20 de julio de 1969


Otra vez 20 de julio, aniversario del aterrizaje del hombre en la Luna. Hace ya 39 años. ¿Recuerdas dónde estabas aquél día? Yo no. No había nacido. Pero los que lo pudieron vivir seguro que lo recuerdan claramente, incluso lo que estaban haciendo cuando supieron la noticia. De hecho consideramos que hemos vivido un acontecimiento histórico cuando recordamos exactamente qué hacíamos y dónde estábamos cuando se produjo. Esto ocurre sobretodo si esos acontecimientos son traumáticos. Ahí tenemos el 11 S. Es como si la memoria tuviera una especial tendencia al pesimismo..


Volvamos al tema. Como ya he comentado, han pasado 39 años de aquel histórico momento. Y todavía muchos siguen cuestionando que aquel día el hombre pisara la Luna. Podéis comprobar hasta qué punto es así si ponéis “aterrizaje en la Luna” en nuestro San Google. Casi todo lo que aparece es “el falso aterrizaje en la Luna”, o “la conspiración del aterrizaje en la Luna”.. Aquí parece que el único que ha ido a la Luna es Tintín.



El 20 de julio de 1969 el
hombre llegó a la Luna. Punto. Y además de dejar su huella, Neil Armstrong dejó algo más, el que probablemente sea uno de los experimentos más simples y más útiles que se han realizado: un panel formado por 100 espejos que se colocó en la superficie lunar, y que sirve para reflejar haces de láser que son lanzados desde la Tierra, permitiendo de esta manera controlar la órbita lunar con precisión. Casi 40 años después es el único experimento científico del Apolo que aún funciona. Como curiosidad, gracias a esta “matriz retrorreflectora de medición láser lunar”, se ha descubierto que:


La Luna traza una órbita espiral alejándose de la Tierra a un ritmo de 3,8 cm al año. ¿Por qué? Los océanos de la Tierra son los responsables.

La Luna posee probablemente un núcleo líquido.


La fuerza universal de la gravedad es muy estable. La
constante gravitacional de Newton, G, ha cambiado menos de una cien mil-millonésima desde que el experimento del láser comenzó.

También se ha em
pleado para verificar la Teoría General de la Relatividad.





Mientras el polvo lunar no cubra los espejos o impacte algún meteorito, la medición podrá continuar durante siglos. Y mientras tanto, los lunáticos seguirán diciendo que los tripulantes del Apolo XI nunca estuvieron allí, y mucho menos que dejaran esos espejos... Quizá algún día los turistas que paseen por el Mar de la Tranquilidad podrán fotografiarse con el panel de espejos como recuerdo de sus vacaciones, justo en el momento en que un láser los ilumina desde la Tierra.


2 comentarios:

Passy dijo...

Estimado Miguel Ángel

Da la sensación de que todos los lectores de este blog son extremadamente jóvenes. Bien: yo estaba en casa de la abuela. Hacía una noche fantástica. Durante la tarde habíamos estado en el jardín. No estoy muy seguro, pero es muy probable que nos hubiéramos bañado antes en el río, cerca de lo que hoy es el pantano de Itoiz. Una presa que ha borrado gran parte de los lugares de mi infancia. A lo que vamos: a la vista del acontecimiento, mis padres nos dejaron trasnochar. Recuerdo que fue un momento muy intenso. Luego llegó a caerme antipático, pero aquella noche Jesús Hermida supo darle emoción al asunto y el tono azulado de las imágenes, de los astronautas andando a cámara lenta resultó mágico. Hace treinta años, en el pueblo de mi abuela no había mucha contaminación lumínica y creo recordar que, cuando terminó la transmisión, me asomé a una ventana para mirar hacia arriba.

Tengo mucho cariño a las imágenes de televisión en blanco y negro, me lo paso muy bien con las teorías conspiratorias y siempre me gustaron más los trajes de los cosmonautas que los de los astronautas. De hecho, solía masticar un chicle que no sé si alguien conocerá. era un chicle de regaliz muy dulce que se llamaba Cosmos. Traía cromos del espacio en una cuatricomía que nunca casaba bien y que en vez de moderna resultaba ya pre-melancólica.

Con el amor,

Passy

i75mara dijo...

Fíjate, Passy, que mis recuerdos están anclados en el desastre del Challenger. ¿No te parece significativo que tu generación viviera, aunque fuese en blanco y negro, la pisada de Armstrong en el Mar de la Tranquilidad, mientras que la mía el recuerdo que nos quede es ver como morían 7 astronautas y la que se llamó la "primera profesora del espacio"?

Un desastre que por lo que parece casi nadie vio en directo, por lo rutinario, excepto los niños que desde sus colegios esperaban ver a la profesora dirigiéndose al espacio, y en el que seguramente la tripulación no murió en el acto, lo que resulta más angustiante.

A diferencia de tu encantadora anécdota, la mía se fijó en el trauma y el escepticismo. Por suerte después regresó el Discovery para devolverme la ilusión, y hasta tal punto fue así que llegué a comprarme una maqueta del mismo.. Y ahora las nuevas generaciones conservarán en la memoria a Aznar charlando con Pedro Duque ('Ahí te veo muy elegante con las banderas!!')

Salud