimiento de América, que abrió de repente a nuestros sabios espléndido campo de investigación, y la postración mental provocada por las guerras desastrosas y errores políticos de la época de Felipe IV), si cotejamos, en fin, en cada una de las citadas épocas, las conquistas intelectuales positivas hechas por españoles con las debidas a sabios extranjeros, nos veremos obligados a reconocer que ni la raza ni la ciencia española han decaído ni se han estacionado por completo. Sobre poco más o menos, su rendimiento científico se mantuvo siempre al mismo nivel.

La imparcialidad obliga, empero, a confesar que, apreciado globalmente, dicho rendimiento ha sido pobre y discontinuo, mostrando, con relación al resto de Europa, un atraso y, sobre todo, una mezquindad teórica deplorable. Dominó en nuestros cosmógrafos, físicos, metalurgistas, matemáticos y médicos la tendencia hacia lo útil inmediato, al practicismo estrecho. Se ignoró que sólo las ideas son realmente fecundas. Y buscando recetas y fórmulas de acción, atrofiáronse las alas del espíritu, incapacitándonos para las grandes invenciones. Además, en cada período nuestros hombres de ciencia fueron escasos, y los genios, como las cumbres más elevadas, surgen solamente en las cordilleras. Para producir un Galileo o un Newton es preciso una legión de investigadores estimables.



A semejanza de Rusia o del Japón, hasta hace poco tiempo, o de los germanos y francos antes del Renacimiento, España ha permanecido en estado semibárbaro, atenida a la religión y a la política y casi del todo ajena a la preocupación de ensanchar los horizontes del espíritu. Pero la semibarbarie no es la decadencia, como el estado embrionario no es la decrepitud. Fuera indiscutible ligereza desesperar de una raza casi virgen, riquísima en subtipos y variedades (gran ventaja en sentir de los antropólogos), creadora en todo tiempo de individualidades geniales y vigorosas, detenida en casi todas sus capas sociales en la fase infantil, y, por tanto, muy lejos todavía de la plenitud de su expansión espiritual. ¿Habrá que recordar a los pesimistas que la mayoría de los españoles son analfabetos? ¿Declararemos ciego al privado de luz? Probemos antes si es capaz de ver y de pensar, proporcionándole la antorcha de la cultura.

Mientras nuestras razas han dormido secularmente el sueño de la ignorancia y cultivado la religión y el arte (preferentes y casi únicas actividades de los pueblos primitivos), las naciones del centro y norte de Europa se nos han adelantado prodigiosamente. No vamos hacia atrás, sino muy detrás. Úrgenos, pues, alcanzarlos corriendo vertiginosamente para colaborar en la medida de nuestra escasa población y del exiguo sobrante de nuestras energías morales y económicas en la obra de la conquista de la Naturaleza.

En suma, España no es un pueblo degenerado, sino ineducado. Una minoría gloriosa de intelectuales existió siempre, y aunque con escasez y esporádicamente la Ciencia fue en todo tiempo cultivada. Nuestros males no son constitucionales, sino circunstanciales, adventicios. El problema agitado por algunos de si la raza ibera es capaz de elevarse a las esferas de la invención filosófica y científica, es cuestión tan ociosa como molesta. Sólo fuera lícito el desaliento cuando, desaparecido el analfabetismo, generalizada la instrucción y el bienestar, como en Inglaterra y Alemania, y ensayadas las fuerzas de nuestros mejores talentos en los tajos fecundos de la investigación, fracasáramos repetidamente. Pero esta prueba no se ha hecho y merece la pena ensayarse".


Reglas y consejos sobre investigación científica - Santiago Ramón y Cajal (1852 - 1934)


 

Así cazaban partículas en 1960.

Vía: Brookhaven Lab
 
Bucear en Youtube tiene como recompensa encontrar joyas como esta





Groucho: ¿Así que tú eres Ray Bradbury?
Ray Bradbury: Sí, señor.
G: ¿Y de dónde eres, Ray?
R: Soy de un pueblito llamado Waukegan, Illinois.
G: ¿De Waukegan, eh? ¿Cuándo naciste?
R: Hace treinta y cinco años.
G: ¿Treinta y cinco años? Jack Benny nació en Waukegan en ese tiempo. ¿Tú conociste a Jack Benny?
R: No, yo no lo conocí, pero mi mamá fue a la escuela con él. (El famoso comediante, actor y locutor radiofónico y de televisión Jack Benny nació en 1894... A los diecisiete años trabajó con la mamá de los Marx en una comedia teatral. Murió en 1974).
G: Mírala, pobrecita. ¿Y qué clase de trabajo haces, Ray?
R: Soy escritor (I’m a writer).
G: ¿Que tipo de jinete (Groucho quiere confundir writer con ridre)? ¿De pony exprés, motocicleta o de qué?
R: Escritor. E-s-c-r-i-t-o-r.
G: ¡Qué refrescante! Un escritor que sabe deletrear. Seguramente no eres un jinete... ¿Qué más has escrito aparte de recaditos al lechero?
R: Unos cuantos libros, uno llamado Crónicas marcianas; otro que se llama Las doradas manzanas del sol; Fahrenheit 451, todos en la editorial Doubleday; muchos cuentos cortos para el New Yorker, The Post, Colliers Magazine y cosas por el estilo.
G: ¿Con que eres un escritor exitoso? ¿Has hecho algún otro tipo de trabajo aparte de ciencia ficción y cuentos?
R: Sí, hice el guión de Moby Dick para John Huston.
G: ¿Oh, de veras? Con ese trabajo pescaste una ballena... (Groucho dice “A whale of a job”: una ballena de trabajo). ¿Estás casado, Ray?
R: Sí, sí lo estoy.
G: ¿Y en dónde conociste a tu esposa, recuerdas eso?
R: Ella trabajaba en una librería, aquí en Los Ángeles; un día entré a ver libros y ella pensó que los estaba robando.
G: Pensó que pertenecías al club mensual de rateros, ¿eh? (Groucho juega con la rima entre crook, ladrón, y book). ¿Qué fue lo que te atrajo de tu esposa?
R: Es muy hermosa, extremadamente inteligente y lee muchísimo.
G: ¿Y esto lo supiste sólo de verla parada en la tienda?
R: Después de un rato de hablar con ella me enteré de que conocía todos mis libros y cuentos cortos, y eso me cautivó.
G: ¿Así que a fin de cuentas te casaste con esta chica para llegar a casa por las noches y hablar de ti?
R: Inevitablemente en eso terminó, por cierto.
G: ¿Y no encuentras que eso pueda ser aburrido después de un tiempo?
R: No, incluso me parece muy refrescante.
G: ¿Nos describes brevemente uno de tus cuentos, para tener una mejor idea de tu trabajo?
R: Escribí un cuento de ciencia-ficción en el Saturday evening post hace algunos años, llamado “The Veldt” (así se le llama a las sabanas del África meridional; es un cuento contenido en el libro The Illustrated Man, de 1951, en el que Bradbury inventa el concepto de realidad virtual generada por una máquina); es la historia de dos niños que tienen un cuarto con una gran pantalla de tele, de pared a pared, en la que acostumbran ver programas sobre África. Un día los padres entran y tratan de apagar la televisión, pero los niños, por medio de algún sistema mecánico...
G: ¿Qué sistema era ése?
R: Era un secreto, no puedo decirlo, ¡no sabría!
G: Es lo que yo sospechaba.
R: Al final del cuento, cuando los padres entran al cuarto para apagar la tele, los niños hacen que los leones salgan de la pantalla y se coman a los padres... Fin del cuento.
G: Bueno, es un cuento muy sentimental, una mezcla un poco de Alicia en el País de las Maravillas y Mujercitas, ¿no?


Como veréis, en el vídeo sólo aparece una parte de esta conversación del show de Groucho You Bet your Life, pues en mitad de la misma empiezan con las preguntas del concurso. Tanto el resto como su traducción la obtuve del blog de Villarreal 




Me imagino que al igual que yo también estaréis aburridos de escuchar todos los días malas noticias sobre economía. Hace cinco años que estalló la crisis de las hipotecas subprime en Estados Unidos y desde entonces no hay un día que no empiecen las noticas sobre quiebra de empresas, primas de riesgo, rescates bancarios, desahucios hipotecarios, intereses de la deuda, índices de pobreza, etecé. Gran parte de nuestras conversaciones diarias tratan sobre la última noticia catastrófica o la última previsión del economista/oportunista de moda. Como decía el escritor y periodista Douglas Adamsnada viaja a mayor velocidad que la luz, con la posible excepción de las malas noticias, las cuales obedecen a sus propias leyes‘.  Y la verdad es que cuesta ser optimista en estos tiempos. Parece que los acontecimientos están empeñados en dar la razón una y otra vez a los agoreros. Por eso cuando uno se encuentra con planteamientos tan optimistas y desafiantes como los de Michio Kaku, aunque suene a tópico, se reciben como agua de mayo.


Michio Kaku es un prestigioso físico estadounidense especializado en la teoría de cuerdas también conocido en todo el mundo por su labor como divulgador científico y prospectivista. Seguramente lo habréis visto en algún programa del Discovery Channel o el canal Historia. Hace unos días se publicó en Business Spectator un artículo muy interesante donde Kaku hablaba de la llegada de ‘la cuarta ola’, y cómo la revolución que trae consigo acabará produciendo la remodelación del capitalismo actual a través de la tecnología que llevará a una nueva era de crecimiento económico.





El concepto de ‘cuarta ola’ deriva de la ‘tercera ola’, concepto que introdujo el escritor y futurista Alvin Toffler hace ya más de dos décadas. Toffler consideraba que tres grandes olas habían transformado la humanidad: la revolución agrícola, la revolución industrial y la revolución postindustrial, basada en la sociedad del conocimiento, que es la que estamos viviendo en estos momentos. Pues bien, para Kaku la ‘cuarta ola’ ya está en marcha. La tecnología estaría a punto de sufrir una tremenda transformación a través de los avances en nanotecnología y física cuántica, que daría lugar a nuevas formas de energía, telecomunicaciones y biotecnología. Imaginemos las consecuencias que tendrá, por ejemplo, la fabricación de órganos en laboratorio, o bien revertir el envejecimiento celular, procesos ambos en los que ya se está trabajando. Cómo cambiará nuestra esperanza de vida. Y qué decir de las telecomunicaciones. Es en este campo donde poner mayor énfasis el futurista. Pensemos que la mayor difusión de la información a través de la tecnología reducirá la asimetría informativa (ya hablamos de este concepto anteriormente en el blog) y establecerá una correlación exacta entre oferta y demanda, creando así lo que Kaku llama un 'capitalismo perfecto'.

Dice en el artículo: El capitalismo se basa en la competencia. Sin embargo es imperfecto en el sentido de que el consumidor no sabe cuánto cuestan realmente las cosas y el productor no sabe realmente qué quiere el consumidor. Ahí es donde la tecnología está llegando, porque el consumidor ya puede saber todo sobre un producto.. Y el fabricante puede llegar a conocer los gustos del consumidor.

Según el futurista, estas nuevas tecnologías aumentarán la competencia, el consumidor recibirá un mejor servicio (pensemos que el cliente a través de las redes podrá participar en el diseño de aquello que desea comprar) y el fabricante (que podrá usar cada vez más el marketing dirigido al cliente gracias al conocimiento que tiene de éste) también podrá aumentar sus ganancias.

Pronostica por tanto que estamos a punto de vivir una nueva revolución económica basada en lo que considera el capitalismo perfecto. Algo que en estos momentos a todos se nos antoja muy difícil. Y suponiendo que los avances tecnológicos nos permitan eludir los límites de la sostenibilidad (crecer indefinidamente en un planeta finito), sabemos que no se logrará evitar la codicia. Y quién sabe, si tenemos en cuenta los ciclos económicos, quizás dentro de 80 años nuestros descendientes vuelvan a vivir una nueva crisis económica, entonces producida por la ‘cuarta ola’.
 
 
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