El rayo que no cesa

Supongo que muchos se preguntarán: ¿Qué es lo que pasa en Antrópicos? ¿No se trata de un blog que habla sobre ciencias y esas cosas? ¿Por qué el autor del blog nos habla ahora de El rayo que no cesa, del poeta Miguel Hernández? ¿Estará perdiendo los papeles? La semana pasada fue: La princesa enamorada, un cuento simplón, que evidentemente era un recurso para hablar del “efecto doppler”. ¿Y ahora poesía? ¡¡Pero esto qué es lo que es!!


Y ahora pregunto yo:
¿Existe algún vínculo entre poesía y ciencia? Seguro que la hay. Sabemos que hay muchos poetas entre los científicos, que nos hablan de belleza, de armonía, de simplicidad o de exactitud, sea cual sea su objeto de estudio. Y también sabemos que hay muchos científicos entre los poetas, que caen rendidos ante la magnitud de la verdad científica.


En esta entrada, más
literaria que otra cosa, sólo pretendo mostrar como algo tan simple como el empleo de la ciencia estadística analizando el número de veces que se repite un determinado término, las permutaciones, las simetrías, etcétera, nos puede acercar a numerosos aspectos emocionales del autor que resultan casi imperceptibles para el lector, como las tendencias, preferencias y evolución dentro de la obra. Nos centraremos en El rayo que no cesa de Miguel Hernández. Así, desde aquí, y a modo de hermanamiento internetero, me sumo a la iniciativa de divulgación de la figura y obra de Miguel Hernández, emprendida en el blog: Historias fabulosas de Talbania, y Montalbán.


En el ensayo: “Simbología secreta de El rayo que no cesa”, el pintor, escritor, poeta y divulgador
Ramón Fernández Palmeral recoge algunos de estos aspectos estadísticos. Veamos:


"Para los aficionados a la estadística, he averiguado con un sistema informático que El rayo que no cesa, contiene exactamente 3315 palabras, sin contar los enunciados.


La conjunción que más veces aparece es la «y» (ipsilon) con 198 veces; le sigue preposición «de» con 189 veces. Corazón es la palabra más empleada con 33 veces; seguida de toro con 14 veces; sangre con 13; pena 12 y alusiones a pena o penar 20 veces; muerte 10; dolor otras 10 veces; amor y beso, ambas con 9 veces; rayo 8 veces, y barro otras 8 veces; lengua 7 veces; alma 7 veces, mar 6 veces y pie femenino 5 veces igual que fiera otras 5 y espada; miera 3 veces, perro 2 veces, carbunclo, redoma 1 vez.



Si se pudiera razonar esta fría estadística en un gráfico cartesiano o un índice de valores morales y estéticos, seguro que nos podría suministrar ciertos aspectos casi imperceptibles de los sentimientos más psicológicos del poeta y de la interrelación con su mundo interior y exterior: su yo, su pensamiento y sus estados anímicos. En un primer acercamiento percibimos que el poeta siente con el corazón, que sufre y soporta como el toro con quien a veces se compara o se metamorfosea, que sangra, que
asume penas, angustias, que nos habla de y sobre la muerte y el dolor en un estado de miseria amorosa y que sufre por el amor insatisfecho, sobrelleva mal la necesidad de ser querido por medio de los besos o caricias ausentes por parte de la amada como necesidad de reafirmación del yo, y de su lengua dulcemente infame que como un barro mancha cuanto lame.


Por la cadencia de las repeticiones de las palabras podemos apreciar que el diálogo poético en El rayo que no cesa se desenvuelve exclusivamente entre dos: el amado y la amada. El mundo no existe fuera de ellos. El pronombre posesivo (mi) se repite 72 veces, (me) 50 veces, (mío) 2 veces, (yo) 6 veces. Por el contrario, los posesivos (tú) 51 veces, (tus) 4 veces, (te) 13 veces, (tuyo) 1 vez. Lo que arroja un balance favorable hacia la personalidad del yo del amado sobre la personalidad de la amada. Sobre estas apreciaciones, que en principio son solamente propuestas de frías estadísticas, creo que es posible un estudio psicológico más amplio y ortodoxo..".

Extracto de: “Simbología secreta de El rayo que no cesa”, de Ramón Fernández Palmeral. Podéis leer los artículos de Ramón Fernández sobre la vida y obra de Miguel Hernández en el suplemento de la revista PERITO en la siguiente dirección: http://www.revistaperito.com/MIGUELHERNAN.htm

Gracias Ramón





Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto



Como el toro lo encuentra diminuto
todo mi corazón desmesurado,
y del rostro del beso enamorado,

como el toro a tu amor se lo disputo


Como el toro me crezco en el castigo,
la lengua en corazón tengo bañada

y llevo al cuello un vendaval sonoro


Como el toro te sigo y te persigo,
y dejas mi deseo en una espada,
como el toro burlado, como el toro


(Miguel Hernández, El rayo que no cesa)





1 comentarios:

Palmeral dijo...

Ramón en Radio-poesía con la octava real "El toro":
http://www.radiopoesia.com/loudblog/index.php?id=10