En Hindi News Channel blog han publicado un espectacular post con las imágenes astronómicas más destacadas del 2008.

De entre todas las imágenes de púlsares, nebulosas, asteroides, agujeros negros, y demás fauna astronómica, me quedo con este juego de sombras que se produjo durante un eclipse visto desde Hawai. Tampoco hace falta irse tan lejos...







Feliz entrada al 2009..
"He abandonado los principios del libre mercado para salvar el sistema del libre mercado".

George W. Bush, filósofo analítico.






Nieto: Abuela, me aburrooooooo.

Abuela: ¿Quieres que te cuente un cuento?


Nieto: ¡¡Sí!!

Abuela: Esta es la historia del rey que tenía tres hijas, las metió en tres botijas, y la tapó con pez. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

Nieto: ¡¡Sí!!

Abuela: No, no me digas que sí. Dime si quieres que te cuente la historia del rey que tenía tres hijas, las metió en tres botijas, y la tapó con pez. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?


Nieto: ¡¡Nooo!!

Abuela: No, no me digas que no. Dime si quieres que te cuente la historia del rey que tenía tres hijas, las metió en tres botijas, y la tapó con pez. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?


...

(ad infinitum)


Véase
Literatura Fractal


"En las artes se podría decir que los criterios estéticos son soberanos. La estética en las artes es tema sofisticado, y los filósofos han dedicado vidas enteras a su estudio. Podría argumentarse que en matemáticas y en las ciencias tales criterios son meramente secundarios, siendo soberano el criterio de verdad. Sin embargo, parece que es imposible separar uno de otro cuando consideramos los temas de inspiración e intuición. Mi impresión es que la fuerte convicción de la validez de un soplo de inspiración (no 100% fiable, añadiría, pero al menos mucho más fiable que el puro azar) está ligada muy estrechamente con sus cualidades estéticas. Una idea bella tiene mucha mayor probabilidad de ser correcta que una idea fea. Esa ha sido al menos mi propia experiencia, y sentimientos similares han sido expresados por otros. Por ejemplo, Hadamard escribe:

... es evidente que no puede tener lugar ningún descubrimiento o invención importante sin la voluntad de encontrar (...) Pero hay algo más: la intervención del sentido de la belleza juega su parte como un medio indispensable para encontrar. Hemos llegado a una conclusión doble:

que la invención es elección
que esta elección está gobernada imperiosamente por el sentido de la belleza.


También Dirac, por ejemplo, afirma abiertamente que su agudo sentido de la belleza fue el que le hizo capaz de descubrir su ecuación para el electrón, mientras otros la habían buscado en vano.

(...) Mi conjetura es que, incluso para el repentino golpe de intuición, aparentemente producido ya listo por la mente inconsciente, es la consciencia la que es el árbitro, y la idea será rápidamente rechazada y olvidada si no 'sonase' cierta. El rechazo 'estético' al que me estoy refiriendo podría ser tal, estoy suponiendo, que prohibiera que las ideas poco atractivas alcancen cualquier nivel apreciablemente permanente de la conciencia."


Roger Penrose - La nueva mente del emperador
Curioso el título del post, ¿verdad? Alguno habrá sonreído al leerlo. ‘A ver por dónde nos sale ahora éste’. Como si pudiera verlo.. Para los demás, para los que no habéis sonreído, el Mesto (con mayúscula), era un árbol, híbrido entre encina y alcornoque, que se encontraba en las cercanías de Montalbán de Córdoba, y que a la edad nada despreciable de ochocientos años, se desplomó, harto de todos nosotros.


Curioseando por la interné vemos que entre alcornoques y encinas se puede llegar a producir una hermosa hibridación natural que da como resultado lo que conocemos como un mesto, un árbol perenne, corpulento, de copa muy densa y oval que puede alcanzar hasta unos 25 metros de altura.





Pero el título de este post, que incluso se puede llegar a considerar metafórico, viene a raíz de la información que podemos encontrar en un curioso libro de medicina y farmacia, publicado en 1836, y que gracias a google reader podemos disfrutar de su lectura desde nuestro ordenador. En el boletín de medicina se cuenta con todo lujo de detalles ‘los buenos efectos de la cáscara o corteza del mesto en la curación de la rabia’. A través de un caso práctico -joven imprudente mordido por perro rabioso- el médico que defiende el tratamiento nos cuenta como, enfrentándose al método que se empleaba por entonces en estos casos, la administración de ungüento de mercurio en fricciones, decide usar como remedio corteza cocida de mesto, que aplica como loción exterior en las heridas. El tratamiento nos lo describe de la siguiente manera:


“La confianza que le había infundido en el remedio, fue superior a toda repugnancia; cocida la corteza del mesto, empezó su uso como a las nueve de la mañana, en disposición que siempre quería que se la estuviesen dando por el consuelo que en su interior sentía: su uso fue a pasto los ochos días primeros en los que desaparecieron todas las señales, calmándose la irritación que le había ocasionado el mercurio; el uso del cocimiento fue en los restantes días hasta la cuarentena, dos o tres dosis en cada turno: las heridas que antes le dolían se curaron en muy poco tiempo con el fomento de este precioso medicamento, su convalecencia y restablecimiento fue pronto, no tuvo novedad y aun vive”.


Final feliz.

E
sta obra es la única información que he encontrado en internet sobre esta curiosidad médica. Podemos encontrar algunos comentarios sobre otro árbol, el tejo, con propiedades similares a las descritas. Del tejo se dice que contiene glucósidos, resinas, principios amargos, vitamina C y un alcaloide venenoso llamado «taxina», y antiguamente se empleaba en fresco contra las picaduras de serpiente y la rabia.




El Mesto, el nuestro, el montalbeño, el que se escribe con mayúscula, ha vuelto a la memoria de muchos en estos fríos días de otoño ya que acaba de ver la luz la segunda edición, corregida y aumentada, de El Mesto de las Rosas, obra del poeta cordobés Prudencio Salces. Para hablar de esta obra, mejor que mis palabras, las de Luis Quiñones:


“El mesto de las Rosas está considerada como una de las mejores obras de su autor, Prudencio Salces, poeta cordobés, cuya voz, en este texto, adquiere el tono de la íntima reflexión autobiográfica. La poesía de estas páginas dialoga con el verso y la prosa, para encontrar en sus palabras la palpitación sonora de un paisaje vivido y experiencial, desde los borrosos recuerdos de la infancia hasta la honda madurez de un presente que, a medias, incomoda y enjuicia su autor”.


...
Y hasta aquí puedo leer. Más información en el blog de Prudencio Salces.






Fuente:

Boletín de Medicina, cirugía y farmacia
Escrito por Sociedad Médica Oficial de Socorros Mutuos
Publicado por s.n., 1836
Notas sobre el artículo: Vol. 2, Año 1835

Procedente de Universidad Complutense de Madrid

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