Hacia finales del siglo XIX se respiraba un clima de euforia en el mundo de la física. Las leyes de Newton permitían comprender y predecir el movimiento de todos los objetos, desde los planetas a las hojas de los árboles. Y en 1860, James Maxwell había presentado sus 8 famosas ecuaciones que describían la naturaleza de la luz, el magnetismo y la electricidad. Daba la sensación de que con estas dos exitosas teorías se podía interpretar cualquier fenómeno físico. Incluso uno de los más prestigiosos científicos de esa época, Lord Kelvin, llegó a asegurar que la física estaba ya completa y sólo faltaban algunos pequeños detalles por pulir.


Sin embargo, en 1879 nació en Ulm (Alemania) el genio responsable de la transición más abrupta de la historia de la física. Albert Einstein era el primogénito de una familia de judíos residentes en Alemania. No fue un niño muy diferente del resto, si bien es cierto que sentía indiferencia por los deportes y pasión por la música clásica. Quizás lo más destacable de su personalidad era su carácter más bien solitario, pero sobre todo, la enorme curiosidad que sentía por entender el orden misterioso que existía en la naturaleza. En su biografía reconoce que uno de los recuerdos más vivos de su infancia fue cuando le mostraron una brújula. Le pareció algo mágico que la aguja siempre apuntara en la misma dirección y sintió la necesidad de entender las causas verdaderas por las que sucedía este enigma. Esta misma curiosidad por comprender el nivel más profundo de los fenómenos naturales es lo que le llevó a estudiar física en Zurich a la edad de 16 años. Allí profundizó en las teorías de Maxwell y Newton, pero desde el principio se dio cuenta de que no coincidían en algunos aspectos relativos a la velocidad de la luz.


El problema cuya resolución dio lugar a la teoría de la relatividad era el siguiente: Imaginemos un tren desplazándose a 100 km/h y nosotros circulando a su lado en coche a 80 km/h. La sensación que tendremos es que el tren se aleja de nosotros a una velocidad de 20km/h. Imaginemos ahora que alguien enciende una linterna y nosotros pudiéramos perseguir su luz. Según Maxwell no importaba a la velocidad que nos desplazáramos, la luz siempre se alejaría de nosotros a 300.000 km/seg., mientras que para Newton, teóricamente nada impediría atraparla e incluso superarla. Esta evidente contradicción ya atormentaba a los físicos de la época que estaban intentando congeniar las dos teorías. En cambio fue Einstein quien lo solucionó, gracias a un planteamiento más descarado e irreverente: si las dos teorías no coincidían, entonces una debía ser falsa.


Newton, por favor discúlpame

Estas mismas palabras (“Newton, please forgive me”) utilizó Einstein años después de demostrar que quien estaba equivocado era el físico más grande de toda la historia. Pero lo más sorprendente es que lo consiguió sin ayuda de nadie, solamente con una brillante y revolucionaria intuición: la velocidad de la luz efectivamente es constante, todo lo demás es relativo. Nunca podremos alcanzar un rayo de luz porque, cuanto más rápido nos movamos, más lento pasará el tiempo.


Cuando en septiembre de 1905 Einstein publicó su teoría de la relatividad especial transformó el mundo. Para Newton el espacio y el tiempo eran inalterables, constantes, un sistema de referencia sobre lo que se medía todo. La visión de Einstein parecía absurda: el tiempo ya no pasaba siempre igual de rápido. Las especulaciones sobre las posibles consecuencias de la relatividad no se hicieron esperar.


Quizás el ejemplo más famoso sea la paradoja de los gemelos: imaginemos a dos gemelos idénticos; uno de ellos emprende un viaje espacial en un cohete desplazándose cerca de la velocidad de la luz, mientras que el otro se queda en su casa. Según Einstein, el tiempo pasará más despacio para el gemelo viajero, y cuando regrese a la Tierra, su hermano habrá envejecido más que él. Ilógico, pero cierto. En la década de los 70 se pudo demostrar experimentalmente este efecto con la ayuda de relojes de gran precisión; un reloj atómico viajando en avión a grandes velocidades sufrió un leve retraso respecto a otro idéntico que se dejó en Tierra. Está claro que la relatividad es imperceptible en nuestra vida cotidiana, y por eso es tan poco intuitiva, pero justamente por esto su descubrimiento es tan meritorio y a Einstein se le considera un genio.


E=mc2

Pero la constancia de la velocidad de la luz tuvo más consecuencias. Ni más ni menos que la ecuación más famosa de la historia: E=mc2. Según la relatividad, todo lo que se puede medir es moldeable en función de la velocidad a la que nos movamos, y eso incluye la materia y la energía. De hecho, Einstein demostró que la masa de un objeto desplazándose a gran velocidad aumentaba. Y eso conducía a la idea de que materia y energía eran intercambiables, dos estados de la misma cosa.


De nuevo fue una deducción revolucionaria, pero que enseguida permitió entender fenómenos inexplicados hasta el momento, como porqué cuando el uranio radioactivo se desintegraba, su peso disminuía ínfimamente a cambio de generar una enorme cantidad de energía. O las reacciones nucleares que se daban en el interior de las estrellas y eran responsables de su brillo. Lamentablemente también abría la puerta a las armas atómicas. Después de Hiroshima, Einstein confesó: “si llego a saber que pasaría esto, me hubiera hecho zapatero”. Pero lo mejor estaba todavía por llegar...


La idea más feliz de mi vida

Después de 1905 la reputación de Einstein empezó a crecer. La relatividad se puso de moda entre los físicos y todo el mundo académico hablaba de la cuarta dimensión. Incluso los matemáticos se sentían atraídos por profundizar en la teoría, hasta el punto que Einstein llegó a comentar con su inseparable humor: “desde que los matemáticos han abordado la teoría de la relatividad, incluso yo he dejado de entenderla”. Poco a poco, Einstein se convirtió en un físico de prestigio, primero consiguió una plaza como profesor en la Universidad de Zurich y en 1914 se trasladó al centro más avanzado en física del momento, la Universidad de Berlin. Pero Einstein no estaba del todo satisfecho con su teoría de la relatividad. Sabía que no era completa porque no incluía la fuerza de la gravedad, y además sospechaba que la ley de la gravitación de Newton también estaba equivocada.


Newton proponía que el Sol ejercía una fuerza invisible de acción inmediata que mantenía en órbita a la Tierra, pero esto contradecía algunos principios básicos de la relatividad. La privilegiada mente de Einstein solucionó este conflicto con la idea más excepcional, rocambolesca y revolucionaria de su vida: la gravedad no era una fuerza, sino una consecuencia de la deformación del espacio.


Un símil que se puede utilizar para visualizar este abstracto concepto es el siguiente: Si ponemos una pesada bola de hierro sobre una cama, la superficie de la cama se deformará, y si tiramos bolas más pequeñas, se desviarán al pasar al lado de la bola grande. Pero no lo harán porque exista una fuerza que las atraiga a la bola de hierro, sino porque la superficie de la cama se ha deformado. Pues así actúa la gravedad sobre el espacio, curvándolo. La Tierra no da vueltas alrededor del Sol porque, como decía Newton, hay una fuerza invisible que la atrae. Para Einstein esta atracción gravitatoria no existe, la Tierra no sale disparada porque la masa del sol curva el espacio de la misma forma que la bola de hierro deforma la superficie de la cama. Esta brillante intuición condujo a la teoría de la relatividad general, publicada en 1916 y que cuando se demostró experimentalmente en 1919, no sólo revolucionó al mundo de la física, sino el mundo entero.


El sueño de Einstein

La relatividad era un éxito y la popularidad de Einstein no dejaba de crecer. Muy pocos eran capaces de entenderla, incluso tenía fervientes detractores, pero Einstein aparecía en primera página de los periódicos, viajaba por todo el mundo, y empezó a mostrar su cara más humanista. Se declaró un pacifista convencido, defendió la causa judía y realizó profundas reflexiones sobre las relaciones entre ciencia y religión. Poco a poco cultivó esa imagen de genio y se transformó en el icono de la ciencia que todos conocemos. Pero no se mantuvo inactivo científicamente.


Durante sus últimos 30 años de vida Einstein persiguió sin éxito un sueño, unificar su teoría de la relatividad con el electromagnetismo en una única teoría del todo que se pudiera aplicar a cualquier objeto, bajo cualquier condición posible. Hay quien dice que Einstein malgastó sus esfuerzos porque era una tarea demasiado ambiciosa para los conocimientos que se tenían del mundo atómico en esa época, pero de alguna forma sentó una búsqueda que todavía es el principal reto de la física teórica.


Los científicos actuales han recogido el testigo de Einstein y llevan años intentando conciliar la teoría de la relatividad, inexpugnable cuando se aplica a los objetos grandes, con la física cuántica, cuya precisión es absoluta en el mundo de lo más pequeño. La teoría de supercuerdas parece la candidata que más cerca está de conseguirlo. Pero de alguna forma la situación actual recuerda a la de poco más de un siglo atrás y con la que se encontró Einstein cuando pretendía unificar la física de Newton y la de Maxwell. Einstein se atrevió a decir que una de las dos era falsa, y lo demostró. En la actualidad ya hay gran número de científicos dudando sobre algunos aspectos de la teoría de la relatividad. Quien sabe si dentro de poco alguno de ellos conseguirá demostrar que Einstein también estaba equivocado, y vuelve a transformar nuestra imagen del mundo.


Autor: Pere Estupinyà
Fuente: Comunidad Smart (www.comunidadsmart.es)
¿Os habéis preguntado alguna vez si existe el derecho a leer? Si es así, no sois los únicos, el programador neoyorquino Richard Stallman ha hecho de esta cuestión una auténtica reflexión, que ha traspasado fronteras hasta convertirse en lo que es hoy: el movimiento del software libre.


Abanderando este eslogan, Stallman ha sido el artífice de una forma de vida en la que el libre acceso a la información, en general, y a los libros, en particular, es el objetivo. Para conseguir un software universal al alcance de todo el mundo, este profeta ha sentado las bases morales, ideológicas y políticas de un movimiento alternativo al software privativo.


Además de sacar a la luz el manifiesto GNU, mediante el que pretendía crear una alternativa libre al sistema operativo Unix, y el concepto de copyflet, una herramienta que permite licenciar cualquier software de tal forma que sea siempre libre en beneficio de todas las personas, Stallman escribió un artículo sobre “El derecho a leer” que ha dado la vuelta al mundo.


“El derecho a leer” se adelanta al futuro para relatar, a través de la piel de dos universitarios, el presentimiento de Stallman acerca de la privatización de la información. Exactamente, la narración se sitúa en el año 2047, fecha en la que para poder coger un libro en la biblioteca o consultar un simple artículo en internet es necesario pagar o disponer de las claves de acceso.


Con este pequeño cuento con final feliz, en el que las nuevas tecnologías son el punto de arranque, se pretende concienciar a los lectores de la importancia de impulsar software de carácter gratuito, para que la cultura llegue a cualquier rincón del mundo. El amor como hilo conductor ayuda a entender el mensaje: el derecho a leer es un derecho de todos y hay que tratar de cultivarlo para evitar que sólo unos pocos puedan disfrutar de él.

Fuente:
www.leergratis.com




EL DERECHO A LEER

Extraído de La ruta hacia Tycho, una recopilación
de artículos sobre los antecedentes de la Revolución Lunar,
publicado en Luna City, en el año 2096.



El camino hacia Tycho comenzó para Dan Halbert en la Facultad, cuando Lissa Lenz le pidió que le dejara su ordenador. El suyo se había averiado, y si no se lo dejaba alguien no podría terminar el proyecto semestral. Ella no se habría atrevido a pedírselo a nadie, excepto a Dan. Esto situó a Dan ante un dilema. Tenía que ayudarle, pero si le prestaba su ordenador, ella podría leer sus libros. Además de poder ir a prisión durante muchos años por dejar que alguien leyese sus libros, la misma idea de hacerlo le escandalizó al principio. Igual que a todo el mundo, le habían enseñado desde el parvulario que compartir los libros era repugnante y equivocado, algo que sólo haría un pirata. Y era muy probable que la SPA (Software Protection Authority, Autoridad para la Protección del Software) les cogiese. Dan había aprendido en su clase de software que cada libro tenía un chivato de copyright que informaba a la Central de Licencias de quién, dónde y cuándo lo leía. (Esta información se utilizaba para coger a piratas de la lectura, pero también para vender perfiles de intereses personales a comerciantes.) La próxima vez que su ordenador se conectase a la red, la Central de Licencias sería informada. Él, como dueño de un ordenador, podría recibir el castigo más severo, por no tomar medidas para prevenir el delito.


Por supuesto, podría ser que Lissa no quisiera leer sus libros. Podría querer el ordenador sólo para escribir su proyecto. Pero Dan sabía que ella era de una familia de clase media, y que a duras penas podía pagar la matrícula, y menos aún las cuotas de lectura. Puede que leer los libros de Dan fuese para ella la única forma de terminar los estudios. Sabía lo que era eso: él mismo había tenido que pedir un préstamo para poder pagar los artículos de investigación que leía. (El 10% de los ingresos por ese concepto iba a parar a los investigadores que habían escrito los artículos. Como Dan pretendía dedicarse a la investigación, tenía esperanzas de que algún día sus propios artículos, si eran citados frecuentemente, le proporcionarían el dinero necesario para pagar el préstamo.)


Más tarde Dan supo que había habido un tiempo en el que cualquiera podía ir a una biblioteca y leer artículos de revistas especializadas, e incluso libros, sin tener que pagar. Había estudiantes independientes que leían miles de páginas sin tener becas de biblioteca del Gobierno. Pero en los años noventa tanto los editores de revistas sin ánimo de lucro como los comerciales habían comenzado a cobrar cuotas por el acceso a sus publicaciones. Hacia el año 2047 las bibliotecas que ofrecían acceso libre a la literatura académica eran un recuerdo lejano.


Naturalmente había formas de engañar a SPA y a la central de Licencias.


Eran, por supuesto, ilegales. Dan había tenido un compañero en la clase de software, Frank Martucci, que había conseguido una herramienta legal de depuración y la había utilizado para saltarse el código del chivato de copyright cuando leía libros. Pero se lo había contado a demasiados amigos, y uno de ellos le delató a la SPA para obtener una recompensa (los estudiantes muy endeudados eran fácilmente tentados por la traición). En 2047 Frank estaba en la cárcel, no por practicar la piratería de la lectura, sino por poseer un depurador.


Dan supo más tarde que hubo un tiempo en el que cualquiera podía poseer herramientas de depuración. Incluso había herramientas de depuración libres, disponibles en CD, o en la red. Pero los usuarios normales comenzaron a utilizarlas para saltarse los chivatos de copyright, y llegó un momento en que un juez estimó que éste se había convertido en el principal uso de los depuradores. Esto provocó que pasasen a ser ilegales, y se encarcelara a quienes los desarrollaban. Naturalmente, los programadores aún necesitaban herramientas de depuración, pero en el año 2047 los vendedores de depuradores sólo distribuían copias numeradas, y únicamente a programadores con licencia oficial, y que hubiesen depositado la fianza preceptiva para cubrir posibles responsabilidades penales. El depurador que utilizó Dan en la clase de software estaba detrás de un cortafuegos especial para que sólo lo pudiese utilizar en los ejercicios de clase. También era posible saltarse los chivatos de copyright si se instalaba un kernel modificado. Más adelante, Dan supo que habían existido kernels libres, incluso sistemas operativos completos libres, hacia el fin del siglo anterior. Pero no sólo eran ilegales, como los depuradores, sino que no se podían instalar sin saber la contraseña del superusuario del sistema. Y ni el FBI ni el Servicio de Atención de Microsoft iban a decírtela.


Dan acabó por concluir que no podía dejarle el ordenador a Lissa. Pero tampoco podía negarse a ayudarle, porque estaba enamorado de ella. Le encantaba hablar con ella. Y el que le hubiera escogido a él para pedir ayuda podía significar que ella también le quería.


Dan resolvió el dilema haciendo algo aún más inimaginable: le dejó el ordenador, y le dijo su contraseña. De esta forma, si Lissa leía sus libros, la Central de Licencias creería que era él quién los estaba leyendo. Aunque era un delito, la SPA no podría detectarlo automáticamente. Sólo se darían cuenta si Lissa se lo decía.


Por supuesto, si la facultad supiese alguna vez que le había dicho a Lissa su propia contraseña, sería el final para ambos como estudiantes, independientemente de para qué la hubiese utilizado ella. La política de la Facultad era que cualquier interferencia con los medios que se usaban para realizar seguimientos del uso de los ordenadores por parte de los estudiantes era motivo suficiente para tomar medidas disciplinarias. No importaba si se había causado algún daño: la ofensa consistía en haber dificultado el seguimiento por parte de los administradores. Asumían que esto significaba que estabas haciendo alguna otra cosa prohibida y no necesitaban saber qué era.


Los estudiantes no solían ser expulsados por eso. Al menos no directamente. Se les prohibía el acceso al sistema de ordenadores de la Facultad, por lo que inevitablemente suspendían todas las asignaturas.


Posteriormente Dan supo que este tipo de política universitaria comenzó en la década de los ochenta del siglo pasado, cuando los estudiantes universitarios empezaron a utilizar masivamente los ordenadores. Anteriormente, las Universidades mantenían una política disciplinaria diferente: castigaban las actividades que eran dañinas, no aquéllas que eran simplemente sospechosas.


Lissa no delató a Dan a la SPA. La decisión de Dan de ayudarle les condujo al matrimonio, y también a cuestionarse las enseñanzas que habían recibido de pequeños sobre la piratería. La pareja comenzó a leer sobre la historia del copyright, sobre la Unión Soviética y sus restricciones para copiar, e incluso la Constitución original de los Estados Unidos. Se trasladaron a Luna City, donde encontraron a otros que también se habían apartado del largo brazo de la SPA. Cuando la sublevación de Tycho comenzó en 2062, el derecho universal a la lectura se convirtió en uno de sus objetivos principales.



Nota del autor: El derecho a la lectura es una batalla que se libra en nuestros días. Aunque pueden pasar 50 años hasta que nuestra forma de vida actual se suma en la oscuridad, muchas de las leyes y prácticas descritas en este relato han sido propuestas, ya sea por el gobierno de Clinton, en EEUU, o por las editoriales.


Sólo hay una excepción: la idea de que el FBI y Microsoft tengan (y oculten) la contraseña de administración de los ordenadores. Ésta es una extrapolación de las propuestas sobre el chip Clipper y otras propuestas similares de custodia de clave (key-escrow) del gobierno de Clinton, y de una tendencia que se mantiene desde hace tiempo: los sistemas informáticos se preparan, cada vez más, para dar a operadores remotos control sobre la gente que realmente utiliza los sistemas.


La SPA, que en realidad son las siglas de Software Publisher's Association (Asociación de Editores de Software), no es hoy día, oficialmente, una fuerza policial. Sin embargo, oficiosamente, actúa como tal. Invita a la gente a informar sobre sus compañeros y amigos. Al igual que el gobierno de Clinton, promueve una política de responsabilidad colectiva, en la que los dueños de ordenadores deben hacer cumplir activamente las leyes de copyright, si no quieren ser castigados.


La SPA está amenazando a pequeños proveedores de Internet, exigiéndoles que permitan a la SPA espiar a todos los usuarios.


Muchos proveedores se rinden cuando les amenazan, porque no pueden permitirse litigar en los tribunales. (Atlanta Journal-Constitution, 1 de octubre de 1996, D3.) Al menos un proveedor, Community ConneXion de Oakland, California, rechazó la exigencia y actualmente ha sido demandado. Se dice que la SPA ha abandonado este pleito recientemente, aunque piensan continuar la campaña por otras vías.


Las políticas de seguridad descritas en el relato no son imaginarias. Por ejemplo, un ordenador en una de las Universidades de la zona de Chicago muestra en la pantalla el siguiente mensaje cuando se entra en el sistema (las comillas están en el original en inglés): "Este sistema sólo puede utilizarse por usuarios autorizados. Las actividades de los individuos que utilicen este sistema informático sin autorización o para usos no autorizados pueden ser seguidas y registradas por el personal a cargo del sistema. Durante el seguimiento de individuos que estén usando el sistema inadecuadamente, o durante el mantenimiento del sistema, pueden ser seguidas también las actividades de usuarios autorizados. Cualquiera que use este sistema consiente expresamente ese seguimiento y es advertido de que si dicho seguimiento revela evidencias de actividad ilegal o violaciones de las ordenanzas de la Universidad, el personal a cargo del sistema puede proporcionar las pruebas fruto de dicho seguimiento a las autoridades universitarias y/o a los agentes de la ley."


Esta es una aproximación interesante a la Cuarta Enmienda de la Constitución de EEUU: presiona a todo el mundo, por adelantado, para que ceda en sus derechos.


Copyright (C) 1996 Richard Stallman. Se permite la copia literal siempre que se incluya esta nota. Este artículo apareció en el número de febrero de 1997 de Communications of the ACM (volumen 40, número 2). Traducido del original en inglés por Pedro de las Heras Quirós y Jesús M. González Barahona


el origen de la palabra 'Google' (buscador de Internet), se origina de la palabra Googol. Esta palabra fue inventada por un niño de 9 años para darle el nombre al número 10 elevado a la 100.

El matemático norteamericano Eward Kasner pidió en una ocasión a su sobrino de nueve años que inventara un nombre para un número muy grande: diez elevado a la 100, un uno seguido por cien ceros. El niño le llamó Googol. He aquí el número: 10 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000.

Hace años Carl Sagan (de quien publico un artículo en la entrada más abajo) lo explicó en su serie 'Cosmos' :
"Cada uno de nosotros puede hacer números muy grandes y darles nombres extraños. Intentadlo. Tiene un cierto encanto, especialmente si la edad de uno resulta ser nueve años".


De "El mundo y sus demonios"

En mi garaje vive un dragón que escupe fuego por la boca.


Supongamos (sigo el método de terapia de grupo del psicólogo Richard Franklin) que yo le hago a usted una aseveración como ésa. A lo mejor le gustaría comprobarlo, verlo usted mismo. A lo largo de los siglos ha habido innumerables historias de dragones, pero ninguna prueba real. ¡Qué oportunidad!


- Enséñemelo – me dice usted.


Yo le llevo a mi garaje. Usted mira y ve una escalera, latas de pintura vacías y un triciclo viejo, pero el dragón no está.


- ¿Dónde está el dragón? – me pregunta.


- Oh, está aquí – contesto yo moviendo la mano vagamente -. Me olvidé decir que es un dragón invisible.


Me propone que cubra de harina el suelo del garaje para que queden marcadas las huellas del dragón.


- Buena idea – replico –, pero este dragón flota en el aire.


Entonces propone usar un sensor infrarrojo para detectar el fuego invisible.


- Buena idea, pero el fuego invisible tampoco da calor.


Se puede pintar con spray el dragón para hacerlo visible.


- Buena idea, sólo que es un dragón incorpóreo y la pintura no se le pegaría.


Y así sucesivamente.

Yo contrarresto cualquier prueba física que usted me propone con una explicación especial de por qué no funcionará.


Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre un dragón invisible, incorpóreo y flotante que escupe un fuego que no quema y un dragón inexistente? Si no hay manera de refutar mi opinión, si no hay ningún experimento válido contra ella, ¿qué significa decir que mi dragón existe? Su incapacidad de invalidar mi hipótesis no equivale en absoluta a demostrar que es cierta. Las afirmaciones que no pueden probarse, las aseveraciones inmunes a la refutación son verdaderamente inútiles, por mucho valor que puedan tener para inspirarnos o excitar nuestro sentido de maravilla. Lo que yo he pedido que haga es acabar aceptando, en ausencia de pruebas, lo que yo digo.


Lo único que ha aprendido usted de mi insistencia en que hay un dragón en mi garaje es que estoy mal de la cabeza. Se preguntará, si no se puede aplicar ninguna prueba física, qué fue lo que me convenció. La posibilidad de que fuera un sueño o alucinación entraría ciertamente en su pensamiento. Pero entonces ¿por qué hablo tan en serio? A lo mejor necesito ayuda. Como mínimo, puede ser que haya infravalorado la falibilidad humana.


Imaginemos que, a pesar de que ninguna de las pruebas ha tenido éxito, usted desea mostrarse escrupulosamente abierto. En consecuencia, no rechaza de inmediato la idea de que haya un dragón que escupe fuego por la boca en mi garaje. Simplemente, la deja en suspenso. La prueba actual está francamente en contra pero, si surge algún nuevo dato, está dispuesto a examinarlo a ver si le convence. Seguramente es poco razonable por mi parte ofenderme porque no me cree; o criticarle por ser un pesado poco imaginativo... simplemente porque usted pronunció el veredicto escocés de "no demostrado".


Imaginemos que las cosas hubiesen sido de otro modo. El dragón es invisible, de acuerdo, pero aparecen huellas en la harina cuando usted mira. Su detector de infrarrojos registra algo. La pintura de spray revela una cresta dentada en el aire delante de usted. Por muy escéptico que se pueda ser en cuanto a la existencia de dragones – por no hablar de seres invisibles – ahora debe reconocer que aquí hay algo y que, en principio, es coherente con la idea de un dragón invisible que escupe fuego por la boca.


Ahora otro guión: imaginemos que no se trata sólo de mí. Imaginemos que varias personas que usted conoce, incluyendo algunos que está seguro que no se conocen entre ellas, le dicen que tienen dragones en sus garajes... pero en todos los casos la prueba es enloquecedoramente elusiva. Todos admitimos que nos perturba ser presas de una convicción tan extraña y tan poco sustentada por una prueba física. Ninguno de nosotros es un lunático. Especulamos con lo que significaría que hubiera realmente dragones escondidos en los garajes de todo el mundo y que los humanos acabáramos de enterarnos. Yo preferiría que no fuera verdad, francamente. Pero quizás todos aquellos mitos europeos y chinos antiguos sobre dragones no eran solamente mitos...


Es gratificante que ahora se informe de algunas huellas de las medidas del dragón en la harina. Pero nunca aparecen cuando hay un escéptico presente. Se plantea una explicación alternativa: tras un examen atento, parece claro que las huellas podían ser falsificadas. Otro entusiasta del dragón presenta una quemadura en el dedo y la atribuye a una extraña manifestación física del aliento de fuego del dragón. Pero también aquí hay otras posibilidades. Es evidente que hay otras maneras de quemarse los dedos además de recibir el aliento de dragones invisibles. Estas "pruebas", por muy importante que las consideren los defensores del dragón, son muy poco convincentes. Una vez más, el único enfoque sensato es rechazar provisionalmente la hipótesis del dragón y permanecer abierto a otros datos físicos futuros, y preguntarse cuál puede ser la causa de que tantas personas aparentemente sanas y sobrias compartan la misma extraña ilusión.

El empleo de las alineaciones estelares es el método más usado por los observadores para localizar objetos con el telescopio y prismáticos. Lo primero será saber cómo orientarse.

Para interpretar las cartas celestes hay que saber dónde caen el norte y el sur. En el hemisferio boreal basta buscar la estrella Polar (Polaris). La Polar no es el astro más brillante, pero sí la estrella brillante más cercana al polo norte celeste y, por tanto, marca la dirección del norte verdadero. El hemisferio austral carece de una estrella equivalente a la Polar, pero puede identificarse el rumbo sur si se usa la Cruz del Sur (Crux), que señala hacia el polo sur celeste.


Cómo encontrar el polo norte celeste:


En el hemisferio boreal hay que localizar el Carro de la Osa Mayor. Después se traza la línea que une las dos estrellas del Carro más alejadas de la “lanza” (o “cola” de la osa). Al prolongar esta línea se llega a la estrella Polar, junto al polo norte celeste.



LA REGIÓN CIRCUMPOLAR BOREAL


En Mayo, sobre las 23:00 h., orientado hacia el Norte, la Osa Mayor (Ursa Major) se mantiene bastante alta en posición invertida, y sus dos “punteros” (las estrellas opuestas a la cola) señalan hacia la Polar (Polaris) y la Osa Menor (Ursa Minor). Desde un lugar de observación en el campo puede llegar a distinguirse la débil figura del Dragón (Draco) serpenteando entre las dos Osas.


Este recorrido boreal se centra sobretodo en las constelaciones de la Osa Mayor y la Osa Menor, que ofrecen multitud de tesoros celestes observables. Las dos Osas corresponden, en la mitología griega, a la bella Calisto y a su hijo Árcade, a quienes Hera transformó en osos movida por los celos. El esposo de Hera y amante de Calisto, Zeus, el rey de los dioses, los hizo inmortales y los colocó en los cielos.


En la siguiente imagen se presenta el recorrido por la región circumpolar boreal. Tendrás que pulsar la imagen para ampliarla. Cada uno de los puntos del recorrido está marcado con un número, y su descripción se muestra más abajo en esta misma entrada.


Pulsa en la imagen para ampliar


1. Estrella Polar (Polaris Alfa, [
a] Ursae Minoris)
La Polar es una variable cefeida 46 veces mayor que el Sol y que dista 432 años luz. Con telescopio se aprecia una compañera débil (mag. 9.0) y azulada separada de la Polar 18 segundos de arco.

2. Mizar y alcor (zeta [
z] y 80 Ursae Majoris) Mizar es la estrella central de las tres que forman el pértigo del Carro en la Osa Mayor. A simple vista se distingue una estrella débil, Alcor, justo encima de ella. Los prismáticos permiten separarlas con facilidad, pero el telescopio muestra que Mizar posee otra compañera, una estrella de mag. 4 llamada Mizar B y situada a 14 segundos de arco.
3. Cor Caroli (alfa [a] Canum Venaticorum)
Recibió el nombre, que significa “el Corazón de Carlos”, en honor al rey Carlos III de Inglaterra. Se trata de una doble que se separa fácilmente con cualquier telescopio en una gema azulada de mag 2.9 y una joya amarillenta de mag 5.5, separadas por 20 segundos de arco. 4. 47 Ursae Majoris
En 1996 se descubrió que esta estrella amarilla semejante al Sol posee un planeta con una masa como mínimo 2.6 veces la de Júpiter (se trata posiblemente de un gigante gaseoso) con un período orbital de tres años. 5. M51, galaxia Remolino (NGC 5194) Descrita por primera vez por el conde de Rosse en 1845. La galaxia remolino es, tal vez, la galaxia espiral más bella del cielo. 6. M81 (NGC 3031) y M82 (NGC 3034) Para encontrarlas hay que trazar una línea desde gamma [g] hasta alfa [a] Ursae Majoris, y luego prolongar esa línea hacia el norte. 7. M108 (NGC 3556) y M97, nebulosa de la Lechuza (NGC 3587) Este par de objetos mucho más débiles se halla por debajo de la caja del Carro, cerca de Merak (beta [b] Ursae Majoris). M97, la nebulosa de la Lechuza, es una planetaria cercana, la envoltura expulsada por una estrella vieja. A una distancia equivalente a la amplitud del campo de visión observando con pocos aumentos, se encuentra una galaxia espiral lejana vista de canto, la M108. La imagen se obtenido con el programa "Stellarium" Fuente: "Astronomía, guía del cielo nocturno" - R.Burnham, A.Dyer, J.Kanipe
En el Universo existen cuatro fuerzas fundamentales: la gravedad, la electromagnética, la fuerza nuclear fuerte y la fuerza nuclear débil.

La teoría de la Relatividad de Einstein consigue explicar una de ellas, la gravedad.

La Mecánica Cuántica explica las otras tres.


La diferencia entre ambas teorías es que la Relatividad explica lo que sucede con cuerpos masivos o muy grandes, como el propio Universo, mientras que la Teoría Cuántica describe qué sucede con objetos muy pequeños, como los átomos. Sin embargo, ambas teorías parecen excluyentes, aunque han sido corroboradas experimentalmente. El objetivo de la física es la unificación de ambas teorías, una teoría que explique conjuntamente las cuatro fuerzas, y aquí es donde aparece la Teoría supersimétrica de cuerdas.


En la Teoría de cuerdas, los objetos básicos no son partículas que ocupan un solo punto en el espacio, sino cuerdas unidimensionales. Sus cabos pueden estar sueltos o unidos, formando bucles cerrados.

Tal como las cuerdas de un violín, las de la teoría de cuerdas presentan ciertas figuras de vibración, o frecuencias resonantes, cuyas longitudes de onda se adaptan de forma precisa en ambos extremos.

Pero así como las diferentes frecuencias resonantes de un violín dan origen a diferentes notas musicales, las diferentes oscilaciones de una cuerda dan lugar a diferentes masas y cargas de fuerza, que son interpretadas como partículas fundamentales. En grandes líneas, cuanto menor es la longitud de onda de la oscilación, mayor es la masa de la partícula correspondiente.

Según esta teoría, todo lo que existe en el Universo está formado por unas cuerdas vibrantes infinitesimalmente pequeñas. Estas cuerdas, cien trillones de veces más pequeñas que un protón, vibran. Y cada modo de vibración corresponde con una partícula distinta.

Esta teoría tiene hoy en día una versión más elaborada, llamada Teoría M, que afirma que existen 11 dimensiones.

Fuente: El Universo en una cáscara de nuez - S.Hawking

El dedo anular crece más en los hombres cuanto mayor sea la cantidad de testosterona.


Nuestras manos son testimonio de los flujos hormonales en la etapa fetal. La medida de los dedos anular e índice es un indicador del grado de exposición a la testosterona del feto. Una mayor exposición a la testosterona se refleja en un dedo anular más largo que el índice, una menor exposición a la testosterona se refleja en unos dedos anular e índice más igualados.


Existen cada vez más pruebas de que este cociente digital está relacionado con factores de recuento de esperma, por ejemplo: en los hombres que tienen un anular más largo (un cociente digital más pequeño), el recuento de esperma es mayor. También está relacionado con la capacidad atlética: especialmente en los corredores. Casi se puede predecir quién ganará una carrera observando el cociente digital. Un investigador que sabía interpretar este cociente fue capaz de señalar, antes de empezar la carrera, quién iba a ganarla. De manera que el crecimiento de este cociente digital guarda relación con muchas características masculinas.



Fuente: Cara a cara con la vida - E.Punset

Recientemente uno de mis amigos, un genio de las computadoras, me visitó. Mientras hablabamos le mencioné que había instalado Windows Vista en mi PC y que estaba muy contento con este sistema operativo. También le enseñé el CD de Windows Vista y para mi sorpresa, me lo arrebató y lo metió en el horno microndas y encendió el horno. Me asusté mucho, porque el CD se había transformado en un tesoro para mí, pero me dijo tranquilamente:

-No te preocupes, no se dañará.

Después de unos minutos sacó el CD y me lo dió diciéndome:

-Míralo muy de cerca.

Para mi sorpresa el CD estaba frío y era más pesado que antes. Al principio no pude ver nada, pero después ví en la orilla del agujero central una inscripción; la inscripción más fina que yo haya visto en mi vida. La inscripción brillaba penetrantemente, pero a la vez muy remota, como sí viniera de una gran profundidad:

56E20532E4F2E207061726120676F6265726E61726C6F73206120746F646F732C20
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- No entiendo eso- dije.

- No -me contestó-, pero yo sí. Las letras son dígitos hexadecimales, de una antigua escritura, pero el lenguaje es el de Microsoft, que no pronunciaré aquí. En español común significa:

Un sistema operativo para gobernarlos a todos, un sistema operativo para encontrarlos, un sistema operativo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas.

Lo importante de la ciencia-ficción es lo que la hizo nacer: la percepción del cambio a través de la tecnología. Lo que la hace importante no es que se prediga este cambio en particular o aquel otro: es que predice el cambio.” Son palabras de Isaac Asimov, uno de los mayores autores de ciencia-ficción.


Cuando Julio Verne envió un hombre a la Luna faltaban aún 113 años para que el proyecto contenido en las páginas de su novela se hiciera realidad. Aldous Huxley imaginó la fabricación de individuos en serie antes de que la ingeniería genética apareciera en el mundo moderno. H.G.Wells escribió sobre las bombas atómicas mucho antes de que su utilización fuera una realidad. Y podríamos seguir, porque la ciencia-ficción ha tenido en numerosas ocasiones una puntería asombrosa. Todo se ha descubierto ya ... en la imaginación. Lo sorprendente es que muchos de esos descubrimientos se han convertido en realidad, y otros, están catalogados como posibles.


No podría hablarse de ciencia-ficción mientras no hubiera una ciencia en la que basarse para crear narraciones. Aunque hubo precursores como Frankenstein de Mary W. Shelley (1818), el nacimiento de la ciencia-ficción se produjo con la Revolución Industrial y su transformación tecnológica. Era sólo cuestión de tiempo que alguien llevara los avances que se produjeron entonces a la literatura. El primero fue Julio Verne, que decidió tomar la ciencia como tema principal de su primera novela, Cinco semanas en globo (1836). Esta novela sienta los precedentes del género: coger un tema de actualidad y dar un paso adelante. Fíjese, por ejemplo, que los viajes a la Luna han desaparecido de la ciencia-ficción después de la llegada del Apolo XI. ¿Cómo iban a seguir escribiendo sobre selenitas una vez que se descubrió que en la Luna no había ningún tipo de vida? En las historias sobre viajes espaciales tampoco se habla ya apenas de nuestros planetas más cercanos.


De todos los aspectos que trata la ciencia-ficción, el que se ha tenido más tino es el que se ha ocupado del futuro de la humanidad... por desgracia. Y es que los porvenires que se nos presentan no son demasiado atractivos. La pobreza y superpoblación están presentes en películas como Blade Runner, basada en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick, donde los ricos viven en colonias espaciales mientras que los marginados se apiñan en las grandes ciudades; en la novela Make Room! Make Room!, la superpoblación es tan grave que a las masas hambrientas se les alimenta con unas galletas fabricadas (en secreto) con cadáveres humanos. En la Fuga de Logan la gente vive en ciudades donde el placer está al alcance de todos y el trabajo casi ni se conoce. Lo malo es que hay que morir a cierta edad (21 años en la novela, 30 en la película) para que la población no se multiplique.


En un mundo feliz, de Aldous Huxley, los seres humanos son fabricados en laboratorios y destinados a una clase social determinada, a la que están muy satisfechos de pertenecer. Mucho más horrible es el panorama descrito por George Orwell en 1984. Aquí hay un gobierno dictatorial y los ciudadanos no son felices, pero ni siquera pueden pensar en que no lo son. El sistema de vigilancia en que se los somete controla todas sus emociones. Pensemos ahora en los medios de control que existen en nuestros días: control de usuarios en internet, satélites espías, teléfonos pinchados, videocámaras incluso en los balcones de ayuntamientos para que cualquiera pueda ver por internet lo que hacen sus vecinos, etc.


La ciencia-ficción se ha mostrado a veces muy exacta a la hora de predecir el futuro; en otras ocasiones ha cometido errores de bulto. Pero esperemos que, sea como sea la vida en los próximos siglos nunca se cumpla lo que Fredric Brown contaba en su relato Answer (respuesta): los científicos crean una supercomputadora que reúne toda la información contenida en la historia de la humanidad, conectada con todas las demás computadoras existentes en el universo. El día de su puesta en marcha, en medio de una gran expectación, la primera pregunta que se le plantea es: "¿Hay un Dios?" Al instante, la máquina se autoprograma de modo que nadie, jamás, sea capaz de desconectarla, y sólo entonces da la respuesta:


"Ahora, sí".





Hace ya tiempo escuché una entrevista en Televisión Española donde Jean-Marc Jancovici, ingeniero francés experto en problemas de cambio climático, exponía sus teorías sobre futuribles crisis energéticas. De todo lo que contó en la entrevista me llamó especialmente la atención lo referente al empleo de la energía solar. Jancovici venía a decir que los dos usos más eficientes que podemos darle a esta es, por un lado, calentar espacios – orientar las ventanas como es debido, construir las casas muy aisladas, arquitectura inteligente en definitiva – y por otro obtener electricidad del sol. Pero esta energía no la obtendríamos con los paneles fotovoltaicos que empleamos hoy en día, sino a través de lo que se llama energía solar de concentración, utilizando unos grandes espejos que sirvan para calentar un líquido, que sirva a continuación para alimentar un generador de vapor como en una central térmica clásica. Y quizá lo más interesante es que estos generadores se podrían disponer en las zonas tropicales, sobretodo en aquellos países en vías de desarrollo.


Hace tan solo unas semanas escuché por la radio que se había inaugurado en las afueras de Sevilla una nueva planta de energía solar y térmica, empleando este mismo método de concentración. La empresa en cuestión se llama Solúcar, y es la primera planta solar en Europa que comercializa la energía que produce con espejos. Su intención es generar energía suficiente para llegar a satisfacer las necesidades energéticas de los habitantes de Sevilla capital. Actualmente produce unos 11 mw de electricidad, sin generar ningún tipo de gases contaminantes.



Todavía resulta caro obtener este tipo de energía, pero al igual que ocurrió con la energía eólica, los costos van disminuyendo al ir avanzando el desarrollo tecnológico.

¿Será esta realmente la energía del futuro?

Fuente:
http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/science/newsid_6619000/6619095.stm

¿Puede un despistado cambiar la historia? A Tim Berners-Lee la preocupación por encontrar un sustituto para la memoria le llevó a crear un sistema de información al que bautizó con el nombre de World Wide Web (gran telaraña mundial) y que hoy se reconoce como el más vasto y democrático medio de comunicación existente.


El cerebro humano almacena sus recuerdos de manera aleatoria. Hay quien piensa en una persona que no ve desde hace años al oler un perfume por la calle, o quien recuerda que se dejó el gas encendido cuando le piden fuego. Reflexionando sobre este imprevisible funcionamiento del cerebro, Berners-Lee, un físico inglés dedicado a la informática, pensó en crear un sistema de software que emulase esa estructura de caprichosos saltos mentales. Su intención era construir un sistema interconectado a imitación del neuronal. Así, el despiste de Berners-Lee, quien reconoce que olvida con facilidad los nombres y las caras, le llevó a intentar producir un modelo de software que supliese su deficiente memoria.


Sus antecedentes se habían ya fijado; en 1945 se empezó a pensar en crear programas que permitieran un rápido acceso a la información, realizando enlaces (links) entre diversos contenidos y recorridos. El término hipertexto había sido acuñado en 1965.


Pero del hipertexto no se había extraído todo su jugo, porque sólo se podían establecer enlaces entre archivos residentes en una única base de datos.


En opinión de Berners-Lee, para enriquecer la información no había que intentar centralizarla, sino dispersarla, para unir puntos diversos cuyos contenidos se complementaran.


La oportunidad de poner en práctica sus ideas llegó cuando estaba trabajando como asesor informático en el CERN, el gran laboratorio de física de partículas en Ginebra. Este centro tiene sus distintas sedes a lo largo de la frontera franco-suiza y colaboradores desperdigados por los cinco continentes. “Pensé que sería mucho más fácil si toda la gente que siempre me estaba preguntando cosas pudiera sencillamente leerlas en mi base de datos; y también que para mí sería mejor saber lo que ellos hacían, leyendo su información en su base de datos”.


El informe de Berners-Lee ya apuntaba algunas de las que serían las dos características claves de la WWW: un sistema hipermedia, donde la información podía tomar forma de texto, gráfico o video y cuyos enlaces tuvieran un alcance global.


A Berners-Lee le están preguntando todo el día por qué no se ha hecho rico con Internet. El fulminante éxito de la WWW, que se comenzó a intuir en 1993 con la aparición de los primeros navegadores y culminó en 1995 con la llegada del Netscape Navigator, no parece haberle tocado demasiado. Le ha permitido eso sí trabajar en el mítico MIT. Pero poco más.


¿No se dio cuenta de hasta dónde iba a llegar su invento? Evidentemente resultaba difícil de prever, pero es que, además, ganar dinero con la Web hubiera significado sacrificar su espíritu e hipotecar su desarrollo, ya que la empresa propietaria de la tecnología sólo habría estado dispuesta a compartirla previo pago y no habría conseguido universalizarse como ahora.


Berners-Lee pone un ejemplo, sin mencionar nombres, pero apuntando a alguna compañía de software: “Si la Web fuera propietaria de una empresa, todo el mundo tendría que esperar a que el departamento de investigación de ella produjera la siguiente versión de su navegador, y esto no sería bueno. Para que algo como la Web exista y se expanda, tiene que basarse en estándares públicos y gratuitos. La red no debe tener dueño”.


Con esta filosofía, Berners-Lee se ha convertido en un filántropo de la era digital, que cree en las últimas ventajas de la cooperación mundial a través de la tecnología.
- Esta entrada va especialmente dedicada a mis amigos roleros de la "Sagrada Orden de Hospi" http://www.dungeonsdragons.es ..... y al Dagon Raven de Palma -

Noticia publicada en diciembre de 2006

El Museo Valenciano de Historia Natural ha comunicado el hallazgo de un nuevo animal prehistórico en el norte de Castellón, el Gollumjapyx smeagol, un dipluro bautizado así en honor a Sméagol, el hobbit que en El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien fue esclavizado por el Anillo Único y era conocido por el nombre de Gollum. El descubrimiento, según el museo, se produjo hace unas semanas durante unas exploraciones junto a miembros de la Universidad de Alcalá. El equipo decidió ponerle ese nombre, ya que Gollum "se transformó por el anillo en una criatura subterránea". Supone "el alumbramiento de una nueva especie y de un nuevo género". El animal pertenece al orden de los dipluros, invertebrados artrópodos con menos de mil especies en el mundo. Fue encontrado en seis grutas de una zona castellonense con sierras calcáreas de poca altitud, desde el norte de Castellón hasta la desembocadura del Ebro. El 'Gollumjapyx smeagol' mide más de dos centímetros de longitud, tiene tres pares de patas, casi es transparente y tiene aspecto de insecto: "uno de los mayores depredadores que se conocen del medio subterráneo europeo".





El coordinador de la investigación comentó: "hay cierta tradición en dedicar a las especies de la fauna subterránea el nombre de algún ser mitológico, y a este queríamos inmortalizarlo así, pero como la mitología griega y romana están muy manidas, recurrimos a la mitología contemporánea"

La verdad es que mirando la foto, no sé, le encuentro el parecido. Ya me lo imagino diciendo "Mi tessoro, tú eres mío, ssólo mío !"

Fuente: Sociedad Tolkien Española http://www.dor-lomin.org/
Se cuenta que en los años 20 cuando Albert Einstein empezaba a ser conocido por su teoría de la relatividad, era con frecuencia solicitado por las universidades para dar conferencias. Dado que no le gustaba conducir y sin embargo el coche le resultaba muy cómodo para sus desplazamientos, contrató los servicios de un chófer.


Después de varios días de viaje, Einstein le comentó al chófer lo aburrido que era repetir lo mismo una y otra vez.

"Si quiere", le dijo el chófer, "le puedo sustituir por una noche. He oído su conferencia tantas veces que la puedo recitar palabra por palabra."

Einstein le tomó la palabra y antes de llegar al siguiente lugar, intercambiaron sus ropas y Einstein se puso al volante. Llegaron a la sala donde se iba a celebran la conferencia y como ninguno de los académicos presentes conocía a Einstein, no se descubrió el engaño.

El chofer expuso la conferencia que había oído a repetir tantas veces a Einstein. Al final, un profesor en la audiencia le hizo una pregunta. El chófer no tenía ni idea de cual podía ser la respuesta, sin embargo tuvo un golpe de inspiración y le contesto:

"La pregunta que me hace es tan sencilla que dejaré que mi chófer, que se encuentra al final de la sala, se la responda".
Para emular las funciones lógicas del cerebro humano se requiere la increíble cifra de diez trillones de operaciones aritméticas por segundo. Pero aunque se lograra comprimir en un chip tanta capacidad de cálculo, una inteligencia artificial (IA) que quisiera pensar debería interactuar con todos los hechos de la vida cotidiana, enfrentar la experiencia de vivir cada segundo en una astronómica cifra de combinaciones.

El físico Roger Penrose opina que la inteligencia artificial no será factible a causa del Teorema de Gödel , según el cual ningún sistema puede describirse a sí mismo. Y una máquina programada por seres humanos estará necesariamente limitada por los axiomas o verdades que le han incorporado éstos, entanto que nosotros los humanos podemos describir verdades y conceptos totalmente inesperados.

Alan Turing, el más importante de los teóricos de la informática, arregla el problema introduciendo en la máquina el concepto de paradoja, la posibilidad de equivocarse en ocasiones. La lógica borrosa (fuzzy logic) cumplen parte de esta premisa al incluir el "puede ser" entre los términos absolutos "sí" y "no". Gracias a ella se han creado microchips para ascensores, trenes, videocámaras y electrodomésticos como lavadoras.

La propuesta del profesor David Michie, de la universidad británica de Edimburgo, resulta todavía más fantástica. Esta es su receta particular: proporcionemos a los ordenadores algún tipo de religión y mecanismos para mentir y la inteligencia artificial surgirá por sí misma.
El manuscrito Voynich es un volumen de 15x27 cm, sin cubierta, y del que se han perdido unas 28 páginas. El texto, iluminado de azul, amarillo, rojo, castaño y verde, presenta mujeres desnudas, diagramas, plantas imaginarias y una escritura que parece medieval vulgar. Sin embargo, está escrito en una clave que, aunque aparentemente simple, nadie ha descubierto. Atribuido al filósofo y científico Roger Bacon (1220-1292), algunos asocian al espía, sabio y brujo John Dee (1527-1608) con el misterio Voynich. Según cuenta la leyenda, Dee era capaz de invocar a unos seres inmateriales que llamó "ángeles". Estos le transmitieron unos supuestos conocimientos superiores en una lengua totalmente extraña que bautizó con el nombre de "enoquiana". La mayor parte de sus notas han desaparecido, lo que ha contribuido a aumentar el misterio.





Lo cierto es que el manuscrito Voynich aparece en 1666 cuando el Rector de la Universidad de Praga lo envía al jesuita y criptógrafo Atanasio Kircher, que no logra descrifrarlo. Después lo estudia un checo llamado Johannes Tepenecz, que tampoco lo consigue. Hastiado, lo entrega auna biblioteca jesuita.

El manuscrito desaparece hasta 1912, cuando el anticuario Wilfred Voynich lo compra a un colegio jesuita de Italia. Voynich lo lleva a EEUU, donde diversos estudiosos lo analizan sin éxito. En 1921, el criptógrafo W.R.Newbold, de la Universidad de Pennsylvania, afirma que ha descubierto una clave que, curiosamente, dice haber perdido. William F. Friedman, considerado el mejor criptoanalista de todos los tiempos y padre de la criptografía norteamericana, se ocupa del asunto en la década de los 50. Para él se trata de un mensaje cifrado en una lengua artificial.

Tras la muerte de Voynich en 1930, sus herederos lo venden a un librero llamado Kraus. En la actualidad, se encuentra en la biblioteca de Libros Raros Beinecke, de la Universidad de Yale, y una copia en la colección de manuscritos de la Biblioteca del Museo Británico.