La última gran batalla

Hace unos días se planteaba a través de este mismo blog una serie de comentarios con respecto al papel de la Iglesia en contra en muchas ocasiones del avance de la ciencia. En esta entrada presento lo que fue la última batalla librada por la Iglesia Católica por mantener en sus manos el control del pensamiento científico: El proceso a Galileo.


Roma acababa de salir del largo período medieval, durante el que, aun habiendo perdido la supremacía sobre el emperador, conservaba el control de la cultura gracias a la idea de la superioridad de la teología sobre las demás ramas del saber humano. El Renacimiento y la Reforma fueron golpes duros. La Iglesia seguía fundamentándose en Aristóteles, mal traducido y peor interpretado en interés de un gobierno conservador. Además, el pensamiento científico de aquel tiempo estaba dominado por conceptos medievales, como el de la perfección del movimiento circular, heredado de Platón, y la incorruptibilidad de los cuerpos celestes, que habían acabado convirtiéndose en rémoras del desarrollo científico, ya que eran comprobablemente falsas.


Galileo vivió en una época de transición, en el que él mismo hizo en parte el papel de gota que acaba por desbordar el vaso
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Resumidamente podemos decir que Galileo (Pisa, 1564 - Florencia, 1642) fue un astrónomo, filósofo, matemático y físico. Entre sus muchos logros se destaca la transformación de un anteojo fabricado en Holanda en 1609, hasta convertirlo en un auténtico telescopio, con el que observó que la Luna no era una esfera perfecta, como se deducía de las teorías de Aristóteles, sino un lugar con montañas y cráteres. Descubrió cuatro satélites que giraban alrededor de Júpiter, poniendo en duda la afirmación de que la Tierra era el centro de todos los movimientos celestes, y reforzando la teoría heliocéntrica de Copérnico. Expuso sus observaciones en el texto Sidereus nuncius (Mensajero celestial, 1610). En 1632 consiguió el imprimatur para su obra "Diálogo" sobre los dos principales sistemas del mundo, a pesar de lo cual fue sometido a proceso eclesiástico en 1633 por defender la teoría heliocéntrica y condenado a reclusión perpetua en su villa natal.


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El proceso a Galileo es el siguiente:


  • El 24 de febrero de 1616, una comisión del Santo Oficio descalifica la afirmación de que el Sol sea el centro del mundo y esté quieto, y que la Tierra no sea el centro del mundo y se mueva.

  • El 5 de marzo de 1616 la Congregación del Santo Oficio declara acerca de la "falsa doctrina pitagórica" contraria a la Sagrada Escritura, a saber, que la tierra se mueve y que el Sol está quieto, enseñada por Nicolás Copérnico. Que el libro De Revolutionibus, en que se expone, ha de considerarse suspendido de publicación -puesto en el Índice de libros prohibidos- mientras no se corrija; así como se prohíbe, condena y suspende todo libro o doctrina que hable en idéntico sentido. El Papa ordena al cardenal Bellarmino que advierta a Galileo que abandone sus puntos de vista copernicanos (26 de febrero de 1616). Galileo se compromete bajo juramento a guardar silencio.

  • Pero, en 1624, Galileo, que nunca da una batalla por perdida, empieza a trabajar en lo que será su defensa más paladina del sistema copernicano. En 1632 Galileo fue llamado a Roma por la Inquisición a fin de procesarle bajo la acusación de “sospecha grave de herejía”. Este cargo se basaba en un informe según el cual se le había prohibido en 1616 hablar o escribir sobre el sistema de Copérnico.

El 22 de junio de 1632, Galileo fue conducido a la sede del Santo Oficio, en el centro mismo de Roma, para leer su retractación y recibir sentencia. Hubo de hincarse de rodillas mientras se la leían:


“Decimos, pronunciamos, sentenciamos, que tú, denominado Galileo, por las cosas deducidas en el juicio y por ti confesadas, como consta más arriba, te has convertido en ... vehemente sospechoso de herejía, es decir, de haber mantenido y creído falsas doctrinas contrarias a las sagradas y divinas Escrituras... De las cuales sospechas nos complacemos en absolverte siempre y cuando, con el corazón sincero y no fingida fe, ante nosotros, abjures, maldigas y condenes los susodichos errores y herejías... Ordenamos que, mediante público edicto, sea prohibido el libro los Diálogos de Galileo Galilei. Te condenamos a cárcel formal... y por penitencia te imponemos que, durante los tres próximos años, digas una vez a la semana los siete salmos penitenciales.”


La sentencia había sido leída por siete cardenales, pero no recibió la ratificación papal de costumbre. La leyenda según la cual Galileo, levantándose después de haber oído, de rodillas, la sentencia , dio un pisotón y exclamó: “Y, sin embargo, se mueve”, es, probablemente, apócrifa, aunque significativa.


Sus mismas palabras son el mejor corolario de su tragedia:


Creo que no hay peor odio en el mundo que el de la ignorancia contra el conocimiento.”

3 comentarios:

orejonkz dijo...

Al igual que hoy en dia vemos como ridiculas algunas posturas que mantenia la Iglesia, en el futuro se veran igual de ridiculas las posturas que mantienen en el presente.
Por lo tanto lo que hay que hacer es tener los ojos bien abiertos para ver la realidad.
Buena entrada.

fernando dijo...

La Iglesia cometio atrocidades durante muchos años. Menos mal que hoy en día su poder real ha disminuido bastante.

Muy buen post, GAlileo es un genio de la ciencia.

juan dijo...

Muy buena entrada!!
De la iglesia...la verdad es que me hace muy poquita gracia casi todo lo que han hecho o hacen o vayan a hacer.
El tiempo la pondra en su lugar espero.
Saludos