miércoles, 3 de diciembre de 2008

corteza de mesto para curar la rabia

Curioso el título del post, ¿verdad? Alguno habrá sonreído al leerlo. ‘A ver por dónde nos sale ahora éste’. Como si pudiera verlo.. Para los demás, para los que no habéis sonreído, el Mesto (con mayúscula), era un árbol, híbrido entre encina y alcornoque, que se encontraba en las cercanías de Montalbán de Córdoba, y que a la edad nada despreciable de ochocientos años, se desplomó, harto de todos nosotros.


Curioseando por la interné vemos que entre alcornoques y encinas se puede llegar a producir una hermosa hibridación natural que da como resultado lo que conocemos como un mesto, un árbol perenne, corpulento, de copa muy densa y oval que puede alcanzar hasta unos 25 metros de altura.





Pero el título de este post, que incluso se puede llegar a considerar metafórico, viene a raíz de la información que podemos encontrar en un curioso libro de medicina y farmacia, publicado en 1836, y que gracias a google reader podemos disfrutar de su lectura desde nuestro ordenador. En el boletín de medicina se cuenta con todo lujo de detalles ‘los buenos efectos de la cáscara o corteza del mesto en la curación de la rabia’. A través de un caso práctico -joven imprudente mordido por perro rabioso- el médico que defiende el tratamiento nos cuenta como, enfrentándose al método que se empleaba por entonces en estos casos, la administración de ungüento de mercurio en fricciones, decide usar como remedio corteza cocida de mesto, que aplica como loción exterior en las heridas. El tratamiento nos lo describe de la siguiente manera:


“La confianza que le había infundido en el remedio, fue superior a toda repugnancia; cocida la corteza del mesto, empezó su uso como a las nueve de la mañana, en disposición que siempre quería que se la estuviesen dando por el consuelo que en su interior sentía: su uso fue a pasto los ochos días primeros en los que desaparecieron todas las señales, calmándose la irritación que le había ocasionado el mercurio; el uso del cocimiento fue en los restantes días hasta la cuarentena, dos o tres dosis en cada turno: las heridas que antes le dolían se curaron en muy poco tiempo con el fomento de este precioso medicamento, su convalecencia y restablecimiento fue pronto, no tuvo novedad y aun vive”.


Final feliz.

E
sta obra es la única información que he encontrado en internet sobre esta curiosidad médica. Podemos encontrar algunos comentarios sobre otro árbol, el tejo, con propiedades similares a las descritas. Del tejo se dice que contiene glucósidos, resinas, principios amargos, vitamina C y un alcaloide venenoso llamado «taxina», y antiguamente se empleaba en fresco contra las picaduras de serpiente y la rabia.




El Mesto, el nuestro, el montalbeño, el que se escribe con mayúscula, ha vuelto a la memoria de muchos en estos fríos días de otoño ya que acaba de ver la luz la segunda edición, corregida y aumentada, de El Mesto de las Rosas, obra del poeta cordobés Prudencio Salces. Para hablar de esta obra, mejor que mis palabras, las de Luis Quiñones:


“El mesto de las Rosas está considerada como una de las mejores obras de su autor, Prudencio Salces, poeta cordobés, cuya voz, en este texto, adquiere el tono de la íntima reflexión autobiográfica. La poesía de estas páginas dialoga con el verso y la prosa, para encontrar en sus palabras la palpitación sonora de un paisaje vivido y experiencial, desde los borrosos recuerdos de la infancia hasta la honda madurez de un presente que, a medias, incomoda y enjuicia su autor”.


...
Y hasta aquí puedo leer. Más información en el blog de Prudencio Salces.






Fuente:

Boletín de Medicina, cirugía y farmacia
Escrito por Sociedad Médica Oficial de Socorros Mutuos
Publicado por s.n., 1836
Notas sobre el artículo: Vol. 2, Año 1835

Procedente de Universidad Complutense de Madrid

Enlace al libro electrónico

9 comentarios:

Prudencio Salces dijo...

Magnifica información, ahora que la crisis anunciada para el año que viene puede producirnos la rabia existencial a más de un parado y demás gentes de medio pelo.

Y gracias, Miguel Ángel, una vez más por el aprecio.

D.I.E.G.O. dijo...

La medicina es una ciencia.
Curar es un arte.
Ahora bien: el flaco imprudente, tuvo mas culo que cabeza, o el perro no tenía rabia.
Un abrazo!
PDL
buen post, no sabía o de los híbridos vegetales ¿son como las mulas?. averiguaré.

Ulysses dijo...

buen post que conecta 2 entadas distintas

Saludos

Prudencio Salces dijo...

Para Diego: las mulas, y los mulos, son mulatos, podría decirse. Hijos de yegua y borrico, o de burra y caballo.

Myriam dijo...

Contestando a tu comentario... Claro que la he visto!!! Hello Wisconsin!!! Me la pasó una amiga porque cuando le dije que me iba allí me dijo que tenía que verla, y la verdad es que te ries mucho. Por que temporada vas? porque sale la Universidad de Wisconsin!! me parto. No se donde está point place, pero Kenosha existe...

D.I.E.G.O. dijo...

si y no Prudencio tanto mulas como mulos son esteriles los mulatos afortunadamente no, ya que no son especies distintas como el caballo y el burro, si no que son "homo sapiens" , en todo caso uno un poco mas desteñido que el otro.
pero gracias!
mi duda respecto de los hibridos vegetales subsiste.

i75mara dijo...

Muy interesante lo que planteas, diego. No me había parado a pensarlo. Daba por sentado que alguna de la fruta que consumo normalmente eran híbridos, como la nectarina (cruce entre meloctón y ciruela) o la clementina (cruce entre naranja y mandarina).. pero por lo que veo no está tan claro. Unos hablan de híbridos, otros no..

D.I.E.G.O. dijo...

En el caso de los maices hibridos son maices que dan buenos granos y resistentes a hongos y otras pestes, pero tengo entendido que sus frutos no germinan, es decir no podes guardar parte de la cosecha para replantar tenés que ir a comprar semilla hibrida a Cargill de nuevo.
No se si plantas una semilla de nectarina o de clementina germinaría.
En todo caso mandame algunas y pruebo;-).
saludos

i75mara dijo...

Fíjate, diego: A veces, las semillas de melocotón dan lugar a plantas que forman nectarinas y las de nectarina producen en ocasiones árboles que forman melocotones o nectarinas. Como es imposible saber el tipo de fruto que se obtendrá a partir de las semillas de nectarina, la práctica habitual consiste en injertar en un melocotonero yemas tomadas de ramas donde crecen nectarinas..

qué interesante, ¿no te parece?

Y lo más gracioso es que yo tenía una nectarina (o 'maricona', como la llamaba mi abuelo).. pero enfermó y he tenido que cortarla. Así que no voy a poder comprobarlo 'in situ'..

Y yo que no tenía ni idea de todo esto. Qué cosas..