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¿Quién es Ramón Llull?


Siempre se le ha visto como una personalidad excéntrica, original y visionaria, que avanzó a su tiempo eligiendo los caminos de la indagación intelectual de los modelos culturales de su época.


El beato Ramon Llull, Raimundo Lulio, Raymundus Lullus, Raymond Lully,… ‘Doctor Illuminatus’, ‘Doctor Inspiratus’, ‘Arabicus Christianus’,... tiene tantos nombres y títulos como oficios y obras. Escritor, filósofo, teólogo, místico, científico, alquimista, misionero, etcétera, sabemos que nació en Mallorca sobre 1232, tres años después de la conquista de la isla por parte del ejército de Jaime I. Fue hijo único de una familia catalana asentada en la isla a raíz de la conquista. Formó parte de la élite dirigente, y como tal, desarrollaba vida cortesana: música, poesía trovadoresca, escándalos amorosos... Hasta que a los 30 años experimentó un cambio existencial a raíz de una serie de visiones del Cristo crucificado, visiones que se repitieron durante cuatro días. En ese momento Llull decide abandonar todos sus bienes y familia (estaba casado y tenía dos hijos), y emprendió una nueva vida guiada por tres objetivos: la conversión de los infieles, la creación de obras para difundir el ideal cristiano, y la creación de escuelas para formar misioneros en lenguas orientales. Después de una larga etapa dedicada a estos objetivos, durante nueve años (1265-1274) el beato se dedica al estudio y a la vida contemplativa, visitando la abadía cisterciense de La Real y retirándose a la cima del Monte Randa, en Mallorca, donde recibió lo que él llamó “ilustración divina”. A raíz de estas experiencias se reafirmó en su idea de conversión de infieles, comenzando una nueva etapa en su vida, que se caracterizó en la contínua aventura como misionero laico, hasta su muerte en 1316, a la edad de 83-84 años, cuando regresaba a Mallorca de un viaje a Túnez, o en la misma isla. Y toda esta intensa vida no impidió que dejara por escrito su pensamiento en unas 256 obras en catalán, latín y árabe. Obras en las que encontramos de todo: poesía, proverbios, sermones, narrativa, política, ciencia, medicina, retórica, lógica, filosofía, teología, derecho ... o informática.




¿Ramón Llull y la informática?


En abril de 2001 durante unas conferencias de decanos y directores de escuelas técnicas celebradas en la Universidad de Córdoba se tomó al beato Ramón Llull como patrón de los ingenieros en informática, cuya fiesta se celebra el 27 de noviembre. Llull en sus obras filosóficas anticipó la lógica como un cálculo mecánico a través de símbolos. De hecho existen numerosos aspectos del sistema luliano que pueden acogerse como computables. Con el objetivo de convertir infieles, Llull diseñó una serie de máquinas combinatorias a base de símbolos, círculos y tablas, que en opinión de algunos podríamos considerar como el primer ordenador de la historia.


En el diseño de estas máquinas, Llull utilizaba diagramas para representar conceptos, estableciendo distintas relaciones gráficas para representar sus relaciones conceptuales, concibiendo su Arte como una herramienta para forjar juicios y silogismos. Asignó letras a los distintos conceptos del Arte, a los distintos principios básicos que según él tenía cada rama del saber, y a través de la combinación de estos principios se podría explorar todo el conocimiento, que como fin último estaba la demostración de la existencia de Dios. Todo esto fue una anticipación a la lógica simbólica moderna.


Será Leibniz quien posteriormente recoja la perspectiva de Llull, haciendo suya la idea luliana de la automatización del pensamiento humano mediante la combinación de letras. Dice Leibniz: ‘Según esto, cuando surja una controversia, no habrá ya más necesidad de discusión entre dos filósofos de la que hay entre dos calculadores. Bastará con coger la pluma, sentarse y decirse el uno al otro: ¡calculemos!’


Además de Leibniz, Ramón Llull influyó en Montaigne, Pascal, Descartes, Newton, Pico della Mirándola, Nicolás de Cusa o Giordano Bruno.


Sin lugar a dudas el pensamiento luliano posee una serie de ingredientes especulativos de gran interés. La posibilidad de crear un paradigma general en todos los campos del conocimiento humano, una unidad del saber, o la oportunidad, a partir de un pequeño número de conceptos, de descubrir la verdad o falsedad de cualquier argumento, son elementos que los pensadores y científicos de cualquier época no pueden dejar de considerar.



Fuentes:

'Llibre de les Bèsties' (introducció), Edicions Bromera, versió de Francesc Machirant

¿Quién es Ramón Llull? - Centre de Documentació Ramon Llull

Ramón Llull, patrón de los ingenieros informáticos - Noticias barrapunto.com, mayo 2001


Muchas veces nos encontramos con situaciones en las que se produce aquello del “efecto bola de nieve[1]. Situaciones en las que parece que no hay un final, cada nuevo elemento que aparece, cada nuevo factor, modifica las variables nuevamente y su fin se presume cada vez más complicado. No sabemos cuándo y cómo finalizará el problema, y tenemos que tomar la decisión de pararlo. Pero la cuestión es: ¿cuándo intervenir? En Teoría de la Computación se estudia este problema desde los años 30, al que se denomina “el problema de la parada” o “el problema de la detención”, y es considerado como el problema irresoluble más conocido.


Alan Turing, (1912-1954) matemático, criptógrafo, filósofo, precursor y pionero
de la Inteligencia Artificial, concibió, con lápiz y papel, la máquina computadora moderna hacia 1935. Todos los ordenadores actuales son en el fondo “máquinas de Turing”. Resumidamente una "máquina de Turing" es una “máquina” idealizada matemáticamente. La importancia de este dispositivo imaginario es que es capaz de resolver cualquier problema matemático si éste ha sido especificado como algoritmo. Turing pretendía resolver el “Entscheidungsproblem de David Hilbert, esto es, “encontrar un algoritmo que determine la verdad o falsedad de cualquier proposición en el sistema formal”, demostrar en definitiva que cualquier problema bien definido se puede resolver ejecutando un algoritmo determinado.


A través de su “máquina” Turing demostró que existen problemas que un ordenador no puede
resolver, existen funciones que no son posibles calcular mediante la “máquina de Turing”, ya que no admiten una solución algorítmica. El más conocido de ellos es el problema de la parada”, que consiste en determinar si una “máquina de Turing” cualquiera se parará en un tiempo determinado sobre una entrada determinada. Podemos decir que no existe ningún método que permita predecir en todos los casos, una vez que un computador ha comenzado un cálculo, si dicho cálculo terminará alguna vez. En algunos casos, lo más que puede hacer es ejecutar el programa y esperar (¿eternamente?). Este problema y sus conclusiones son fundamentales en el tratamiento de los “bucles infinitos”.




Steam-powered Turing Machine Mural, group of CSE students, 1987

Para intentar resolver este problema Turing imaginó una máquina equipada con una “caja negra, un “oráculo”, que sería un mecanismo que llevaría a cabo las tareas “no computables”. El oráculo consistiría en un dispositivo medidor perfecto más una memoria que contiene un valor (llamémoslo T, en honor a Turing) de cierta magnitud física. T es un número irracional, y su propiedad sería que en sus dígitos representaría lo programas que terminan y los que no. Hoy día no existe ninguna forma practicable de materializar un oráculo. De ser encontrada, el impacto sobre las ciencias de cómputo sería enorme. Pero mientras tanto, sólo nosotros podemos ver si un bucle es infinito y saber cuándo parar el proceso. Al fin y al cabo, son este tipo de cosas las que siempre nos han diferenciado de las máquinas, pues nosotros, a diferencia de las máquinas, tomamos decisiones a partir de emociones [2].


Notas:

[1] Entiéndase también como "márketing viral"
[2] Antrópicos: 'emoción y razón'